6.- De Madring al cielo. La bandera de España más grande del mundo, nuestra enseña nacional rojigualda, ondea ya en los madriles desde el martes pasado con sus treintayséis por setentaydós metros cuadrados -¡a ver quién la tiene más grande!- para el evento de la Fórmula Uno que se prepara para el mes de septiembre en la capital de las Españas. Han sacado hasta un eslogan: De Madring al cielo. Madrid se convertirá, si Dios (o nadie, que es lo mismo) no lo remedia, en el anillo loco donde los coches de carreras dan vueltas sin cesar, las modernas cuadrigas de los romanos, después de que trascurra el mes de agosto. Previamente La Comunidad de Madrid ha tenido que desviar la vía pecuaria que ponía en peligro la celebración del Gran Premio, no fuera a ser que algún rebaño de ovejas se inmiscuyera en el circuito e impidiera la celebración del magno evento, el tercero de este año, después de la visita del santo padre y la del cantante-rapero que se hace llamar en la lengua el Imperio El Conejito Malo.
7.- Nomofobia (No es lo que puede parecer porque no es un helenismo, sino un auténtico barbarismo por no decir una barbaridad) Me acabo de enterar de que existe una nueva fobia: la nomofobia, una aberración lingüística procedente del barbarismo anglosajón "no-mobile-phone phobia", una joya: el miedo irracional o la ansiedad intensa que experimenta una persona -es decir, un usuario- al estar separado de su apéndice móvil o al no poder utilizarlo y ser utilizado por él porque se lo ha olvidado al salir de casa, porque lo ha perdido o se lo han robado, o se ha quedado sin batería y sin telecomunicación posible... Un trastorno vinculado a la dependencia digital, es decir, a que el usuario no puede prescindir del dispositivo celular que lo utiliza. Y yo, echando mano de mis conocimientos de griego y en mi inocencia, creía que se trataba del miedo irracional a la ley, dura lex sed lex, nomos en la lengua de Homero.

8.- Otra de Tute: Quizá esa sea una de las frases más lúcidas que puede pronunciar alguien en el diván del psicoanálisis o en cualquier otra coyuntura después de haberse puesto la zancadilla a sí mismo. No porque anuncie una catástrofe, sino porque reconoce que el principal obstáculo para su felicidad no viene de afuera, sino de él mismo. Me recuerda a aquella historia del nómada que encontró una lámpara maravillosa, la frotó, salió un genio benévolo de su interior y le dijo: Pídeme un deseo. Y su deseo fue: Haz que desaparezca lo que no me deja ser feliz. Y el genio dijo: Dicho y hecho. E hizo desaparecer al individuo porque él mismo y no otro era su mayor peligro. La búsqueda infructuosa de la felicidad no le dejaba ser feliz o un poco dichoso por lo menos.
9.- Una de Toso Borkovic. Esta viñeta, titulada "Madman", o sea loco en la lengua del Imperio, y creada por Toso Borkovic representa satíricamente, dice la IA, a un líder incompetente conduciendo a sus seguidores a ciegas. La obra aborda temas como el liderazgo, la incompetencia y la ceguera de los fólogüers atuendados con uniformes napoleónicos. Pero es mucho más que eso: hay dos loqueros que se llevan al loco, es decir, a alguien que se cree Napoleón Bonaparte. Es un estereotipo este del “loco que se cree Napoleón”. Cuando se fundaron los primeros manicomios u hospitales psiquiátricos en los siglos XIX y XX, Napoleón era el personaje histórico más famoso del mundo. Era normal que quien experimentara delirios de grandeza tomara como referente al emperador que se coronó a sí mismo, arquetipo que se presentaba con un bicornio y la mano metida en el chaleco. Si había locos que creían que eran Napoleón, ¿quién se creía Napoleón Bonaparte que era? Seguro que también él creyó que era el que era, y se soñó Napoleón.
10.- Gobiernos renovables. Un nuevo primer ministro recién coronado democráticamente por los votos de sus compatriotas afirma lo siguiente: «El final de un poder llega cuando la gente empieza a reírse de él». El poder subversivo de la risa, en efecto, puede enfrentarse a la seriedad del Poder, cuestionarlo y hacer que caiga. El problema es que, como se ve en este caso, cuando finaliza el mandato de un primer ministro enseguida lo sustituye otro con toda la seriedad del mundo. Esta viñeta de El Roto no muy afortunada -no se puede ser sublime todos los días- nos lo recuerda: No es una reivindicación popular. Los gobiernos, desgraciadamente, son renovables: se renuevan de forma que siempre haya gobierno: a rey muerto, rey puesto.



