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domingo, 27 de septiembre de 2026

Pareceres CXXVI

620.- De la cuna a la tumba. Escribe Cioran, uno de los filósofos más lúcidos y desencantados del siglo XX -su extrema lucidez consiste en el desencanto-, el siguiente aforismo extraído de su libro "Del inconveniente de haber nacido", publicado en 1973: Después de ciertas experiencias deberíamos cambiar de nombre, puesto que ya no somos el mismo. ('Après certaines expériences, on devrait changer de nom, puisque aussi bien on n’est plus le même'). Cuestiona aquí el rumano la idea de que tenemos una identidad fija e inmutable. Hay experiencias a lo largo de la vida -en realidad la propia experiencia de la vida, independientemente de las circunstancias- que nos transforman de tal manera que el nombre propio que llevamos desde la cuna hasta la sepultura debería cambiar como nosotros porque no corresponde a la misma persona, puesto que el que teníamos de bautizo en el registro civil -ese vestigio de lo que fuimos- ya no nos corresponde ni identifica. Constantemente estamos dejando de ser lo que somos, y sin embargo seguimos llamándonos igual. Constantemente estamos viviendo, y, lo que es lo mismo, constantemente muriendo.

621.- El peso de la pobreza. Una entidad bancaria de las muchas que hay ha creado una fundación para evadir impuestos y lavar su mala imagen desarrollando una campaña benéfica que pretende luchar contra el Peso de la Pobreza, con inicial mayúscula y aliteración. Su eslogan es que muchos niños (y niñas, por supuesto, no vayan a acusarles de machistas por no mencionarlas, como si no estuvieran incluidas ya en el genérico masculino) cargan con un peso extra en sus mochilas. Los niños pobres ni siquiera tienen una mochila en la que cargar nada. Y añade, con las mejores intenciones del mundo: “Comparte el Peso (de la Pobreza -¿por qué no compartimos el Peso de la Riqueza?-) y miremos juntos hacia un futuro con menos cargas”. La información que nos brinda es que en España uno de cada tres niños o niñas está en riesgo de pobreza o exclusión social, lo que afecta a aspectos esenciales de su infancia, como la alimentación, la educación, el ocio o sus oportunidades de futuro. Y aquí viene lo mejor: Esta fundación trabaja “para aligerar estas cargas y favorecer que niños, niñas y adolescentes puedan desarrollar su potencial y construir su futuro”. Lo esencial para la fundación es desarrollar el potencial y construir el futuro, ese trampantojo.

622.- Teléfono móvil vs. teléfono fijo: Cuando sonaba el teléfono fijo o alámbrico que había antaño en casa -uno para toda la familia- y no lo cogía nadie, se entendía que no había nadie en casa, que habíamos salido, y no pasaba nada. No constituía un motivo de especial preocupación. Desde que hemos incorporado -nunca mejor dicho- el móvil o inalámbrico individualmente a la anatomía del cuerpo serrano de cada uno como un apéndice más, no podemos salir porque estamos siempre dentro, permanentemente conectados. Si suena y no lo cogemos, mala cosa porque ha podido pasar cualquier percance: un accidente, un problema médico o una abducción extraterrestre. El teléfono móvil ha venido paradójicamente a inmovilizarnos, acabando con nuestra libertad de movimiento, ya que, como dicen los pedantes, nos geolocaliza. Ahora es imposible salir de casa, porque la casa, como la concha de los caracoles, va siempre con nosotros: no podemos salir de nosotros mismos. Imposible emboscarse y ocultarse.  Siempre estamos disponibles. Desaparecer se ha vuelto sospechoso. Apagar el teléfono es cosa de fugitivos. Dejarlo en casa es como salir a la calle en pelotas. Hemos perdido el derecho a la intimidad. ¡Qué descanso poder viajar a algún lugar inexistente donde no haya cobertura! La multifuncionalidad del esmárfono hace que sea teléfono, cámara fotográfica y de vídeo, brújula, linterna, portal de acceso a la Red y a las redes sociales, y mil cosas más. La portabilidad hace que sea él el que nos porta a nosotros.  
 

