jueves, 2 de abril de 2026

Pareceres CVI

517.- ¿Volver a la Luna?  La NASA, National Aeronautics and Space Administration, que es la agencia espacial de los Estados Unidos retransmitió urbi et orbi el 20 de julio de 1969 que Neil Amstrong era el primer hombre que había puesto el pie en la Luna. Y ahora sigue empeñada en su afán enfermizo de dominar el espacio y de colonizar nuestro satélite a fin de enviar periódicamente ejemplares humanos a habitarla, y de paso distraernos de la rabiosa actualidad ofreciéndonos nuevos contenidos. Espera la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio instalar en el futuro que ya está amueblando para la próxima década varias bases habitables en la superficie lunar donde puedan permanecer los astronautas. La novedad es que la expedición actual va a explorar la cara oculta de la Luna, lo que nadie ha visto todavía, donde no hay comunicación con la Tierra, ni güifi ni cobertura. Por eso envían a cuatro astronautas bajo la advocación de Ártemis, hermana gemela de Apolo, que incluye por primera vez entre los tripulantes a una mujer para dejar su huella de género. La Humanidad va hacia la Luna, dice un periódico haciendo historia, cincuenta y cuatro años después, y otro celebra el exitoso despegue de la nave que "marca el regreso del ser humano a la órbita lunar". Pero no se puede volver a donde nunca se ha ido ni estado.
 
 
518.- El báculo y la mano. Citaba Giorgio Agamben al profeta Isaías en su columna Il bastone e la mano, que dice así: ¿Pero y por ventura se gloriará la segur contra el que corta con ella, o se ensoberbecerá la sierra contra el que la mueve? Eso es como si se levantase la vara contra el que la maneja, o se envaneciese el bastón, que al cabo no es más que un palo. (Isaías, X, 15) Y comenta cómo las palabras del profeta describen exactamente lo que está ocurriendo hoy en día: los dispositivos tecnológicos son el bastón que pretende dirigir, y de hecho, dirige a quien lo maneja, o, más bien, a quien cree manejarlo. Incapaces de dominar las herramientas que hemos creado, renunciamos a pensar, dice Agamben, y nos sometemos al bastón que se nos ha escapado de las manos. Parece absurdo que un instrumento se rebele contra su creador: el hacha, la sierra o el bastón son herramientas, metáforas de nuestra tecnología, que nos instrumentalizan, parece mentira pero no lo es, a sus usuarios. Es lo que sucede con nuestros dispositivos, que, estando a nuestra disposición, disponen de nosotros. 
 

 519.- Descubriendo el Mediterráneo. La feminista y abogada experta en sistema penitenciario, género y derechos humanos, Alicia Alonso Merino escribe en “Prisiones binarias, violencias reales” que las cárceles están estructuradas sobre una división binaria: prisiones “masculinas” y “femeninas”, y que esa clasificación ignora la existencia de identidades trans y no binarias, a las que somete a una violencia estructural considerable. Pero la existencia de las cárceles supone de por sí una “violencia estructural constante”, independientemente de que sean binarias o no binarias. Las cárceles existen para que los que estamos ocasionalmente fuera de ellas creamos que somos libres en comparación con la población reclusa que se pudre entre sus muros. Añade Alonso Merino que la "asignación de las personas en función del sexo asignado al nacer o de criterios anatómicos no solo niega su identidad, sino que las expone a condiciones que afectan gravemente su salud mental, emocional y física", como si ese fuese el mayor problema que plantean las prisiones para los reclusos, para concluir su descubrimiento diciendo que las personas LGTBIQ+ privadas de libertad enfrentan mayores riesgos de sufrir agresiones físicas, sexuales y psicológicas, tanto por parte de otros reclusos como del personal penitenciario, que las no binarias. 
 
  
520.- ¿Cambio de hora? Si yo fuera demócrata, que no lo soy, propondría que se celebrara un referéndum ahora mismo proponiendo a la gente qué cambio de horario prefiere que se mantenga durante todo el año: el de verano o el del invierno. Esta pregunta conlleva una petición de principio. Se da a elegir entre dos horarios para que se adopte uno mayoritariamente aceptado. Pues si me lo preguntan a mí, no sé si prefiero el invernal o el estival o, más bien, ninguno de ellos, ningún horario. La petición de principio es que sostengamos un horario, y de paso un calendario, es decir, que aceptemos que se nos imponga uno sin necesidad de estar cambiando dos veces al año. 

 
521.- Ileísmo. Se denomina ileísmo (del inglés illeism, y del demostrativo latino ille, aquél, él) a la práctica de hablar de uno mismo en tercera persona diciendo él, ella, o el nombre propio, en lugar de la primera persona ("yo"). Uno de los ejemplos antiguos más claros es el de Julio César, personaje en el que se confunde el protagonista de los hechos y el narrador que los escribe para que consten en el libro de la Historia, porque es el mismo (algo así nos pasa con el término historia, que es por un lado el hecho acontecido pero por otro el dicho), que hablaba de sí mismo de manera objetiva y distante, como recordarán los escasos lectores de los latines de la Guerra de las Galias que queden, si queda alguno por fortuna: Cum esset Caesar in citeriore Gallia... Hablar de uno mismo en tercera y no primera persona parece cosa de niños pequeños a los que su mamá o su papá o su abuelo les pregunta: ¿Qué quiere el nene? Y este, que todavía no dice yo, porque está aprendiendo a hablar y todavía no ha adquirido tan importante pronombre personal, contesta "El nene quiere parque". El niño todavía no sabe tampoco cuál es su nombre propio, ni quién es él, bendito sea su anonimato. 
 
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario