Mostrando entradas con la etiqueta moda. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta moda. Mostrar todas las entradas

martes, 21 de abril de 2026

¿Quién lleva los pantalones?

“Que un jefe sea hombre o mujer no es algo que sea relevante”. Esto lo  declaró la primera fémina que alcanzó el grado de Teniente Coronel (“¿Tenienta Coronela?”) en el Ejército de España, que lucirá, por lo tanto, la estrella de ocho puntas en gorra y hombreras de su guerrera, recibiendo el tratamiento correspondiente, si todavía se estila, de Usía (“vuestra señoría”), y haciendo realidad así el mito de las amazonas de la antigüedad.

Y tiene razón la mujer (no recuerdo su nombre propio, pero tampoco viene mucho al caso: lo que dice ella podría decirlo cualquiera, y, por usar su misma expresión, "no es relevante" el autor del dicho, sino lo que dice y la razón que tenga): ya no importa el sexo biológico de quien ejerce el mando. Lo mismo da que da lo mismo que la jefatura la ejerza el macho que la hembra y viceversa. Como se dijo del reinado de los católicos reyes: “Tanto monta, monta tanto Isabel como Fernando”.

Algunos feministas ven esto como un progreso. Y tienen razón en parte: es un progreso en la historia de la dominación del hombre (incluida la mujer en el mismo saco) por el hombre. Pero no se puede hablar de un progreso en el sentido contrario y libertario, en el de la lucha del pueblo por su liberación de la sumisión que le impone el Poder establecido, en la lucha contra esos yugos que, como cantó Miguel Hernández: “…os quieren poner, / gentes de la tierra mala, / yugos que habéis de dejar, / rotos sobre sus espaldas”.

¿Es un progreso en la igualación de los sexos? Sí, pero no se trata de una igualdad equilibrada, sino de una “masculinización” de la mujer y nunca de una “feminización” del varón,  como se ve en el mundo de la moda. Que las mujeres occidentales lleven pantalones  es lo más normal del mundo en la actualidad,  porque hoy es una prenda común unisex, protagonista de cualquier guardarropa,  pero no que los varones llevemos faldas: si nos las ponemos,  recaemos en la categoría de disfrazados y travestidos.  Y es significativo  precisamente que la expresión “llevar los pantalones” sea sinónima de “mandar”. 
Amazonomaquia, friso procedente del Mausoleo de Halicarnaso


En sus inicios los pantalones  estaban destinados al uso exclusivo de los varones. Los movimientos feministas reclamaron el derecho de la mujer a vestirlos. En la década de los sesenta del siglo pasado  era ya normal ver mujeres vistiéndolos. Una profesora mía contaba que en el año glorioso de 1968 un bedel no la dejó entrar en la facultad porque llevaba vaqueros; ahora lo raro es ver una mujer que no se enfunde unos pantalones y que vista faldas.

Pero el caso es que durante toda la antigüedad grecorromana los varones llevaron faldas más cortas o más largas, según las modas, túnicas o camisetas largas, digamos para entendernos con lenguaje de  hoy, y poco o nada absolutamente debajo, por lo que conquistaron el mundo con el culo y las verijas literalmente al aire. Sin embargo ahora, salvo algunas chilabas moras, pareos asiáticos o faldas escocesas, mejor dicho, kilts, los hombres y las mujeres actuales llevamos pantalones y eso no quiere decir que mandemos mucho ni los unos ni las otras, sino que somos, todos y todas, como dicen los políticos y las políticas, unos mandados y mandadas o, si se me permite la broma, unas bragazas y unos calzonazos.


Las faldas, sin embargo, son prendas cómodas, prácticas y fáciles de confeccionar, casi no llevan costuras. Tanto para las mujeres como para los varones resulta más cómodo llevar un faldón, túnica, pareo o sarong que unos pantalones. De hecho, los reyes, príncipes y sacerdotes mostraban antes con sus vestidos y sotanas cómo se podía disfrutar de la elegancia y el buen gusto a la hora de vestir.  Tanto los calzones como los pantalones, prendas bárbaras que nunca usaron griegos ni romanos, constriñen con sus costuras centrales nuestros genitales, y pueden llegar a ser un auténtico engorro a la hora de ir a hacer nuestras necesidades. Nuestras bisabuelas y tatarabuelas tampoco llevaban bragas. A ellas se debe el dicho: "A la que no está hecha a bragas, hasta las costuras le hacen llagas". 
 
