jueves, 16 de julio de 2026

Monos con pistola

    En la cumbre de la OTAN/NATO celebrada recientemente en Ancara, la capital de Turquía, el presidente turco obsequió a los líderes participantes con un polémico -nunca mejor dicho en el sentido etimológico del término- regalo de despedida: un revólver Sarslimaz SR 38 de fabricación nacional, que puede utilizar munición .38 Special y .357 Magnum,  grabado con el nombre propio de cada gerifalte en el cañón, y de ese modo por lo tanto personalizado, con la munición real de seis verídicas balas. El arma fue entregada en una caja de madera con la bandera turca y el logotipo de la Alianza Atlántica. El regalito iba acompañado de una nota a modo de salvoconducto que eximía al arma de los controles habituales de exportación de armamento. 
 
  Imagen creada con IA, ChatGPT
 
    ¿Qué pinta un líder mundial de la Alianza Atlántica con una pistola y seis balas? Ninguno sabía muy bien qué hacer con el revólver, bien no aceptarlo -lo que sería un descortesía diplomática- o bien llevárselo a su país y guardarlo en el armero o armario para, cuando sea menester, liarse a tiros en el frente ucraniano contra el déspota ruso en defensa de la sacrosanta unidad y seguridad de la Unión Europea, o bien, lo mismo que haría uno de nuestros ancestros los primates, un mono o gorila, disparar sin ton ni son a trochemoche hasta agotar la munición.   No puede hacerse ningún buen uso de las armas salvo no usarlas, un armisticio permanente. Con las armas, aunque parezca que no es así, el tiro sale siempre por la culata...  Las armas de fuego, cuanto más lejos mejor. 
 
    El líder polaco acaso temió que pudiera pasar algo parecido a lo que le sucedió hace cuatro años a su jefe de policía, que trajo de Ucrania un lanzagranadas antitanque que había recibido allí como regalo diplomático del presidente ucraniano. El artefacto hizo -las armas las carga el diablo- lo que mejor sabía hacer: explotar en su oficina, causándole heridas leves y provocando graves daños en la sede de la policía de Varsovia. 
 
      
    La pregunta que se repetían los participantes en dicha cumbre era por qué recibían un regalo semejante. Si bien es muy común que los jefes de Estado se agasajen intercambiando diversos obsequios durante reuniones o cumbres, tales como piezas de cerámica, productos gastronómicos locales, objetos típicos del país o cosas similares, los intercambios de armas de fuego en perfecto estado de funcionamiento no son precisamente algo común y corriente. En el caso que nos ocupa, además, no se trata precisamente de una pieza de museo, y no hay que olvidar que el gatillo está llamando siempre al dedo para que lo apriete.
 
Imagen creada con IA, Grok 
 
    El anfitrión de la cumbre de la NATO/OTAN, que era el presidente turco, cuyo nombre propio importa poco, no iba a regalar caramelos a los participantes. Su pretensión era demostrar a los aliados la pujanza de la industria armamentística de su país. El obsequio, sin embargo, ha resultado incómodo para algunos dirigentes. El primer ministro británico explicó a la prensa que dejó su pistola en Ancara para no infringir las estrictas leyes del Reino Unido sobre control de armas de fuego. No hizo así el jefe del ejecutivo español, que es más "de armas tomar" y se lo trajo para España. Fuentes del Gobierno señalaron que el regalo se encontraba custodiado por el Ministerio de Interior, encargado de inutilizarlo para a continuación inventariarlo y almacenarlo. 

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