SVA CVIQVE PERSONA
Cada cual tiene su
propia máscara. Persona significa "máscara" en latín,
de ahí personaje y personalidad. La cara, que, no lo olvidemos, es el
espejo del alma, según el refrán, es la persona, y la persona es la máscara
teatral, cómica o trágica o, generalmente, ni lo uno ni lo otro en
estado puro, sino dramática mezcolanza, porque la vida no es una comedia o una tragedia sino una tragicomedia, la farsa que todos llevamos a cabo, como dijo Rimbaud, el poeta adolescente. Todos
somos 'personae' en esta tragicomedia y quizá, como Octavio Augusto, según cuenta su biógrafo Suetonio, debamos preguntarnos al final de nuestra vida si merecemos un aplauso
por nuestra actuación, aunque tal vez no haya que esperar a ese momento para preguntarnos eso, sino que podemos hacerlo ahora mismo, por ejemplo. El latinajo es de Séneca.
LA CRATERA DE HÉLENA
En
un pasaje de la Odisea inagotable de Homero se narra cómo la
legendaria Hélena, la mujer más hermosa de toda Grecia, tan bella
que parecía la humana encarnación de la divina Afrodita, alejaba
las preocupaciones de su esposo Menelao dándole a beber un brebaje
del país del Nilo que diluía en el vino, calmando así el dolor, la
angustia y la ira bajo su conjuro. Ese opiáceo egipcio era “grande
remedio de hiel y dolores, y alivio de males”, por decir con un
hexámetro en legua de Castilla lo que cantaba el griego
en la suya con divinas y aladas palabras. Era una droga tan poderosa que
podía consolarlo a uno de cualquier pena, como la de perder a un
padre, a una madre, a un hermano o a un hijo queridos. Se hizo
proverbial en la antigüedad refiriéndose a ella como la “cratera
de Hélena”, aludiendo a la vasija, que eso quiere decir cratera,
donde se mezclaba el agua con el vino puro para diluirlo, y
denominando con el nombre del continente el misterioso contenido que
le daba Hélena a probar a Menelao.
HERACLITANA
Oigamos las misteriosas palabras de las
perturbadoras tres brujas de Macbeth de Shakespeare que cantan a
coro: “Hermoso es lo feo y es feo lo hermoso”. Ellas nos enseñan
la lógica de la contradicción, nos enseñan a ver la belleza en la
fealdad y la fealdad en la belleza: lo que es feo es bello y lo que
es bello es feo. De igual manera podrían enseñarnos a ver que lo
malo es bueno y lo bueno es malo, como nos inculcaron desde
nuestra más tierna infancia pedagógicamente.
300 HÉROES MUERTOS
Según Herodoto, el padre de la
Historia, fue Simónides de Ceo el autor del dístico elegíaco
grabado sobre una piedra en el paso de las Termópilas que conmemoraba la célebre batalla. El epigrama de
Simónides –escueta composición poética compuesta por lo general
de dos versos, un hexámetro y un pentámetro dactílicos, para
inscribir como epitafio sobre una tumba- transmitido por el
historiador griego recuerda a los trescientos espartanos
que cayeron heroicamente protegiendo el desfiladero de las Termópilas
en el año 490 antes de la era cristiana a las órdenes de Leónidas,
el león de Esparta, defendiendo Grecia de la invasión de las huestes persas del rey Jerjes, y
alcanzando una heroica muerte bajo la lluvia de las infinitas flechas que los
acribillaron. El lacónico epigrama asocia la idea de obediencia a las leyes con la muerte, que hace que los trescientos pasen a la Historia, porque solo lo que está escrito está muerto y viceversa:
ὦ ξεῖν’, ἀγγέλλειν Λακεδαιμονίοις ὅτι τῇδε
κείμεθα τοῖς κείνων ῥήμασι πειθόμενοι νομίμοις.
Ve, extranjero, a decir a Esparta tú que nosotros
obedeciendo a su ley muertos yacemos aquí.
obedeciendo a su ley muertos yacemos aquí.
HIPOCRESÍA Y TEATROCRACIA
Los
griegos llamaronn al actor ὑποκριτής “hypokrités”; esta palabra subsiste
curiosamente en nuestra lengua como reproche que se le hace a alguien
por su falsedad bajo la forma “hipócrita”: el que actúa y no
precisamente en un escenario, sino en la realidad, es decir, el mal actor, el que representa a un personaje en las tablas del poco noble teatro de la vida cotidiana. El
divino Platón, por su parte, inventó la palabra θεατροκρατία “teatrocracia” que podría
recobrar vida e importancia en este mundo nuestro contemporáneo que
a veces ha sido descrito como “sociedad del espectáculo” (Guy
Débord). La teatrocracia correspondería a este estado de
degeneración de la democracia en el que gobernaría la mayoría (oclocracia o gobierno de la masa propiamente dicha), que
nunca totalidad, del público. Es el gobierno de la
chusma y del populacho, dicho con todo el poder despectivo de esta última palabra. Es el gobierno de la Opinión Pública, pero no el gobierno del pueblo, porque el pueblo, la gente no es una masa
de individuos y cada individuo un voto, como pretenden los políticos
que sea para que sea sólo eso y nada más que eso, sino algo vivo y
palpitante, que está, a poco que se la deje hablar y se le preste
oídos a lo que dice, diciendo siempre que no a todas las
imposiciones que sobre ella se fundamentan, y, en concreto, a la
farsa de la realidad.




