En el Páramo de Masa,
allá en Castilla la Vieja,
arrastra el viento un lamento
cual ánima siempre en pena.
Sordas explosiones rompen
el silencio que campea.
Retumba, desierto, el yermo,
y estremecido retiembla.
En la fragua de Vulcano
que fabrica las tormentas
cientos de obreros trabajan
a sueldo para la empresa.
de pólvora siempre seca,
misiles de largo alcance,
-¡Que venga Dios y lo vea!
Razones geopolíticas
de estratégica defensa
-si uis pacem, para bellum-
esgrimen de su existencia
ante el estado del mundo
a fin de saldar las cuentas
de la Atlántica Alïanza
y de la Unión Europea.
El dinero mueve el mundo
y hace que medren las ventas;
llena el Estado sus arcas
defendiendo sus fronteras.
Llaman defensa a las armas,
y preparan la contienda.
En el frente de combate
las vidas se hacen moneda.
Se rearma Europa y baila,
ebria, la danza guerrera
adorando al torvo Marte
que despliega sus banderas.
Quintanilla-Sobresierra,
donde el viento aúlla y brama
y la soledad atruena.
Cielo y tierra se confunden
-Merindad del Río Ubierna-
en la llanura infinita
de la desnuda meseta.
En el Páramo de Masa,
allá en tierras burgalesas,
munición para la paz,
munición para la guerra.


