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miércoles, 8 de abril de 2026

La dictadura más perfecta

    Circula por ahí, desde 2020 por lo menos, cuando hicieron estallar la pandemia, una frase sin dueño que se ha hecho viral, atribuida unas veces a Órgüel, otras a Huxley, y otras a Einstein para concederle el prestigio de la autoridad intelectual, que, sin embargo, no necesita porque lo que dice es de recibo y de sentido común, el menos común paradójicamente de todos los sentidos. 
 
    Dice, tal como me ha llegado a mí, lo siguiente. Lo importante es mantener a la población en estado de continuo MIEDO (sic, por las mayúsculas), por lo que las noticias se contradicen de un día para otro, así se mantiene un estado de emergencia nacional INTERMINABLE, justificando... cualquier ABUSO de las autoridades. Frases de este jaez empezaron a difundirse masivamente en las redes sociales, muchas veces sin citar la fuente y otras con atribuciones apócrifas, como la susodicha, que decía: “Final del libro '1984' de George Orwell”. 
 
    La novela de Órgüel no acaba así, ni aparece tampoco esa frase por ninguna parte en esos términos. Sin embargo, aparecen otras mucho más contundentes, como la celebérrima previsión del futuro que nos espera desde siempre: Si quieres hacerte una idea de cómo será el futuro, figúrate una bota aplastando un rostro humano... incesantemente. En versión original: "If you want a picture of the future, imagine a boot stamping on a human face—for ever".
 
    El personaje de O'Brien, en la misma novela, le dice a Winston Smith: El poder no es un medio, sino un fin en sí mismo. (…) Y el objeto del poder no es más que el poder. ¿Empiezas a entenderme? En versión original: "Power is not a means; it is an end. (…) The object of power is power. Now do you begin to understand me?"
 
    Y por supuesto, la cita más heraclitana y celebérrima de todas: La guerra es la paz, la libertad es la esclavitud, la ignorancia es la fuerza, que en versión original es: "war is peace, freedom is slavery, ignorance is strength", lema al que podríamos añadir más consignas: lo malo es bueno, la verdad es mentira, la salud es enfermedad, como veíamos en Más neolengua orgüeliana.
 
    Otra de las citas que circulan por ahí contra el poder en su forma más democrática y actual, es la siguiente que suele atribuírsele a Huxley y citar como fuente su novela “Un mundo feliz” (Brave new world): La dictadura perfecta tendría la apariencia de democracia, una prisión sin muros en la que los presos no soñarían con escapar. Un sistema de esclavitud donde, a través del consumo y el entretenimiento, los esclavos amarían su servidumbre. Es una cita espuria, aunque puede estar inspirada en algún fragmento de la novela, o puede estar sacada de algún prólogo de la misma, que como crítica literaria no deja de ser literatura sobre literatura. No obstante, y al margen de su anónima autoría, la cita tiene mucho de sentido común, como la citada atribuida a Órgüel.
 
      En todo caso en Un mundo feliz leemos este párrafo original en el que podría estar inspirada: Un estado totalitario realmente eficaz sería aquel en el cual los jefes políticos todopoderosos y su ejército de colaboradores pudieran gobernar una población de esclavos sobre los cuales no fuese necesario ejercer coerción alguna por cuanto amarían su servidumbre. Inducirles a amarla es la tarea asignada en los actuales estados totalitarios a los ministerios de propaganda, los directores de los periódicos y los maestros de escuela.
 
    Y también podemos leer esta constatación: En colaboración con la libertad de soñar despiertos bajo la influencia de los narcóticos, del cine y de la radio, la libertad sexual ayudará a reconciliar a sus súbditos con la servidumbre que es su destino. Solo habría que añadir las redes sociales de internet para poner la reflexión al día y que cobrara más rabiosa actualidad.
 
    Huxley no denuncia literalmente los estados democráticos, él habla de los estados totalitarios. Obviamente, la moderna forma del estado totalitario es la democracia, por eso se ha hecho viral la afirmación de que la dictadura perfecta tendría la apariencia de democracia, pero todavía no denuncia la esencia totalitaria misma de la democracia, sino solo la apariencia.
 
 
    En 1991, el novelista peruano Mario Vargas describió a México como "la dictadura perfecta", porque era una dictadura camuflada. Y argumentó: Puede que no parezca una dictadura, pero tiene todas las características de una dictadura: la perpetuación, no de una persona, sino de un partido inamovible, un partido que permite suficiente espacio para la crítica, siempre y cuando esta sirva para mantener la apariencia de un partido democrático, pero que reprime por todos los medios, incluso los peores, cualquier crítica que pueda amenazar su permanencia en el poder. De ahí parece que surgió la frase atribuida en internet a Huxley de que la dictadura perfecta tenía la apariencia de democracia, sin atreverse todavía a afirmar que era la propia democracia.

martes, 5 de septiembre de 2023

¡No, otra vez no, por favor!