Volviendo al principio, ya no es relevante que el jefe de la tribu o del Estado Mayor del Ejército tenga testículos o no los tenga. Es indiferente el timbre masculino o femenino de la voz de mando. Eso es un progreso. Lo que nadie pone en tela de juicio, y es una grandísima lástima, es que haya jefes, sean machos o hembras, ni nadie parece cuestionar que se sigan oyendo voces de mando y siga habiendo ejércitos en este mundo, y, además, mucho más modernos que antes, cuando existía el servicio militar obligatorio, mucho más profesionales  y perniciosos, y siga habiendo, por lo tanto, guerras,  aunque ahora se disimule su existencia bajo ridículos eufemismos como "misiones humanitarias de paz" o "lucha por la democracia y los derechos humanos". Si Órgüel levantara la cabeza... 

domingo, 2 de junio de 2024

Pareceres IL

241.-Víctima y verdugo: Una pintada en una estación de metro en Dortmund, Alemania, atribuida a Banksy, dice en la lengua del imperio: The irony of becoming what you once hated ('La ironía de transformarse en lo que un día odiaste'), y viene acompañada de una estrella de David convertida en una cruz gamada con los colores azul y blanco de la bandera de Israel. Habría que preguntarse lo primero que por qué en inglés. La respuesta es sencilla: para que así se haga más internacional su mensaje, dado que la lengua del Imperio es la lengua no solo de la Unión Europea sino la segunda lengua, donde no es la primera, de prácticamente todo el planeta. Y lo segundo que habría que preguntarse es por qué es una ironía que la víctima se convierta en victimario, si ya nos lo advirtió Friedrich Nietzsche en Más allá del bien y del mal: "Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, también este mira dentro de ti". La conversión gráfica de la estrella de David en esvástica nazi sugiere que los judíos (identificados por dicha estrella y los colores de la bandera israelí) que fueron víctimas de los nazis (los monstruos del aforismo), han acabado por transformarse en verdugos de los palestinos, con los que están practicando el genocidio u holocausto. No hay nada de irónico en ello, sino más bien de trágico. La víctima no ha encontrado otra forma de liberarse de su antigua condición que convertirse en verdugo. 
 
242.- Nuestro granito de arena. Nosotros como individuos personales colaboramos genéticamente, queriendo o sin querer, ya que nuestra voluntad importa bien poco en el proceso, con nuestros descendientes y con nuestros antepasados, todos a una, quienes lo hacen a su vez con sus antecesores y sus herederos, poniendo en marcha ahora mismo este proceso de odio, guerra, miedo, codicia y desgracia que se ha dado en llamar Historia Universal. Todos nosotros ponemos nuestro granito de arena, pequeña contribución, a la desdicha del mundo, que es nuestra propia desdicha. 

 

 
243.- Real y virtual. Con la llegada de interné a nuestras vidas el mundo virtual se ha impuesto al mundo real, la realidad queda opacada por la virtualidad del entretenimiento y la distracción, la propaganda inunda permanentemente la realidad del día a día de modo que se hace difícil discernir los acontecimientos y las noticias relevantes. La información de interés queda a merced de la clase gobernante que levanta cortinas de humo de forma continúa para su ocultación. El triunfo de la modernidad es el triunfo también de la virtualidad con la Revolución tecnológica como máximo exponente. Ya lo dejó escrito el llorado Guy Debord: "Allí donde la realidad se transforma en simples imágenes, las simples imágenes se transforman en realidad". 
 
