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martes, 7 de julio de 2026

¡Viajeros al tren!

El escritor Paul Bowles estableció una distinción entre viajero y turista. El turista tiene billete de ida y vuelta. El viajero, solo de ida. El turista se mueve para confirmar lo que ya conoce y ha visto en folletos turísticos, fotografía las cosas que hay que ver para demostrar que ha estado allí, y publica sus fotos en las redes sociales, mientras que el viajero viaja sin rumbo fijo ni destino preestablecido. 
 
Giorgio Agamben, por su parte, publicaba hace poco Hombres y turistas, una pequeña reflexión sobre el hiperturismo o turismo de masas de nuestro mundo en la que comenta cómo el Grand Tour, el viaje de estudios que a partir del siglo XVIII realizaban los aristócratas e intelectuales europeos a Italia para conocer en vivo y en directo su arte y su cultura, se ha masificado y convertido ahora en un fenómeno de masas.
 
 
Algo tiene que ver, según él, este turismo masivo con las peregrinaciones a los santos lugares, y al hecho de que las ciudades se hayan convertido en extrañas para sus propios habitantes, porque el turismo las ha destruido, y ellas han dejado de estar vivas. 
 
Nos hemos convertido todos en turistas, somos en todas partes ”extranei et peregrini”, forasteros en nuestra propia ciudad, que ya no es ni ciudad ni nuestra siquiera, cuyas viviendas se han convertido en alojamientos turísticos. Se ha cumplido la constatación teológica de que todos en este mundo, según el apóstol san Pedro, somos extranjeros y peregrinos. En la primera epístola, en efecto, del apóstol se decía (2.11): "Queridos míos, os suplico que como extranjeros y peregrinos -o peregrinos advenedizos, en otra traducción-que sois en este mundo  os abstengáis de los deseos carnales que combaten contra el alma".  
oOo 
 “¡Viajeros al tren!” 
 
En noches veraniegas, cantan los grillos:  Se acabaron los viajes; llegó el turismo.
 
Ya no queda viajero ninguno vivo, pasajero que vague sin rumbo fijo.

Hay romeros, viajantes y peregrinos, veraneantes que huyen, ay, de sí mismos,

turistas de ida y vuelta, siempre a lo mismo, yendo y viniendo para cambiar de sitio.

 ¿Dónde aquellos se fueron trenes antiguos? Muertas yacen sus vías en el olvido. 

Mil cruceros y aviones ahora mismo surcan mares y cielos  azul marino. 

Los reactores sueltan su chorro líquido, dejan al paso estelas en el vacío. 

Hay turoperadores operativos y hay agencias que venden nuevos destinos.

Ya no hay viviendas, solo bloques de pisos, cientos de alojamientos, nichos turísticos.

Ya no quedan ciudades, las han destruido, solo acaso necrópolis donde vivimos.

 ¿Quiénes son, me pregunto, los modernísimos bárbaros invasores ahora mismo?

Idiotas, somos ellos nosotros mismos... En noches de verano, cantan los grillos.