630.- La profecía del poeta: El vaticinio, nunca mejor dicho, del poeta norteamericano Charles Bukowski (1920-1994), llama la atención sobre el aislamiento producido en nuestra vida por la irrupción de la tecnología, que es el arma de la tecnocracia imperante para controlarnos. Se trata de una profecía incluida como estrofa sexta de su poema This flag not bondly waving, algo así como 'Esta bandera que no ondea con cariño', incluido en su poemario The continual condition ('El padecimiento continuo'), que apareció a título póstumo en 2009, en plena era internetera, pero formulada mucho antes, habida cuenta del fallecimiento del poeta en 1994 que se ha visto cumplida y que nos retrata con acierto y sin piedad: ahora todo son ordenadores y más ordenadores / y pronto todo el mundo tendrá uno, / los niños de tres años tendrán ordenadores / y todo el mundo lo sabrá todo / sobre todos los demás / mucho antes de conocerlos / y por eso no querrán conocerse. / nadie querrá conocer a nadie / nunca más / y todo el mundo será / un recluso / como lo soy yo ahora.
631.- O yo o la ultraderecha. El jefe del ejecutivo carpetovetónico, expresión que alude al presidente del gobierno, o primer ministro, como se dice en el extranjero, de las Españas, acaba de anunciar que convoca elecciones generales para el día, creo, 29 de noviembre, y lo ha planteado al modo de la viñeta de Ramón en la que un político, desde la tribuna, le dice al pueblo: ¡O nosotros o el caos! Y el pueblo, harto de ese gobernante, responde: ¡El caos! ¡El caos! A lo que el político refunfuña: Es igual, también somos nosotros. Solo hay que cambiar el caos por la ultraderecha (“la ola ultraderechista que involuciona allí donde gobierna”). El fucking master les pide a los españoles y a las españolas que elijan el futuro que quieren, porque depende, les dice, “de vosotros y de vosotras”, si queréis “retroceder o continuar avanzando” no se sabe a dónde. Apela a los ciudadanos y a las ciudadanas, en suma, a la “gente de a pie” para que vote al gobierno de coalición progresista que ha convertido a España “en un referente mundial de paz, feminismo y prosperidad”, a fin de seguir en el lado correcto de la Historia. Y la ciudadanía sabe que, en el fondo, da igual, que el gobierno de coalición progresista es, mutatis mutandis, lo mismo que la extrema derecha o ultraderecha, las élites tecnoligarcas y los buitres carroñeros con los que nos meten miedo.
632.-Votar no sirve para nada. Es un historiador, periodista deportivo, teólogo y filósofo comunista a la vieja usanza, al que invitan a las tertulias televisivas por sus discursos contundentes en defensa de la clase obrera y sus críticas frontales al sistema capitalista existente. En sus intervenciones denuncia la precariedad de la vivienda, la pérdida de derechos laborales y la "comedia de la clase media", instando a quienes viven de un salario a reconocerse como proletarios. Se ha hecho viral enseguida su comentario sobre las elecciones generales -democrático burguesas, dice él- recientemente convocadas. Hace gracia su vehemencia porque, reconoce la gente, tiene razón. Esto es lo que grita en el vídeo adjunto: Si la gente piensa, de verdad, y lo digo sinceramente, si la gente piensa que metiendo una papeleta en una urna el día las elecciones, se va cambiar algo del sistema, y la vida le va ir mejor a ustedes, viven ustedes en la inopia. Antes verán a Dios, y se les aparecerá Dios, se les aparecerá Jesús, y se les aparecerá el Espíritu Santo, que querer cambiar el sistema. Porque votar en unas elecciones democrático-burguesas no sirven absolutamente para nada. (Habría que corregir un poco su soflama: votar no sirve absolutamente para nada a la hora de cambiar el sistema, pero sí a la hora de mantenerlo como está, procurando que cambien los gobiernos para que todo siga igual. Pero no nos hagamos ilusiones: no votar tampoco sirve absolutamente para nada a la hora de cambiar el sistema. Habrá que hacer otra cosa. A saber qué.
633.- Huelga
general. Los sindicatos
mayoritarios (y subvencionados por el Estado) convocarán su primera
huelga general en catorce años, siguiendo la demanda del Sindicato
de Inquilinas, así denominado para visibilizar -ojo al verbo- que la
precariedad laboral de la vivienda afecta de forma especial y
desproporcionada a las mujeres y, sobre todo, para romper con la
norma lingüística hegemónica del masculino gramatical genérico, y
adoptar una perspectiva feminista de género (sic).
Hay quienes dicen que este femenino es también genérico, si se
sobreentiende el sustantivo “persona”, gramaticalmente femenino,
y sería el Sindicato de
(personas) inquilinas. En todo caso, se ve que hemos
pasado de ser un país de propietarios a ser mayoritariamente un país de
inquilinos, es decir, de gente que vive de alquiler, o, si pudiera pronunciarse de *inquilinxs, donde la "x" es la incógnita matemática. No se olvide aquel profético lema del Foro Económico Mundial: No poseerás nada y serás feliz. La propiedad
privada de la vivienda no ha desaparecido, ni los propietarios, a
quienes se denomina buitres carroñeros, por muy pequeños
propietarios que sean. La reclamación del sindicato va en el sentido
de abaratar los costes, no de acabar con el capitalismo, cosa que no
le interesa a nadie. En todo caso, parece que esta huelga general domesticada la
convoca el gobierno, que no solo no ha resuelto el problema de la
vivienda, sino que lo ha agravado y que aún pretende seguir
gobernando para “solucionarlo”... en el futuro.
634.- El reto demográfico. Uno de los ministerios del gobierno progresista de coalición central de las diecisiete españitas y dos ciudades autónomas se denomina rimbombantemente: Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. Lo de la transición ecológica ya sabemos más o menos lo que es a fuerza de paneles solares y molinos de viento. Lo que no nos queda claro es en qué consiste el Reto Demográfico. Parece ser que según el propio ministerio consiste en “Garantizar la igualdad de derechos, oportunidades y servicios en los territorios menos poblados de nuestro país”, un objetivo muy loable. Los territorios menos poblados son la España vaciada, generalmente rural y caracterizada por el éxodo hacia las grandes ciudades, lo que nos da a entender que esos territorios no solo se vacían de gente, sino que se convierten en residencias de ancianos y centros de la tercera edad, porque la poca gente que queda se dedica a envejecer y a morir, y no sigue el consejo del nonagenario actor de Jólivuz de que no había que dejar entrar al viejo en casa (Don't let the old man in). De todas formas, me da la sensación de que el mayor peligro no reside en el aumento de la población anciana en los territorios menos poblados, sino en el «envejecimiento» psicosocial de la población juvenil en general, cada vez más infantilizada y, paradójicamente, envejecida al mismo tiempo.