 
 
 244.- Vaqueros manchados. Acostumbrados como estábamos a la comercialización de pantalones vaqueros nuevos que se vendían abiertos simulando rotos por las rodillas, lo que permitía llevarlas al aire, o lavados y deslavados que simulaban ser viejos, nos ha sorprendido ahora una marca comercial que ha presentado un modelo con una mancha en la entrepierna que imita un cerco de orina como parte de su colección de su temporada otoño/invierno 2024, desafiando así lo que se daba en llamar el buen gusto. Jugamos a las apariencias. Parecen viejos y no lo están. Parecían rotos y resulta que eran así. Estos parecen meados, y resulta que no lo están. Jugamos a confundir con las apariencias, y a simular un proceso biológico que habitualmente se oculta so pretexto de luchar contra los prejuicios y la estigmatización existente en torno a los fluidos corporales. Ignoro si se han atrevido ya a sacar unos vaqueros dirigidos en principio a las mujeres con una mancha roja en la entrepierna que recuerde la sangre menstrual, o un modelo unisex que muestre manchas fecales producto de una diarrea en el culete de los jeans. El éxito de estos vaqueros y su alto precio -se han llegado a pagar quinientos euros por ellos- sugieren que la moda de la transgresión no es tan transgresora como parece. 
 
 
245.-La realidad y la verdad. El Maestro se despertó ayer sobresaltado de la siesta. Había tenido una pesadilla. Un sudor frío bañaba sus sienes plateadas: había soñado que la realidad era verdad y no el trampantojo ideal que siempre había creído que era.
 

jueves, 12 de mayo de 2022

La sudadera de Zelenski y las casas ataúd de Joncón.

La sudadera de Zelenski
El presidente ucraniano recauda fondos benéficos para la Guerra vendiendo por noventa mil libras su icónica sudadera marrón acreditada con su firma fehaciente. 

 La última moda de disfrazarse de pobre la diseñan marcas de lujo, que no se plantean las verdaderas razones por las que alguien puede llevar dicha vestimenta. 

Una sudadera marrón con capucha, unos pantalones vaqueros y la barba de varios días convierten a cualquiera en un combatiente, resistente y heroico presidente. 

La última tendencia de los influencers es lo que llaman “poverty cosplay”, o sea disfrazarse de pobre para parecer más auténticos, ellos que ganan pastizales. 

La creciente popularidad de “uno de los líderes más increíbles de los tiempos modernos” hace que su estilo de vestir cree tendencia dentro del mundo de la moda.

(Publicidad) Hoy todo el mundo admira a un hombre que lleva una simple sudadera polar con capucha. Ponte tú una sudadera marrón, y, como él, siéntete admirado.

oOo

Las casas ataúd de Joncón

De la serie "Atrapados", Benny Lam

Doscientas mil personas viven en «casas ataúd» o cubículos de escasos metros cuadrados en Joncón, cuyo mercado inmobiliario es uno de los más caros del planeta.

Miles de jonconeses malviven en habitáculos diminutos que son a la vez cocina, retrete y dormitorio donde apenas pueden desenvolverse con la más mínima soltura.

El fotógrafo Benny Lam denuncia en su conmovedora colección fotográfica «Atrapados» las misérrimas condiciones de habitabilidad de las casas ataúdes jonconesas. 

De la serie "Atrapados", Benny Lam 
 
El café descafeinado, la leche desnatada, el agua deshidratada, la vida desvitalizada y el hombre deshumanizado, absurdos lingüísticos como la propia realidad.

viernes, 5 de marzo de 2021

La corbata o la soga al cuello

La palabra corbata entró en castellano en 1679 procedente del italiano corvatta (y también crovatta), propiamente “croata, relativa a Croacia”, porque era la prenda que llevaban al cuello los soldados de caballería croatas en 1635, cuando llegaron a París para ponerse al servicio del Rey Sol, Luis XIV, durante la Guerra de los Treinta Años como mercenarios, y que causó sensación por su carácter distintivo. El diccionario de la Academia la define como “prenda de adorno, especialmente masculina, consistente en una banda larga y estrecha de seda u otro tejido adecuado, que, colocada alrededor del cuello, se anuda o enlaza por delante dejando caer sus extremos sobre el pecho.” 
 
