jueves, 4 de junio de 2026
Que no somos libres
miércoles, 1 de mayo de 2024
La fascinación del Santo Padre
Cuenta el venerable Beda que el papa Gregorio I se acercó un día casualmente a la plaza del mercado de Roma donde unos mercaderes exponían su mercancía recién llegada a la vista y codicia del público. Se abrió paso el Santo Padre entre la muchedumbre que se agolpaba para ver lo que se mercaba en la subasta y pujar si se terciaba en el regateo. Gregorio descubrió, movido por la curiosidad del espectáculo, una entre las demás mercaderías que le fascinó -fascinación es en efecto, la palabra, habida cuenta de su significado etimológico de 'falo divino'- desde el primer momento. No eran cosas sino personas las que, convertidas en mercancía, estaban en venta y pública almoneda: cuerpos semidesnudos, bien torneados, de una mirada arrogante y un tanto fiera, en la flor de la edad, de porte delgado y esbelto.
La iglesia de Cristo nunca se opuso a la esclavitud, sino que propugnaba que se diera un trato humanitario a los esclavos lo que, lejos de desautorizar la servidumbre proclamando la igualdad de todos los seres humanos, le daba a ésta carta de naturaleza de hecho. Al fin de cuentas, Dios era nuestro Señor y todos los seres humanos éramos, a más de sus criaturas, sus siervos.
No se escandalizó Gregorio de que se
subastaran esclavos. Lo que le embargó fue la emoción íntima de un
placer estético. Sintió un íntimo cosquilleo en el escroto o funda de los testículos, como si su miembro viril estuviera a punto -Dios no lo quisiera- de alcanzar una erección pecaminosa.
No sabía a quién mirar con más detenimiento, pues en cada cual encontraba algún rasgo que lo hacía particularmente bello. Tenían la piel blanca y casi desprovista de vello, si acaso una ligera pelusa sombreaba las piernas como un baño de oro o florecía en los sobacos o en las ingles, los rasgos armoniosos y delicados, y estaba claro que, a pesar de su equívoca belleza de espíritus súcubos, no eran mujeres -a uno le había visto bien a las claras las verijas; a otro le vio las nalgas y juró que nunca había visto trasero más tentador y seductor a ninguna puta, ni siquiera el culo de su preferida del Trastévere, una muy bella moza entre cuyas piernas hallaba consuelo. Pero había algo muy femenino y, por lo tanto, diabólico y luciferino en aquellos cuerpos, no le cabía la menor duda de eso.
No podían considerarse bárbaros aquellas angelicales criaturas. Tenían, además, el aire de patricios altivos y no de vulgares plebeyos, las greñas rubias como las espigas de trigo que sueñan convertirse en pan ázimo, y largas y muy hermosas, y los ojos, cuya mirada ya se ha dicho que albergaba la arrogancia acaso de su antigua libertad, cerúleos como las aguas del mar que refleja el cielo.
El
Sumo Pontífice preguntó a los tratantes, sin quitar la vista de
encima a los prisioneros de guerra y a sus desnudos cueros, de qué
rincón del mundo procedían aquellas criaturas. “Son de la isla de
Britania, de la nación de los anglos -le respondieron-, donde todos
tienen más o menos las mismas pintas de traza y aspecto”.
Gregorio, que nunca había visto a nadie igual, preguntó sin quitarles la vista de encima si ya habían recibido las aguas sagradas del bautismo o si todavía eran bárbaros infieles y salvajes aquellos isleños. “Aún son paganos, Santidad” le respondieron. “¡Ay!” Exclamó Gregorio con un suspiro que le salió del alma, que le brotó de lo más hondo de las entretelas del corazón y sus adentros-, "¡Qué pena! ¡Qué lástima que una juventud tan lozana como esta esté todavía a merced del Príncipe de las Tinieblas! ¡Qué pesadumbre que unos cuerpos tan hermosos alberguen unas almas hueras del don de la gracia del divino sacramento! Si son... -exclamó con una lágrima de verdad en los ojos, visiblemente emocionado ante tanta belleza tan turbadora, una lágrima que no le dejaba acabar la frase ahogándole la voz-, si son como los propios ángeles del Cielo".
Poco después serían enviadas hordas de monjes católicos, apostólicos y romanos desde la Ciudad Eterna por orden del Santo Padre a evangelizar a anglos y sajones, a los que no deslumbraron con la luz del Evangelio, sino que los dejaron, inculcándoles la fe y la moral judeocristiana, literalmente ciegos.
jueves, 30 de noviembre de 2023
Mercado de esclavos

castellano | francés | portugués | italiano | rumano | alemán | inglés |
esclavo | esclave | escravo | schiavo | sclav | Sklave | slave |
Et j'ai acheté des oiseaux
Pour toi
mon amour
Je suis allé au marché aux fleurs
Et j'ai acheté des fleurs
Pour toi
mon amour
Je suis allé au marché à la ferraille
Et j'ai acheté des chaînes
De lourdes chaînes
Pour toi
mon amour
Et puis je suis allé au marché aux esclaves
Et je t'ai cherchée
Mais je ne t'ai pas trouvée
mon amour
domingo, 6 de agosto de 2023
El meme de los galeotes y otros memes
Meme es un anglicismo acuñado, al parecer sobre el modelo del griego mímēma 'cosa que se imita', derivado de mímēsis 'imitación', que la docta academia define en su primera acepción como “rasgo cultural o de conducta que se transmite por imitación de persona a persona o de generación en generación”, y en segunda, que es la que aquí más nos interesa y la más extendida, como “imagen, video o texto, por lo general distorsionado con fines caricaturescos, que se difunde principalmente a través de internet”.
El que presento aquí sobre el tema de la esclavitud es una imagen tomada de la red, concretamente un fotograma de la película Ben Hur (1959) de William Wyller, correspondiente a la escena de las galeras en donde aparece en primer plano el actor Charlton Heston. Los galeotes, también llamados forzados, eran los esclavos condenados como el protagonista de la película a remar en las galeras.
La imagen está duplicada con dos textos: Hace dos mil años, corresponde a la imagen superior, y Hoy, a la inferior. Y en la parte inferior se propone un reto a modo de entretenimiento consistente en encontrar una diferencia entre ambas imágenes exactamente iguales.
Viene así el meme a poner en solfa algunas de las creencias o verdades mentirosas establecidas, como por ejemplo, en este caso, la de que la esclavitud fue abolida de la Tierra.
Pero no hay que hablar de los memes. Al igual que los chistes, pierden su gracia cuando se los explica. Es mejor dejar que hablen ellos, y que hagan lo que puedan: quizá hacernos sonreír un poco o dejarnos pensando un rato.
He aquí algunos más: No puedo arrogarme su autoría enteramente. Tampoco está muy claro quién puede ser su autor: suelen ser anónimos. Podría decirse que se hacen populares y que por eso se viralizan a través de internet. Uno se encuentra con uno y piensa que tiene algo de razón, lo modifica, lo adopta y, tomado de la Red, a la Red lo devuelve para que rule por ahí, y haga lo que pueda, si puede hacer algo.
Sobre el calentamiento global o cambio climático:
Sobre el coronavirus:

La mayoría de estos memes son meras
imágenes (dibujos o fotografías) manipuladas o comentadas con algún texto. Algunos son gifs, es decir archivos que se animan mediante la sucesión de varias imágenes. En todos los memes suele tener un papel importante el texto, por lo que puede afirmarse que son combinaciones de imágenes y palabras.













