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martes, 8 de septiembre de 2026

"No quiero ir al cole" (I)

    Septiembre, que era el séptimo mes, como su nombre indica, cuando el año se abría con el de marzo, dedicado a Marte, el dios de la guerra, antes de que se le pusieran por delante enero y febrero, y era el séptimo porque venía después del quinto, que pasó a llamarse julio enseguida, dedicado a Gayo Julio César, y del sexto, consagrado al emperador Augusto, que no quería se menos que su antecesor, significa que todo vuelve a empezar, que empieza un nuevo curso académico y también un nuevo curso político, después de las merecidas vacaciones de sus señorías y señoríos, desde el rey y la familia real en Mallorca y  el jefe del ejecutivo en Lanzarote hasta el último de sus vasallos en la playa, en el pueblo que lo vio nacer o en su propia o alquilada casa practicando el eufemismo de lo que se ha dado en llamar en la lengua del Imperio la staycation, consistente en quedarse en casa durante el período vacacional. 
 
 
    Deberíamos pararnos un poco a analizar el tópico que acabamos de soltar de “merecidas vacaciones”. Merecidas, etimológicamente significa “pagadas”, pero tiene también el sentido moral de que uno ha trabajado a fin de merecerlas, lo que implica que para tener derecho al descanso, a la desconexión, a la alegría o a la cada vez más lejana para algunos jubilación, el individuo debe haber pagado previamente un peaje infinito de sufrimiento, sumisión y esfuerzo laboral. 
 
Fotomontaje de Gabriel Pérez-Juana
  
    Traigo aquí a propósito la reflexión del imprescindible Rafael Sánchez Ferlosio, que analizó como nadie y criticó duramente la muletilla del "merecido descanso" (y, por extensión, de las "merecidas vacaciones") considerándola una muestra evidente de una ideología represora arraigada en lo más íntimo del lenguaje. Para el escritor y ensayista español, esta muletilla verbal -junto a otras como "una sana alegría" o "un honesto esparcimiento"- revela que nuestra sociedad contemporánea arrastra una profunda culpa moral frente al placer y el ocio. 
 
    Le daba la razón a Ferlosio la aplicación de la prueba inversa, que consiste en que a nadie se le ocurre anteponer “merecido” a sustantivos como “cansancio”, “tristeza” o aburrimiento”, por la sencilla razón de que aceptamos los estados negativos o de sumisión de forma natural y gratuita, mientras que los contrarios de bienestar y disfrute necesitan justificarse con nuestro previo sacrificio: hay que inmolarse para poder gozar de lo que uno se merece. 
   
 
    Pero volviendo a lo que íbamos al principio, que es la vuelta al colegio, no es que en septiembre empiece un nuevo curso político y académico, que se denominará 2026-2027 para que parezca distinto del precedente 2025-2026 y del consiguiente 2027-2028, sino que se renueva el viejo curso de siempre después del paréntesis estival, y se renueva asimismo el grito del niño cabizbajo, soñoliento y cargado con la mochila a sus endebles espaldas, así como el eco de  ese otro niño que todos llevamos dentro: "No quiero volver al cole", contra la dura y feroz realidad.