sábado, 4 de julio de 2026

Estelas de condensación

Si alguien te dice “Vas a morir mañana», y al día siguiente te mata, su predicción se ha verificado, pero no era una profecía, sino el anuncio de una ejecución. 
 
 
 El periodismo, Cioran dixit, nunca va a la esencia de las cosas o meollo del asunto, anda siempre por las ramas, yéndose por los cerros de Úbeda, merodeando.
 
Profecías ex eventu: Son el clásico truco de los falsos profetas (y todos lo son: falsos) que hacen sus vaticinios después de que el suceso se haya producido.
 
Los chatbots o robots que dan conversación son cómodos interlocutores con los que puedes charlar de todo, a sabiendas de que nunca van a llevarte la contraria.
 
¿Cómo será el mundo dentro de cien años? No lo sabemos porque no hay datos. Pero hay una agenda interesada y programada cuya realización depende de nosotros.
 
¿Cómo alguien puede tener “una visión de futuro” cuando el porvenir, siempre a punto de venir y nunca viene, es errático, aleatorio e impredecible por esencia?
 
Cuando usas tecnología digital, la tecnología te utiliza recíprocamente a ti, aprovechando el rastro de tus datos, las pisadas que dejas y perduran en la arena.
 
Siguiendo nuestras búsquedas y pesquisas. San Gúguel, ha construido una imagen precisa y exacta de nuestras opiniones, gustos, formas de pensar y personalidad.
  
Mientras buscas datos sobre lo que más te interesa, San Gúguel, que de santo tiene bien poco, recopila por su parte datos y más datos sobre ti y tus intereses.
 
Lo mejor que se puede hacer en un think-tank o laboratorio de ideas donde el pensamiento se estanca, es una brain-storm que sacuda y zarandee todas las ideas.
 
Los gigantes informáticos explotan nuestra personalidad, que conocen mejor que nosotros mismos, para decirnos lo que queremos oír y lo que quieren que seamos.
 
Hay cosas que incluso en las sociedad más capitalista dicen que no están a la venta: sobre todas las cosas, las personas, pero es más un deseo que una realidad.

Hemos monetizado el concepto del tiempo (time is money, y viceversa), un tiempo mercantil en el que existimos pero no vivimos; un producto más que consumimos.

No quedan tan lejos los tiempos del bozal, según la expresión popular de lo que el discurso oficial denominaba 'mascarilla' y era, además, de uso obligatorio. 

El cartel que dice “usted se encuentra aquí”, señalando un punto concreto en un plano, pretende meternos, cartografiados, en el mapa, sacándonos del territorio. 

  
  
Navegar no es seguir necesariamente una ruta predeterminada, sino trazar un rumbo al albur, quizá a la deriva, una vez que hemos desechado la brújula y el mapa.

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