567.- Orgullo de ser lo que se es. Las siglas del acrónimo del colectivo LGTB o LGBT, que es lo mismo pero en otro orden, que reflejaba a homosexuales (divididos en lesbianas y maricones, bajo el eufemismo del anglicismo gays), bisexuales y transexuales, se han ampliado paulatinamente hasta llegar en la actualidad a LGTBIQA+ o LGBTIQA+, que representan a lesbianas, gays, bisexuales, transexuales, intersexuales, queers (léase 'cuirs') y asexuales, y acaba ahora con el signo matemático de más +, plus, que podría incluir en su afán definitorio además de a los pansexuales y demisexuales, se me ocurre, a los heterosexuales, para que estuvieran reflejadas todas las categorías sin excluir a ninguna en la celebración del orgullo (o urgullu, como al parecer se dice en cántabro) de ser lo que se es.

568.- Robocop dirigiendo el tráfico. -En varias ciudades chinas, ya hay robots de control de tráfico, y están empezando a verse vehículos de patrulla autónomos en los espacios públicos. Pekín los presenta como asistentes técnicos, pero tras sus brazos mecánicos y cámaras a bordo, emerge una fuerza policial cada vez más conectada. Las autoridades chinas destacan el beneficio práctico: los robots aliviarían las tareas repetitivas de los agentes de policía y harían más eficiente la gestión urbana. Esto representa un paso más en la transformación digital de China, que aspira a ser un importante centro mundial de inteligencia artificial en 2030 y que está introduciendo robots policiales en un país ya saturado de cámaras, reconocimiento facial, bases de datos biométricas y herramientas de vigilancia digital. El robot de tráfico no es, por lo tanto, una mera curiosidad tecnológica. Es la punta del iceberg administrativo, cuya verdadera función no es otra que aumentar la vigilancia, registrar y transmitir información. Se cae, falla, a veces interrumpe el tráfico que supuestamente organiza, pero más allá de estos fallos cómicos, acostumbra a los ciudadanos a la presencia de una poderosa autoridad automatizada, que es de lo que se trataba.
569.- Consumidores consumidos. El gran drama de los gobiernos progresistas es que logran sacar a millones de personas de la pobreza a través del consumo, es decir, creando consumidores con capacidad adquisitiva, de donde se deduce que lo que progresa gracias a la acción de esos gobiernos es el número de consumidores y con ellos el consumo mismo, o sea, el capitalismo. Los pobres son, en efecto, poco o casi nada consumidores, por lo que no cumplen el deber de ser compradores activos y efectivos de los bienes y servicios que ofrece el mercado. Tienen muy pocos recursos efectivos porque son demasiado pobres para responder adecuadamente al atractivo, o más precisamente a las llamadas seductoras de los mercados, por lo que son personas que la sociedad de consumo "no necesita". De todas formas, no olvidemos que la sociedad de consumidores perpetúa no la satisfacción, sino la insatisfacción de sus miembros, y por lo tanto su infelicidad. Los consumidores acaban consumidos, víctimas de consunción, que es la acción de consumirse, por lo que se sumen en el sumidero del consumo.
570.- Fracasar triunfando y triunfar fracasando: Muchas personas lo viven y no lo entienden. Se dicen cosas como: "Consigo lo que quería y no lo disfruto"; "al alcanzar la meta, siento un vacío raro en mi interior"; "lo que tanto deseé y era mi proyecto vital, una vez mío, pierde sentido", por lo que parece que nunca están contentos y no son capaces de disfrutar de lo que han conseguido, como si uno no se sintiera digno o merecedor de lo logrado. Hay dos tragedias en la vida: no lograr lo que se quiere es una y quizá la más común y lograrlo, es otra, porque entonces se descubre que eso no era lo que se quería. La razón es más profunda: hay que perdonarlos, como dijo Jesucristo, porque no saben lo que hacen (ni lo que quieren). Como dijo Crisnamurti, possessions possess us more than we possess them, o sea: "Las posesiones nos poseen a nosotros más de lo que nosotros las poseemos a ellas".
571.- Morir de calor. Tengo para mí que hay expresiones consagradas, frases hechas y figuradas, con el verbo 'morir', como morirse de sed, de hambre, de aburrimiento o de frío, pero no me suena bien, lo siento, 'morirse de calor”. Sin embargo, gracias al énfasis que pone la prensa últimamente en las olas de calor y en los muertos asociados a ellas, parece normalizarse la cosa. Según datos del Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo) del Instituto de Salud Carlos III, se elevan a 327 las muertes asociadas al calor en toda España, en unas jornadas en las que se han registrado temperaturas extremas en gran parte del país, con valores por encima de los 40 grados Celsius. El sistema MoMo está basado en un modelo estadístico de predicción que cruza tres fuentes de datos -el de defunciones diarias, las temperaturas de la AEMET y la población- y calcula las defunciones atribuibles al exceso o defecto de temperatura, es decir, al calor o al frío, pero no expide certificados de defunción. Siendo más habituales las muertes asociadas al frío que las del calor, que no producidas ni por el frío ni por el calor estrictamente, con esta noticias se deduce que el calor mata, lo que viene a reforzar el relato del calentamiento global, que es un hecho desde 1976, cuando comenzó, sí, efectivamente, pero que no mata tanto como el frío, y que, además, no se debe al factor humano tanto como a la irradiación solar, según parece. En todo caso, la causa del calentamiento global está sin resolver todavía, y la decisión de que el responsable sea el CO2 y la humanidad la culpable viene impuesta desde arriba.