  ¿Aumentan los Casos? Se preguntaba el domingo un tal Robin Mckie, periodista de The Guardian, el periódico progresista inglés subvencionado por la filantrópica fundación de Bill y Melinda Gates, y respondía diciendo que sí debido a tres factores: la disminución en primer lugar de la inmunidad -la natural, si sigue habiéndola a estas alturas, y la adquirida artificialmente- frente a la enfermedad del virus coronado, el mal tiempo del verano (debido al cambio climático, se supone, que lo mismo nos trae una DANA que la ebullición global del planeta) y, ¡atención al tercer factor!, la proyección en salas de cine de superproducciones supertaquilleras como Barbie y Oppenheimer, que pueden haber provocado el aumento de los Casos por la mezcolanza de gentes infectadas que han ido irresponsablemente al cine a verlas en espacios cerrados donde el virus campa por sus fueros.

 
 
 
    El caso es que se vuelve a hablar de que hay Casos, vuelve a haber Casos. Vuelve, por lo tanto, la emergencia de la enfermedad del virus coronado, que se traduce en la venta y adquisición compulsiva de test de autodiagnóstico en las farmacias, que se han agotado enseguida, para saber si uno tiene el estigma. Pronto sonará la alarma roja de nuestros móviles metiéndonos miedo ante la nueva versión actualizada de Covid 2.O persistente.
 
     Cuando muchos creían que la pesadilla se había terminado, resulta que no es así, que volvemos a empezar, y que después de la fase pospandémica en la que estábamos instalados, no se vuelve ya nunca a la vieja normalidad de la prepandemia, sino que volvemos a la fase pandémica. 
 
    La emergencia no acabará ya nunca, una vez instalada en nuestros dispositivos interiores, sino que volverá a empezar de nuevo porque vivimos, por si alguien no se ha enterado todavía, en el estado permanente de emergencia perpetua, en lo que Diego Fusaro ha denominado “la nueva normalidad del capitalismo terapéutico”, que es el método de gobierno funcional del régimen democrático neoliberal que padecemos donde resulta indiferente que gobierne la izquierda, la derecha o sus extremidades. 
 
    Gracias a la declaración del estado de emergencia o de alarma, el Estado puede imponer -implementar, decían los pedantes de nuestros mandamases- medidas y normas que en ausencia de dicha emergencia nunca habrían podido aplicarse porque nunca habrían sido aceptadas. 
 
    ¿Habría, en efecto, aceptado alguien en su sano juicio los arrestos domiciliarios de personas sanas, la imposición de mascarillas en todos los espacios públicos, la distancia social, y el infame pasaporte o certificado de vacunación para poder viajar o entrar en algún restaurante o espectáculo si no nos hubieran metido hasta la médula el miedo a la muerte y engañado? 
 
    Estas medidas represivas, presentadas como medidas sanitarias extraordinarias avaladas por los expertos, que son los doctores que no conoce nadie que tiene la Santa Madre Iglesia de la Ciencia, sólo son aceptadas e incluso reclamadas por la mayoría de la población porque se presentan como un mal menor necesario que pretende evitar un mal mayor apocalíptico y futuro. 
 
 
    Se ha inaugurado así el paradigma de la emergencia como arte de gobierno donde se considera lo inaceptable como inevitable, lo extraordinario como lo más normal del mundo, y las medidas políticas de control de la población como recomendaciones terapéuticas científicas.
 
  El Ogro Filantrópico que decía el poeta Octavio Paz ha logrado que el golpe de Estado mundial del Great Reset pueda ser aceptado por la inmensa mayoría de la población porque no se presenta como lo que es, un experimento de control político, sino como una medida que puede resultar desagradable y que no nos gusta a muchos pero que es por nuestro propio bien y pretende salvarnos la vida a todos y cada uno de nosotros. De este modo el sistema -el capitalismo, digamos- produce lo intolerable y al mismo tiempo, en palabras de Fusaro, sujetos dispuestos a tolerarlo. Ahí radica lo perverso de su fuerza. 

    Addendum: Decía Neil Postman en el prefacio de 'Divertirse hasta morir' que:

    "Contrariamente a la creencia prevaleciente entre la gente culta, Huxley y Orwell no profetizaron la misma cosa. Orwell advierte que seremos vencidos por la opresión impuesta exteriormente. Pero en la visión de Huxley no se requiere un Gran Hermano para privar a la gente de su autonomía, de su madurez y de su historia. Según él lo percibió, la gente llegará a amar su opresión y a adorar las tecnologías que anulen su capacidad de pensar.

