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viernes, 18 de septiembre de 2026

Rasgarse las vestiduras

   Unos conocidos y grandes almacenes, El Corte Inglés, han sido denunciados por vender una camiseta infantil que reza, en la lengua del imperio, of course: SMALL ONES ARE MORE JUICY, o sea:  Los pequeños (o las pequeñas, dependiendo del contexto) son más jugosos (o jugosas). El eslogan podría recordarnos algo vagamente a aquello que se dice a veces entre nosotros de que la esencia fina se vende (o mejor se guarda, para evitar la prostitución del mercantilismo) en pequeños recipientes. Sin embargo, una proclamación ingenua a primera vista como esa ha resultado que no era lo que parecía... 
 
    Si sabemos algo de inglés, vemos enseguida que juicy («jugoso»), además de referirse al jugo de una fruta (ius, iuris, en latín, con el significado de 'jugo, caldo, salsa'), tiene también una connotación sexual en usos coloquiales, por lo que el mensaje primario "lo pequeño es más sabroso (que lo grande)", escondería una alusión al sexo de las tiernas criaturas infantiles, y sería una proclamación pedófila, y en toda regla pederasta.  
 
    La camiseta se encuentra dentro de la línea de talla infantil "kids" de dichos almacenes, y se promocionaba como “camiseta de tirantes con volante en los laterales”, más apropiada para niñas que para niños, por lo que se trataría de un mensaje de pederastia heterosexual. Debemos, por lo tanto, leer: Las pequeñas son más jugosas (que las grandes o mayores), una opinión personal tan estúpida como la contraria, que sería acaso: Las mayores son más sabrosonas. Esto ha hecho que algunas asociaciones de consumidores biempensantes no exentos de la vieja moralina se hayan rasgado las vestiduras enseguida como hacían en la biblia los patriarcas para expresar su sacrosanta indignación.
 
La camiseta en cuestión
 
   Así pues, según los escandalizados, se incurre en un mensaje que incita a la pedofilia por la connotación sexual del doble sentido del término en cuestión. Pero hay algo más alarmante, que es que el eslogan viene ilustrado con una fruta abierta, algo así como un kiwi por el exterior marrón y peludo y, sobre todo, el interior verde con el centro claro y las pequeñas semillas características. El dibujo del kiwi abierto por su mitad funciona como ilustración aparentemente inocente, pero añadido al eslogan parece otra cosa, que no es una simple broma, sino algo muy serio que no deja lugar a muchas dudas: el fruto elegido sugiere en las mentes calenturientas de los escandalizados, por la disposición simétrica de los elementos y por la zona central blanca, un orificio entreabierto, es decir, una representación esquemática de una vulva, que es la forma culta de denominar al coño. 
 
    En definitiva, exigen retirar la camiseta por el mensaje sibilino que encierra de que los chochitos o coñitos son más suculentos que los grandes coños, que resultan un coñazo, donde, por cierto, se le aplica al término vulgar para referirse a la vulva, el sufijo -azo, que denota en castellano un golpe contundente de una acción brusca, como martillazo, o cañonazo, aunque también gran tamaño como en el caso de cochazo.     
 

    No es la primera vez que estos grandes almacenes sacan mensajes polémicos en la ropa infantil. En 2014 tuvieron que retirar unos bodies para bebés que decían: el de color azul “Inteligente como papá”, y el de color rosa “Bonita como mamá”, tras las críticas recibidas de los feministas por sexismo, dado que utilizaban estereotipos de género que atribuían la inteligencia -y otras veces la fuerza-  al padre, es decir, al hombre, y la belleza a la madre, es decir, a la mujer. El significado de los colores puede muy bien invertirrse y considerarse el rosa, vecino del rojo, que es símbolo de la sangre y por lo tanto de la guerra, masculino, mientras que el azul, sobre todo en su variedad azul celeste, se asociaría a la virgen María, y por consiguiente a las niñas, siendo un color femenino, como de hecho parece que fue históricamente, hasta que se invirtieron las modas por estrategia comercial.   
 
    Esos estereotipos o prejuicios, que no dejan de ser opiniones personales tan ridículas como las contrarias y las comentadas anteriormente sobre lo pequeño y lo grande, podrían normalizar o fomentar, según los denunciantes escandalizados, la violencia sexual contra las mujeres, niñas, niños y adolescentes, así como normalizar la prostitución, cosas que, por otra parte, están bastante ya normalizadas.

martes, 7 de junio de 2022

¿Niño o niña?

