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sábado, 7 de noviembre de 2026

Pareceres CXXXII

646.- Excusatio non petita, accusatio manifesta.“Buenos días, bienvenidas”, así empieza el saludo de bienvenida que profiere la reyna consorte del rey-no de las Españas y antigua locutriz de los servicios informativos del Ente Público, afirmando “utilizo un femenino plural acogedor en el que está incluido todo el mundo”, incluidos los caballeros presentes en el evento, que según refiere a continuación son el primer caballero de Costa Rica y el esposo (sic) del canciller venezolano. Y repite: “Bienvenidas a este lugar, que es el Palacio Real de El Pardo que...” ¿Femenino plural acogedor? Cuanta tontería para hacer el paripé de feminista. Si el plural femenino fuera tan acogedor como dice no habría tenido la necesidad de aclarar que también incluía a los dos caballeros presentes. Resulta paradójico tener que justificar una inclusión que el masculino plural ya contempla gramaticalmente, asentado como está en la tradición de las lenguas romances, desde el latín por lo menos, que contemplaba tres géneros gramaticales: masculino, femenino y neutro, habiéndose fundido el neutro y confundido enseguida con el masculino. El ejemplo de Terencio lo atestigua: "Pater mihi et mater mortui erant" (Mi padre y mi madre estaban muertos). 
 
  
 

647.- Pantallas. Vuelve a insistir Andrés Rábago, alias El Roto, en que estamos absortos en actualidad, es decir, en las pantallas -identificando la actualidad y las pantallas a las que nos asomamos vertiginosamente para verla-, y sonreímos bobamente, decía él, que yo he modificado, sin su permiso, espero me perdone, por su aumentativo coloquial: bobaliconamente, que me parece más expresivo y grandilocuente, aunque solo sea por el aumento de tres sílabas. El caso es que esta viñeta, unida a la anterior que dice imperativamente ""¡Dejen de mirar por las ventanas y aténganse a lo que les mostramos en las pantallas!" crean una secuencia que nos hace reflexionar: Absortos en la actualidad que nos ofrecen las pantallas, olvidamos lo que está pasando (que es precisamente que estamos absortos, abstraídos en la realidad virtual y abducidos por ella, una realidad que, como sentencia Bergamín en un agudo aforismo, consiste en “tener idea de las cosas”), lo que hace que sonriamos bobaliconamente. 
 
  
648.- Haters vs. Lovers. Dice en un tuit el Jefe del Ejecutivo de la Nación Plurinacional, Primer Ministro o Presidente del Gobierno de las Españas: “respondamos a los haters con datos, inteligencia y humor”. ¿Quiénes son esos señores? Los haters -pronunciese en inglés británico [ˈheɪ.tərs]- son en la lengua del Imperio los que realizan la acción de odiar, los odiadores. Frente a ellos están los lovers, que son los que realizan la acción de amar y enarbolan un discurso amoroso basado en el 'amaos los unos a los otros' que criminaliza a sus rivales. Pero preguntémonos a quién o a quiénes odian unos y aman los otros, antes de calificarlos políticamente en buenos y malos,  “derechas” e “izquierdas”, diestros y zurdos 'y a mucha honra', pues parece que la respuesta es muy sencilla: los haters odian al Gobierno y los lovers (latin lovers o más precisamente Spanish lovers) aman al Gobierno progresista, que encarna la fuerza de la gente y del amor. Se trata de un maniqueísmo simplón de malos, los haters, y buenos, los lovers, que pretende criminalizar el odio -convertido ya en un delito, el delito de odio- y beatificar el amor, que se convierte así en adhesión inquebrantable al sistema y a los principios de fidelidad del Líder Supremo, que se viste con un chaleco para salir en los medios con el emblema, a un lado, del Gobierno de España, y al otro de Protección Civil de la idea de España.
 

    
649.- Capitalismo de la soledad: La Red Informática Mundial con sus varias redes sociales, aplicaciones de citas y los robots de conversación se nutren de nuestra soledad. Detrás de ella hay un modelo económico que fomenta, explota y perpetúa el aislamiento personal. Las principales plataformas digitales tienen un incentivo económico que optimiza, como dicen ellos cuando obtienen beneficios económicos, nuestro aislamiento, reforzándolo para obtener sus pingües ingresos lucrativos. El objetivo de las plataformas es convertir el tiempo que cada usuario les dedica delante de la pantalla en dinero. Cuanto más contenido consumimos, más datos personales les suministramos y oportunidades publicitarias generamos. Por lo tanto, como dice los políticos profesionales cada dos por tres aunque no venga a cuento, los algorrinos, perdón los algoritmos, quería decir, intentan captar nuestra atención entreteniéndonos el mayor tiempo posible. El tiempo que pasamos frente a la pantalla reduce el tiempo que nos queda disponible para relacionarnos de cuerpo presente con los demás, siendo así que los usuarios, que por definición deberíamos ser los que hacemos uso de algo, somos usados por ese algo, y dependemos cada vez más de ello volviéndonos dependientes de las pantallas que captan nuestra atención. Es así como la soledad se convierte en un motor económico que fomenta el consumo digital, lo que a su vez exacerba nuestro aislamiento y soledad. Las herramientas digitales prometen satisfacer la necesidad de conexión humana, conectándonos digitalmente nos desconectan físicamente de los demás. Es así como la soledad se convierte en un importantísimo activo de la economía capitalista, lo que sin duda afecta a nuestra salud mental, daña captándola nuestra capacidad de atención y de asombro y nos hace vulnerables. 
 
 
 650.- La fortaleza asediada. Decía el paremiólogo francés Pierre-Marie Quitard (1792-1882): "El matrimonio es como una jaula de pájaros: se ve a los que están fuera desesperados por entrar, y a los que están dentro igualmente desesperados por salir". Parece que tomó la ocurrencia de Montaigne (1533-1592), que había escrito siglos antes en sus célebres Ensayos: "Sucede con él (sc. el matrimonio) lo que se ve en las jaulas: los pájaros que están fuera desesperan por entrar; y con idéntico afán por salir, los que están dentro". El escritor chino Qian Zhongshu (1910-1998), por su parte, toma este dicho de la literatura francesa, y cambia la metáfora de la jaula en su novela La fortaleza asedidada (1947), una de las obras cumbre de la literatura moderna de su país y su lengua. Los solteros anhelan la estabilidad del matrimonio (entrar a la fortaleza), mientras que los casados se sienten atrapados y asfixiados por su rutina y solo desean poder escapar de ella. Entre nosotros, circula una metáfora castiza atribuida a Miguel Gila, el humorista, que dice: «El matrimonio es como el metro en las horas punta: los que están fuera quieren entrar y los que están dentro quieren salir». Lo bueno de la frase es que puede aplicarse a cualesquiera otras instituciones: el Estado, el Gobierno, la Banca, el Ejército, la Iglesia... y al Individuo Personal, que no iba a librarse de ser una institución tan importante o más que las citadas: el que tiene mucha personalidad quiere librarse de ella y el que no la tiene quiere tenerla como propia.