623.- Faro Santander. De mi visita al recientemente inaugurado Faro Santander, cuya antigua sede en el Paseo Pereda en forma de arco de triunfo se ha convertido ahora en un pretencioso museo que pretende deslumbrarnos, no puedo decir gran cosa buena: he admirado unos pocos cuadros de Goya, El Greco y Velázquez. No me he detenido mucho en la exposición dedicada a Leonora Carrington titulada 'Surrealismo sintomático' (sic), de la que solo hay  dos cuadros menores que pintó en Santander, precisamente. Y me detuve un poco más en la muestra de la colección Gelman de arte mejicano, llamando mi atención este dibujo de Frida Kalho, conocido como Bomba Atómica (c. 1951), que representa satíricamente a la Estatua de la Libertad neoyorquina, que ya no sostiene una antorcha que ilumina al mundo, sino la "bomba atómica", de la que cuelga una bolsa que contiene "dinero", reflejando el poderío económico asociado con el militar. El pedestal sobre el que se alza la alegoría está adornado con figuras pequeñas y sus nombres propios: Truman y MacArthur, Hitler y el 'papa', a la derecha; Franco, capitalista y Mus(s)o(lini)? a la izquierda, todos ellos personajes que han pasado a la historia y encarnado el poder. Estas figuras se alzan sobre los que están debajo, como dice la anotación inferior: "rojos? comunistas negros y de todo".
 
624.- Tres palabras raras. Me llega un poema breve de la poetisa polaca Wislawa Szymborska (1923-2012), cuya obra desconocía, que reflexiona sobre tres palabras abstractas que, al pronunciarlas, crean tres curiosas paradojas. Se titula "Las tres palabras más extrañas", perteneciente a su poemario "Poesía no completa" (2002). Dice así en traducción de Abel A. Murcia: "Cuando pronuncio la palabra / Futuro, la primera sílaba / pertenece ya al pasado. / Cuando pronuncio la palabra / Silencio, lo destruyo. / Cuando pronuncio la palabra / Nada, creo algo que no cabe / en ninguna no-existencia". (Lástima la introducción de esa palabra "no-existencia" o  "inexistencia", con la negación incorporada. Hubiera sido mejor algo más sencillo, y por lo tanto más poético, como: "Cuando pronuncio la palabra / Nada, creo algo que no cabe / en ningún sitio". Al pronunciar esas tres palabras se modifica aquello que designaban: el futuro comienza a convertirse en pasado, el silencio deja de reinar, roto por la palabra que lo nombra, y la nada adquiere una entidad que no poseía. Estas palabras no se limitan a nombrar la realidad, sino que la alteran, como en la viñeta de la biblioteca de Sempé.
   

sábado, 1 de marzo de 2025

La desgracia de ser uno... lo que sea

“La desgracia de ser griego” es el título de un librillo que lo dice todo sobre la temática que aborda. Su autor es el escritor griego contemporáneo Nicos Dimu (mejor que la transcripción Nikos Dimou de la portada), y ha sido traducido con gran éxito al castellano, francés, inglés, alemán, italiano, chino y búlgaro. El libro se compone de 196 aforismos o máximas breves como los trinos de los pájaros, a modo de modernos tuits, que se leen en poco tiempo pero que nos hacen cavilar mucho más de lo que podría parecer a primera vista. Fue publicado en 1975, traducido en 2012 al castellano por Vicente Fernández González y publicado por Anagrama; escrito hace cincuenta años, está sin embargo de plena actualidad por aquello, tal vez, de Machado de que "hoy es siempre todavía". 

A Nicos Dimu le duele Grecia, y reflexiona sobre las causas de ese dolor. He aquí algunos de sus pensamientos: 

Si el ser humano, en cuanto humano, lleva dentro de sí la desgracia, ciertas categorías de seres humanos tienen mayor propensión a ella. E incluso ciertas naciones. Entre ellas, sin duda alguna, los griegos. Los griegos de hoy... Es decir que si ser humano implica ya la certeza de cierta cantidad de desgracia, ser griego augura una cuota mayor. 

Los griegos siguen considerando a su Estado un vilayato otomano. Tienen razón. 

Un mito: “El cuello del griego no soporta yugo”. Busco y busco otro pueblo cuyo cuello haya soportado tantos yugos como el nuestro. 

Se plantean a menudo estos aforismos el problema de la identidad nacional griega, y descubren en esta búsqueda la contradicción esencial: Los griegos siempre buscarán su patria en otras patrias; y las otras patrias en la suya. ¿Encontrará alguna vez esta gente su rostro? O acaso sea la contradicción su verdadero rostro. 

Se agradece por otra parte algún aforismo de alcance más general como el siguiente: El peor capitalismo no es el personal (paternalista, familiar), sino el impersonal. 