    Lo que Orwell temía eran aquellos que pudieran prohibir libros, mientras que Huxley temía que no hubiera razón alguna para prohibirlos, debido a que nadie tuviera interés en leerlos. Orwell temía a los que pudieran privarnos de información. Huxley, en cambio, temía a los que llegaran a brindarnos tanta que pudiéramos ser reducidos a la pasividad y el egoísmo. Orwell temía que nos fuera ocultada la verdad, mientras que Huxley temía que la verdad fuera anegada por un mar de irrelevancia. Orwell temía que nos convirtiéramos en una cultura cautiva. Huxley temía que nuestra cultura se transformara en algo trivial, preocupada únicamente por algunos equivalentes de sensaciones varias. Como Huxley destacó en su libro 'Nueva visita a un mundo feliz', los libertarios civiles y racionalistas, siempre alertas para combatir la tiranía, «fracasaron en cuanto a tomar en cuenta el inmensurable apetito por distracciones experimentado por los humanos». En '1984', agregó Huxley, la gente es controlada infligiéndole dolor, mientras que en 'Un mundo feliz' es controlada infligiéndole placer. Resumiendo, Orwell temía que lo que odiamos terminara arruinándonos, y en cambio, Huxley temía que aquello que amamos llegara a ser lo que nos arruinara".
 
 

    Resulta curioso ver ahora con el "paradigma de la emergencia", cuando "el sistema produce lo intolerable y los sujetos dispuestos a tolerarlo", cómo confluyen ambas visiones al permitir utilizar sin complicaciones a Orwell y "transicionarnos" plácidamente al horrendo escenario vislumbrado por Huxley.

miércoles, 11 de noviembre de 2020

¿Medicina o salud?

Define la Academia la yatrogenia (mejor que iatrogenia, aunque también admite que se pueda escribir así) como la "alteración, especialmente negativa, del estado del paciente producida por el médico".  Del gr. ἰατρός iatrós 'médico' y γένος 'origen'. La yatrogenia es la enfermedad producida por la propia medicina, y es que, como decíamos el otro día, la medicina perjudica gravemente a la salud.
 

La yatrogenia no debe confundirse con el damnum iniuria datum per medicum o negligencia médica, delito contemplado ya en el derecho romano, que es otra cosa. La yatrogenia es inherente a la profesión médica. Tampoco debe confundirse con los efectos secundarios de los medicamentos, a veces más perjudiciales que beneficiosos los primarios. Hay pruebas diagnósticas que detectan falsos positivos y que acaban generando por efecto nocebo una enfermedad que antes no existía. Hay medidas profilácticas que se le imponen a la población, como el confinamiento ciego, indiscriminado y domiciliario, a raíz del virus coronado-cosecha 2019, que no sólo no son en absoluto saludables, sino que son perjudiciales para la salud y el bienestar de los pacientes votantes y contribuyentes. Hay fármacos cuyos efectos secundarios desconocen los propios médicos que los recetan y son peligrosos. La medicación, por ejemplo, basada en estatinas contra el colesterol favorece, al parecer, la aparición de la diabetes. 


La yatrogenia tiene que ver con la propia medicalización de la vida humana, es decir, con la relación que convierte al médico en señor feudal y al paciente en su vasallo que a la vez se hace cliente de la industria farmacéutica y de la figura del célebre boticario. Todos somos enfermos en el siglo XXI. «La medicina avanza tanto -vaticinó Aldous Huxley una vez- que pronto estaremos todos enfermos». Bien, pues ese día ha llegado ya con la explosión globalizada del susodicho virus coronado. Todos somos susceptibles de ser portadores del bicho microscópico, aunque seamos asintomáticos, es decir, aunque no lo sepamos ni lo padezcamos. Todos somos peligrosos para nosotros mismos y para los demás. Pero el Estado, el más frío de todos los monstruos, según Nietzsche, adoptando la mascarilla terapéutica que lo convierte en Estado Terapéutico, vela por nosotros,  es decir, por nuestra salud intoxicándola.

La industria farmacológica avanza también que es una barbaridad, como decía el otro. Y, a veces, dice el refrán, es peor el remedio que la enfermedad. Ya lo sugirió Virgilio en el verso 46 del libro XII de la Eneida, donde canta la uiolentia Turni, la agresividad que Turno, el rival de Eneas, siente. El rey Latino intenta aplacar esa furia con sus palabras: ¿Por qué Turno no renuncia a sus pretensiones, viene a decirle, y permite que se haga la paz? El caso es que la violencia, la enfermedad mental en este caso, diríamos nosotros, que siente Turno no se doblega con esas palabras, sino que "exsuperat magis aegrescitque medendo": se acrecienta más y se agrava intentando curarla. La cura encona la enfermedad. O como tradujo el doctor don Gregorio Hernández de Velasco (Toledo, 1555) el hexámetro virgiliano con un hendecasílabo: "Y cuanto más le curan, más enferma".

La medicina no debería consistir en un hacer algo por hacerlo, cuando generalmente la mejor terapia es deshacer o no hacer nada. Ya lo dice la sabiduría popular desengañada: "Sana, sana, culito (colita, según otras versiones) de rana; si no sanas hoy, ya sanarás mañana".

El trabajo de Hércules de enfrentamiento con la Hidra de Lerna nos ilustra sobre este punto y enseña una lección: la solución del problema en lugar de acabar con él, que sería la disolución o análisis propiamente dicho del problema, multiplica el problema.