Si nos retrotraemos un poco más atrás, en la antigua Roma era una pañoleta alrededor del cuello que se empleaba de modo práctico para prevenir enfriamientos. Algunos legionarios utilizaban el conocido focale -relacionado con fauces, garganta-, “pañuelo para el cuello” (o sudarium, pañuelo sin más para recoger el sudor), una especie de bufanda que les protegía el cuello al aislar la piel del roce de la armadura y el casco. Pero en Roma no era una prenda exclusivamente masculina ni tampoco distintiva, ya que algunas matronas usaban un pañuelo similar, así como los oradores, que protegían de ese modo sus cuerdas vocales para no quedarse afónicos en sus discursos. 
 
Durante la Revolución Francesa la "cravatte" fue interpretada como un símbolo político según el color, que era negro para los revolucionarios y blanco para los partidarios del Ancien Régime. Después de la revolución, su uso se difundió durante el siglo XIX bajo la influencia del movimiento dandy.
 
 
El novelista francés Honoré de Balzac escribe sobre la corbata en su "Fisiología de la Toilette" (1830): Bajo el Antiguo Régimen, cada clase social tenía su propio atuendo: se podía reconocer al señor, al burgués, al artesano. Por lo tanto, la corbata (si podemos dar este nombre al cuello de muselina y al trozo de encaje con que nuestros padres se envolvían el cuello) no era más que una prenda necesaria, de tela más o menos rica, pero sin consideración, como si no tuviera importancia personal. Finalmente los franceses se igualaron en sus derechos, y también en su indumentaria, y la diferencia en la tela o el corte de la ropa ya no distinguía condiciones sociales. ¿Cómo reconocerse entonces en medio de esta uniformidad? ¿Por qué signo externo distinguir el rango de cada individuo? A partir de entonces se le reservaba a la corbata un nuevo destino: desde ese día, nació a la vida pública, adquirió importancia social; pues estaba llamada a restaurar los matices que se habían borrado por completo en la vestimenta, se convirtió en el criterio por el que se reconocía al hombre que-es-como-hay-que-ser ("comme il faut") y al hombre sin educación. [...] El hombre vale tanto como su corbata. Y, a decir verdad, la corbata es el hombre; a través de ella el hombre se revela y se manifiesta.” 
 
 
¿Es la corbata una representación subconsciente de la masculinidad? ¿Es la corbata el hombre mismo, como escribía Balzac? Al margen de su connotación psicoanalítica de símbolo viril fálico, lo que está claro es que se ha convertido en un símbolo de poder, que forma parte de la indumentaria formal masculina del traje de “chaqueta y corbata”. 
 
A pesar de ser una prenda imprescindible dentro del traje, a muy pocos hombres les gusta llevarla, aunque la mayoría sigue usándola por convención, porque la usa todo el mundo "comme il faut". Son muy pocos los Jefes de Estado, políticos, ejecutivos y banqueros que no la visten en Occidente, porque transmite una imagen de elegancia y solemnidad, aunque no esté lejos por otra parte de un convencionalismo arrogante. 
 
En los políticos, no hacer uso de ella puede ser parte de una estrategia populista que trata de acercarse a la gente proyectando un espíritu juvenil y un tanto inconformista y rebelde, como hicieron los sans culottes en la revolución francesa, sustituyendo los aristócratas culottes por los plebeyos pantalones, más holgados que los calzones ajustados de la nobleza y la rancia aristocracia. 
 
Los políticos de izquierdas del siglo XXI renuncian a la corbata para apartarse simbólicamente de la casta de la que paradójicamente forman parte, porque ninguno de ellos se descasta, es decir, se libera de la casta a la que pertenece, por no llevarla, sino que incurren a lo sumo en el oximoro de proyectar una imagen iconoclasta, una imagen que pretende romper con la establecida, pero que no rompe con la dictadura de la imagen; simplemente dan otra imagen diferente, como si fueran uno más de la  grey, una oveja del montón y no el pastor. 
 
Dentro de la rígida uniformidad que ofrece el traje masculino de chaqueta, pantalón, camisa y corbata, la corbata puede ser -al igual que la mascarilla lo es hoy para muchos- el toque personal de coquetería, distinción y detalle rompedor que pretende vanamente salirse de la uniformidad gregaria del rebaño con su diseño y colorido. En todo caso, no deja de ser, con su nudo bien apretado, una soga al cuello con la que uno puede ahorcarse y ahogarse.