Reflexiona finalmente el autor en el epílogo de su libro sobre las contradicciones que minan la identidad nacional de los griegos, que los vuelve inseguros e inestables. Y escribe: Están escindidos entre su glorioso pasado y su precario presente, entre su mentalidad oriental y su aspiración europea, desgarrados entre las fuerzas de la tradición (como la Iglesia ortodoxa) y la modernidad. Su destino no es un destino fácil. 

 

Aunque habla de Grecia, lo que dice no trata sólo de Grecia, es perfectamente exportable y extrapolable al resto del universo mundo, y cómo no, también al rabo de toro de Europa que es esta España nuestra. Los aforismos -agudos como dardos- «Dondequiera que vaya, Grecia me duele», que es un verso de Seferis, o «Todos cuantos amaron esta tierra murieron jóvenes, suicidas o locos. Grecia es una amante cruel», podría haberlos suscrito, cambiando sólo un topónimo, nuestro don Miguel de Unamuno, al que le dolía -y mucho- España.

domingo, 22 de septiembre de 2024

Identidad nacional y personal

    Un histórico líder sindicalista y socialista que fuera secretario general de la Unión General de Trabajadores durante más de veinte años (1994-2016) aboga por recuperar el servicio militar obligatorio en España, la vieja mili, como una manera de “repasar los rasgos que nos unen” a todos los españoles, ya que se "se está deshilachando la identidad nacional". 
 


    Llama mi atención enseguida el uso de dos metáforas costureras: el deshilachamiento de la identidad nacional, y la necesidad de repasarla, en el sentido de recoser o remendar la ropa que lo necesita, zurciéndola.  En una entrevista concedida a la prensa a raíz de la publicación de su ensayo titulado “Por una nueva conciencia social” (Deusto, 2024), decía literalmente: "Defiendo la recuperación de la mili; una mili diferente de la de mi época, de unos meses y que evidentemente sea paritaria". Con lo de 'paritaria' supongo que se refiere a que no discrimine a las mujeres, es decir, que sea obligatoria para los varones, como lo era antaño, y para las féminas. Ahí tenemos a la princesa dando ejemplo y formándose militarmente en ardor guerrero para ser la futura jefa del Estado.
 
    Habría que especificar también que, como contempla la constitución española, se reconozca el derecho a la objeción de conciencia, y por lo tanto aquellos españoles que se declaren objetores no podrán ser obligados a empuñar las armas, aunque podrán desempeñar un servicio social alternativo que sirva también para recoser nuestra deshilachada identidad, por seguir con la metáfora del sastre.
 
 
    El líder sindicalista que ya ha pasado a la historia porque ya es histórico pone como ejemplo de país europeo y moderno donde los haya que ha recuperado el servicio a las armas a Suecia, que siempre nos ha dejado con la boca abierta a los españolitos por los ojos azules y blondos cabellos de los suecos y las suecas, que cuando venían a España a veranear en los años oprobiosos de la dictadura no dudaban en exhibir sus carnes al sol y sus osados biquinis.
 
    El sindicalista ugetero se ha mostrado partidario de recuperar -no sé si dijo exactamente 'restaurar'- dicho servicio, aunque ha reconocido que “los primeros que están en contra son los militares profesionales, porque quieren dirigir el gasto hacia la inversión tecnológica”.
 
    Detengámonos un poco en la metáfora que ha empleado el líder sindicalista: La identidad española debe ser algo muy frágil, ya que ha perdido las hilachas que se desprenden del tejido que hemos de suponer raído por el uso. La identidad nacional se nos rompió como el amor de tanto usarlo, que decía la canción, lo que pone de relieve que no era muy consistente su tejido. La identidad nacional viene a ser en la imaginería de la metáfora así algo como un trozo de tela, una prenda con la que recubrimos la desnudez de nuestros propios cueros. Imaginemos que se trata, por ejemplo, de una bandera, que según él "en España, a diferencia de Estados Unidos, no nos emociona", bandera que no deja de ser un trozo de tela que se emplea como enseña de una nación. Y a ese pendón, que representa nuestra identidad, se le jura fidelidad, en el acto solemne de la jura de fidelidad a la bandera. Con la bandera se ha recubierto muchas veces el ataúd de los que han caído en defensa de la tierra de su padre, la madre patria.
 
 
    La defensa de la identidad nacional me recuerda un poco a la defensa de esa otra identidad, que es la personal, que hace por ejemplo que una fundación privada que lleva el nombre de un político catalán dedique sus fondos económicos a investigar que la enfermedad que diagnosticó el doctor Alzheimer deje de arrebatarnos la identidad a las personas, olvidando que esa pérdida no deja de ser una ganancia, ya que como escribió el sabio Aristóteles los viejos “viven más del recuerdo que de la esperanza, porque de la vida lo que les queda es poco y lo pasado mucho, y la esperanza es del futuro, mas la memoria del pasado. Lo cual es causa de su locuacidad, pues pasan su tiempo hablando del pasado, porque con los recuerdos se complacen”.
 