    A algunos les puede parecer educativo o que no está mal que se les enseñe a los niños y adolescentes a decir cosas como “pene” y “vulva” en lugar de “pito” y “chocho”, que dicen los primeros, o en vez de “picha” y “coño” que dicen más bien los segundos, porque tanto unos como otros tienen que aprender a hablar “bien”. Son términos cultos. Puede que eso sea educativo, no vamos a ponerlo aquí en duda ni a negarlo. A fin de cuentas, una de las funciones de la educación es ampliar el registro lingüístico de las personas, y enseñarles que hay eufemismos para nombrarlo todo, incluso para sus partes más íntimas, como dirían los finolis.

    Pero lo que ya pasa de castaño oscuro es que además de inculcarles el registro culto del lenguaje con términos como esos de “pene” y “vulva”, los adoctrinen diciéndoles cosas como la siguiente, que está sacada de un libro de texto supongo que de educación sexual o algo así, no sé si de primaria o de secundaria, pero poco importa:


    Viene un dibujo de un montón de niñas desnudas (curiosamente todas con el estereotipo de la melenita de pelo largo) y el siguiente texto: "La mayoría de las chicas tenemos vulva y algunas tenemos pene”. Como la mayoría no son todas, se aclara que hay algunas que no comparten el atributo sexual característico. A continuación otro dibujo de un montón de niños desnudos (curiosamente todos con el estereotipo de pelo corto) y el siguiente texto correlativo: “La mayoría de los chicos tenemos pene y algunos tenemos vulva”.

    Es un buen ejemplo de cómo el estereotipo sexual, lejos de desaparecer sin más, ha dejado de depender del sexo, y el sexo ha pasado a depender del estereotipo. Resulta curioso cómo lo que se planteaba como una crítica de los roles sexuales acaba siendo su más acérrima defensa. Y es un buen ejemplo, además, de cómo se está engañando a niños y adolescentes con la mejor intención del mundo, pues de lo que se trata según parece es de aceptar a los que no se sienten a gusto dentro del cuerpo que les ha tocado y de facilitarles la transición al cuerpo idealizado que desean. 

   Ha aumentado el número de casos de adolescentes y niños que dicen haber nacido en un cuerpo equivocado, pero en verdad o todos hemos nacido en un cuerpo equivocado, con el que no nos identificamos en absoluto, o, al revés, ninguna persona ha nacido en un cuerpo equivocado ni tiene por qué avergonzarse de él. 


     La teoría de que el sexo no es algo biológico sino ideológico comenzó en los años 90 en los campus universitarios de Estados Unidos, especialmente de la mano de la filósofa estadounidense Judith Buttler, extendiéndose por Estados Unidos, Europa y Canadá. Se trata de un constructo social que se impone de forma arbitraria al nacer y que, además, no es binario, no hay dos sexos, sino muchísimos más, infinidad de ellos... La típica pregunta ante un recién nacido: ¿Es niño o niña? Puede responderse ahora diciendo: ¡Será lo que quiera ser! Es pronto para saberlo.

    Lo paradójico de este movimiento es que, buscando la despatologización, perdón por el palabro, de los problemas vinculados con el sexo y el género, propone someter a las personas que no se identifican con su cuerpo un tratamiento fármaco-quirúrgico irreversible que conllevará probablemente una medicación de por vida. 

    Se maneja este dato, que no he comprobado pero que parece verosímil: en Estados Unidos, aproximadamente en los últimos 10 años, las clínicas de cambio de sexo se han multiplicado por cien. Han pasado de ser tres o cuatro hace unas décadas a ser ahora 300, 400.

    Hay un elogio de la individualidad permanente, un elogio del deseo irracional del átomo personal, de la subjetividad, donde lo que predomina es el sentimiento individual. Es un tipo de discurso que llama a descomponer la sociedad en individuos, a diluirla, a eliminar, disolver todo lo que nos une y, por el contrario, convertirlos en un montón de individuos aislados absortos en sus deseos.

    Una viñeta muy oportuna de El Roto en que una niña de rubios cabellos le pregunta a su padre cómo es posible que pueda elegir entre ser niño o niña y no entre rica y pobre. Y el padre le responde: Es que eso es muy difícil.