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lunes, 20 de julio de 2026

Cortina Verde de Humo

Cortina Verde es una viñeta satírica que publicó el dibujante cubano-mejicano Ángel Boligán en 2022 en El Universal de Ciudad de Méjico, satirizando cómo los grandes eventos deportivos, como la Copa Mundial de Balompié, retransmitidos por las cadenas de televisión, distraen la atención pública de los bombardeos que suceden detrás de la ventana, una ventana tapada a modo de cortina de humo verde por la pantalla. 
 
Fue publicada originalmente durante la Copa Mundial que se celebró en Qatar e ilustra a un telespectador cómodamente apoltronado en una butaca ante una enorme pantalla plana viendo, se supone, el partido balompédico.  La televisión, que alguien definió alguna vez como pequeña pantalla, tiene cada vez más pulgadas, asemejándose a la gran pantalla de una sala de cine, y cubre físicamente una ventana a través de la cual se observa un escenario explícito de guerra, bombardeos y destrucción. El telespectador está entretenido con una copa de licor al lado viendo cómo se mueve la pelota inmóvil de Parménides en un campo de balompié mientras otras cosas suceden detrás de la pantalla que las tapa: el balompié es la tapadera. La imagen vale igualmente para la Copa Mundial de la FIFA de 2026 que final- y felizmente ha concluido ya, al margen de su resultado, que poco o nada importa para el caso que digan que seamos campeones del mundo mundial.
 
 
El espectador utiliza activamente el mando a distancia de control remoto para aislarse por completo de la crueldad del mundo exterior a través del entretenimiento deportivo que las autoridades le brindan, como los espectáculos circenses que ofrecían a la plebe los emperadores romanos para que los plebeyos se divirtieran y pasaran un buen rato, olvidados de la dura y cruda realidad, e hicieran sus apuestas.
 
De igual modo, miles de pantallas gigantes se instalaron en diferentes espacios públicos desde el inicio de este Mundial a lo largo y ancho de todo el globo que, a Dios gracias ha acabado ya, para que la gente pudiera seguir los partidos al aire libre en las tardes y noches de verano, compartiendo las emociones con otros cientos o miles de personas. La cosa no se quedaba ahí: había música, y animación, pintacaras (sic), repartos de banderines nacionales, horrísonas vuvuzelas, bombos rimbombantes, y un sentimiento de desaforado patriotismo por doquier, exacerbado ya por la victoria.
 
Antes del partido se organiza el banderazo, una concentración masiva de aficionados e hinchas que se reúnen para cantar, desplegar banderas nazionales y dar aliento a su selección nazional. Ya hablamos en Amor a los colores hace cuatro años, con motivo del triunfo la Roja en la Eurocopa, de lo que hay detrás de esta expresión. El análisis sigue siendo válido, más que nunca, ahora mismo. Estas viñetas recientes de El Roto y de Tute también nos ilustran:
 
 
La familia real y el presidente del gobierno españoles han asistido al magno evento. Lo han hecho por separado, pero eso es lo de menos, aunque hayan utilizado tres aeronaves para cinco personas: el rey, la reina y la infanta en una; la princesa en otra; y el presidente en otro avión, el de sus desplazamientos. Lo de más era brindar su apoyo a "nuestra" selección, la Roja. Está claro que el balompié es un asunto del máximo interés nazional, como dijo un ministro hace casi treinta años  para garantizar por ley que los encuentros balompédicos más importantes pudieran verse gratis en televisión abierta y no quedaran atrapados exclusivamente en las plataformas de pago.   
 
 
Mientras nos entretenían y distraían con el Mundial de balompié a modo de tapadera de la realidad política, económica y social, seguían con su agenda programada, velando siempre por nuestro bien y seguridad.