    No hay nada de malo en que se deshilache la máscara de nuestra identidad personal o nacional. No hace falta que venga ningún alfayate a remendar nuestra identidad haciéndonos empuñar el chopo. No hace falta que vuelva la puta mili, porque el servicio militar obligatorio no se ha ido nunca, ya está implantado y es paritario desde hace tiempo en las Españas con una duración de diez años, desde los 6 hasta los dieciséis,   bajo los nombres de EP, Educación Primaria, y ESO, Educación Secundaria Obligatoria.

lunes, 5 de febrero de 2024

El beduino que no sabía quién era

     A Bagdad desde el desierto llegó un joven nómada beduino,  y el tráfago enseguida de la ciudad lo dejó al pobre muchacho aturdido y perplejo. En medio de tanto estrépito y  ruidoso bullicio de gentes que iban y venían de acá para allá, decidió, fatigadísimo como estaba de la larga travesía tomar un baño para quitarse el polvo del desierto e irse a descansar enseguida, confiándose al sueño reparador. Pero le entró entonces una más que razonable duda en la posada: Cuando me despierte, entre tanto gentío, se dijo, ¿cómo voy a reconocerme a mí mismo y no confundirme con otro?; ¿cómo sabré que soy yo y no otro vecino?; ¿cómo sabré quién soy?


     Imbuido en la preocupación de sus cavilaciones, decidió hacerse una señal atándose un lazo de fina seda de Damasco en la verga. Y más tranquilo, se entregó al sueño más reparador y al olvido de Bagdad, de sus gentes y de todas las fatigas del viaje y las cosas del mundo. Pero un mercader avaricioso, que yacía cerca de él y había visto lo que había hecho el joven, sospechando que quería esconder algún secreto, esperó a que se durmiera el beduino, y,  tendiéndose a su lado, cuando cerró los ojos, comenzó a meterle mano bajo la chilaba sin que se diera cuenta, le desató la lazada con cuidado y robó el lazo de seda sin despertar a su dueño que dormía despreocupado. Grande fue su decepción al comprobar que aquel lazo de seda no ocultaba el plano de ningún tesoro ni ningún mensaje importante ni tenía por lo tanto ningún valor.  

Mezquita de Ahmed Khiaga y plaza del mercado, Bagdad

    Al despertarse a la mañana siguiente el árabe precavido, su primera preocupación fue buscar, llevándose las manos a sus verijas, su personal distintivo. ¡Cuál no sería su sorpresa al ver que no halló el lazo en donde lo había ocultado!

    Ah, me encuentro en la tesitura de no saber quién soy, pues si yo soy yo ¿cómo es que no está en mi verga mi personal distintivo? Y si yo soy otro distinto de mí ¿dónde estoy yo, que me hago esta pregunta?  Y ¿quién soy yo, si ahora mismo he perdido el norte y el rumbo y mis señas propias de identidad?

    oOo 

En la Casa de la Moneda se fabrica a Dios. (Juan José Millás)



"Lo que más identidad proporciona en este mundo es la pasta" (Juan José Millás)

domingo, 14 de enero de 2024

Soy nadie

    Soy nadie es uno de los poemas breves más conocidos de la norteamericana Emily Dickinson (1830-1886), en el que exalta la gloria de ser un don Nadie, del que hay dos versiones, la manuscrita y la publicada inicialmente en 1891, que traduzco aproximadamente conservando ritmo yámbico y rimas:


¡Soy nadie yo! Y tú ¿quién?
¿Eres nadie también?
¡Entonces somos dos! Silencio.
Nos echarían, sabes.

 ¡Qué horror ser alguien! ¡Qué vulgar
croar como una rana
el propio nombre todo el día
a charca que se ufana!

 

     El manuscrito de la autora presenta algunas variantes, como puede comprobarse en el Emily Dickinson Archive, que no alteran sin embargo el sentido de un poema que viene a decirnos que el anonimato es preferible al renombre de la fama, y que invita al lector a sumergirse en  un nosotros común que se opone a un ellos, los que son alguien.

Emily Dickinson (1830-1886)
 
¡Soy nadie! ¿Quién eres tú?
¿Eres -Nadie- también?
¡Entonces somos dos! 
¡No lo digas! lo divulgarían, ¡ya sabes!
 
