Uno de los fragmentos más bellos de la Odisea de Homero que
conozco es el episodio en que el sueño vence al sufrido héroe Odiseo, más conocido por su nombre latino como Ulises, cuando está a
punto de arribar a Ítaca (Odisea, rapsodia XIII, vv. 73-92), un sueño (hypnos, que lo arrebata como por arte de magia) dulcísimo y
reparador que se asemeja a la muerte (thánatos).
La nave va viento en popa, de vuelta a casa, al cabo de veinte años, por fin. El
poeta compara la velocidad del navío con la de una cuadriga de caballos de carrera que corre
en el hipódromo a todo galope y con el vuelo veloz
como una flecha de un halcón peregrino.
La nave surca el mar (thálassa) que resuena, dejando una
larga estela a su paso. Un mar que Homero siempre tiñe de rojo: rojo de vino,
rojo de sangre, rojo de la aurora de dedos rosáceos o del sol que se pone al
atardecer. Y el viajero que va en la nave es ante todo un hombre (andra,
la primera palabra del poema) pero un hombre que tiene mucho de
divino (theós), un hombre que ha sufrido mucho, que conoce el pathos del
sufrimiento y la nostalgia en la guerra (ptólemos) inevitable y en la mar, un hombre que ahora, cuando está a punto de regresar a casa,
se abandona y se olvida de todo y de todos, incluso de sí mismo, y se sumerge en ese sueño reparador
y dulcísimo que se asemeja a la muerte.
κὰδ δ᾽
ἄρ᾽ Ὀδυσσῆϊ στόρεσαν ῥῆγός τε λίνον
τε
νηὸς ἐπ᾽ ἰκριόφιν γλαφυρῆς, ἵνα
νήγρετον εὕδοι,
πρυμνῆς· ἂν δὲ καὶ
αὐτὸς ἐβήσετο καὶ κατέλεκτο
σιγῇ· τοὶ δὲ καθῖζον ἐπὶ κληῗσιν ἕκαστοι
κόσμῳ,
πεῖσμα δ᾽ ἔλυσαν ἀπὸ τρητοῖο λίθοις.
εὖθ᾽ οἱ
ἀνακλινθέντες ἀνερρίπτουν ἅλα πηδῷ,
καὶ
τῷ νήδυμος ὕπνος ἐπὶ βλεφάροισιν
ἔπιπτε,
80νήγρετος, ἥδιστος, θανάτῳ
ἄγχιστα ἐοικώς.
ἡ δ᾽, ὥς τ᾽ ἐν πεδίῳ
τετράοροι ἄρσενες ἵπποι,
πάντες ἅμ᾽
ὁρμηθέντες ὑπὸ πληγῇσιν ἱμάσθλης,
ὑψόσ᾽
ἀειρόμενοι ῥίμφα πρήσσουσι κέλευθον,
ὣς
ἄρα τῆς πρύμνη μὲν ἀείρετο, κῦμα δ᾽
ὄπισθε
πορφύρεον μέγα θῦε πολυφλοίσβοιο
θαλάσσης.
ἡ δὲ μάλ᾽ ἀσφαλέως θέεν
ἔμπεδον: οὐδέ κεν ἴρηξ
κίρκος
ὁμαρτήσειεν, ἐλαφρότατος πετεηνῶν.
ὣς
ἡ ῥίμφα θέουσα θαλάσσης κύματ᾽
ἔταμνεν,
ἄνδρα φέρουσα θεοῖς ἐναλίγκια
μήδε᾽ ἔχοντα:
ὃς πρὶν μὲν μάλα
πολλὰ πάθ᾽ ἄλγεα ὃν κατὰ θυμὸν
ἀνδρῶν
τε πτολέμους ἀλεγεινά τε κύματα
πείρων,
δὴ τότε γ᾽ ἀτρέμας εὗδε,
λελασμένος ὅσσ᾽ ἐπεπόνθει.

Podemos escuchar como música de fondo la cantata profana Le sommeil d'Ulysse de la compositora barroca francesa Élisabet Jacquet de la Guerre (1665-l729) que narra cómo Atenea, la diosa de la sabiduría, protege al héroe sumergiéndolo en un profundo sueño.
Reproduzco en la traducción el ritmo dactílico del hexámetro
de Homero, que hace que a una sílaba marcada rítmicamente le sucedan una o dos
no marcadas a lo largo de los seis pies
con los que camina pausadamente (o galopa) cada verso.
Luego
tendieron un lecho a Ulises de lienzo y cobija
porque en paz
se durmiera, en cubierta de nave pulida
sobre la
popa; y él se embarcó y se acostó con tranquila
calma en
silencio; sus hombres su banco ocupaban por fila
y orden, y
amarra soltaron del barco, y doblando la espina
ya comenzaban
a herir con los remos las aguas marinas.
Y a él un
sueño profundo en los párpados se le escurría
hondo, muy
dulce, a la muerte muy mucho que se parecía.
Y como cuatro
caballos en llano de briosa cuadriga
todos a una
al galope a fuerza de látigo viva,
arrebatados
al aire se abren camino de prisa,
tal se erguía
la nave de proa, y estela que brilla
iba de
sangre, alargada, dejando de mar que gemía.
Y navegaba
segura y tenaz; ni halcón cuando gira,
la más veloz
de las aves, alcance darle podría.
Rauda bogando
la nave surcaba las olas marinas;
a hombre
llevaba a bordo de traza semidivina
que antes muy
muchas pasó pesadumbres en su alma y fatigas
de hombres
sufriendo la guerra y embates de olas bravías;
iba dormido
ya en paz, olvidado de todas sus cuitas.
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