¡Qué deprimente ser Alguien!
¡Qué vulgar, como una rana,
pasar todo el verano repitiéndole tu nombre
a un charco admirado! 
 
(Traducción de María Negroni)
 
 

viernes, 17 de noviembre de 2023

"Yo soy Espártaco"

    Una de las escenas más memorables de la película Espartaco (1960) de Stanley Kubrick, basada en la novela histórica homónima del escritor norteamericano Howard Fast (1914-2003), es cuando Marco Licinio Craso, jefe del ejército romano, dando muestra de su clemencia, les promete a los esclavos prisioneros que les será perdonada su vida (“Esclavos erais y esclavos volveréis a ser”), librándose del terrible castigo de la crucifixión a condición de identificar el cadáver o la persona en el caso de que aún viva, del esclavo llamado Espártaco -restituyo la pronunciación esdrújula original de su nombre-, que era el cabecilla de aquella sofocada rebelión.



     Se produce entonces un tenso silencio embarazoso. Los esclavos se miran unos a otros. No saben si denunciar al que ha sido el inspirador de la revuelta o guardar silencio. Es entonces cuando el personaje real llamado Espártaco, interpretado magistralmente por Kirk Douglas, se levanta, pero lo hace a la vez que él su amigo Antonino y otro esclavo que está a su lado, y pronuncian los tres al unísono “Yo soy Espártaco”. 
 
    Enseguida todos y cada uno de los esclavos restantes se levantan y pronuncian a coro: “Yo soy Espártaco”. Evidentemente todos no pueden ser Espártaco, pero todos se identifican como tal. Pero el personaje real, que se ve arropado por los demás, tampoco es Espártaco verdaderamente, porque ese nombre ya no es el nombre propio de un individuo, de un átomo personal y singular, sino que se ha convertido, digamos como por arte de magia, en un nombre común de toda una asamblea, y por lo tanto deberíamos escribirlo con letra inicial minúscula, como se hace con los nombres comunes: "Yo soy espártaco", el nombre del movimiento que pretendía abolir la esclavitud. 
 
    Algo parecido, pero al revés, de aquello del evangelio, cuando Jesucristo exorciza a un endemoniado y dirigiéndose al espíritu impuro, según la traducción de Nácar-Colunga que manejo, le pregunta: "¿Cuál es tu nombre? Contestó él: Legión, porque habían entrado en él muchos demonios" (Lucas, 8, 30), Su nombre era Legión, un nombre común que asciende así a la categoría de nombre propio, porque no es uno solo sino muchos los que habitan dentro de ese nombre común. En el caso que nos ocupa ahora la situación es inversa: un nombre propio se convierte en común y adquiere un significado simbólico, y pasa de ser el nombre de un individuo personal a ser el de una colectividad.
 

 
     Me parece una escena magistral porque muestra la falsedad y la realidad al mismo tiempo del fetiche de la identidad personal: El yo que habla, que en este caso es un yo coral o una multitud de yoes individuales, pero no una voz individual, afirma que él es el yo real, identificándose con el yo del que se habla y por el que se pregunta para darle un escarmiento: Espártaco, lo que en verdad es imposible, porque nuestros nombres propios no dejan de ser pseudónimos al fin y al cabo.
 
    De este modo queda desdibujado el bulto de la identidad personal real de Espártaco, que identificándose como tal está negando, con el simple hecho de decirlo, la verdad de la realidad que afirma. Así como está claro que los demás no pueden ser el Espártaco real de carne y hueso, tampoco el primero que lo dice lo es el que dice ser, sino uno más de esa multitud que grita al unísono la mentira de la identidad personal.
 
 
 
      La escena no es un hecho histórico propiamente dicho, sino propio de la ficción no sé si ya de la novela, que no he leído, o solo del guionista de la película de Kubrick Dalton Trumbo. Si queremos consultar la historiografía oficial,  S. I. Kovaliov cuenta en su "Historia de Roma" a propósito de la muerte de Espártaco: "En la primavera del 71 (sc. antes de nuestra era) tuvo lugar en Apulia la última batalla. Los esclavos combatieron con un valor desesperado: 60.000, entre ellos Espártaco, cayeron en la lucha. El cuerpo de Espártaco no fue encontrado. Los romanos solo perdieron 1000 hombres; 6000 esclavos hechos prisioneros fueron crucificados a lo largo del camino que iba de Capua a Roma. Sin embargo, todavía algunos grupos aislados, escondidos en las montañas, continuaron durante mucho tiempo combatiendo contra los romanos."