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jueves, 22 de enero de 2026

¡Papá, ven en tren!

    El Ente Público de RTVE, que se dedica trabajosamente a la formación de la Opinión Pública de los telespectadores y a la defensa del Régimen, ha salido enseguida a decir que los descarrilamientos de Trenes de Alta Velocidad producidos en la democracia, el de Angrois, ocurrido en 2013, que arrojó 80 víctimas mortales,  y el más reciente de Adamuz el 18 de enero pasado, en una recta, este último con choque de trenes y 43 muertos hasta la fecha, no son nada en comparación con el que se produjo durante la dictadura de Franco, en plena posguerra, en Torre del Bierzo, en León, en 1944, la mayor catástrofe de la historia ferroviaria española, que el Régimen de entonces intentó silenciar,  en la que murieron entre 150 y 200 personas, un número difícil de precisar, accidente del que se culpó a los maquinistas y se minimizó la tragedia para evitar la crítica al gobierno. Es una forma de relativizar una catástrofe compararla con otras anteriores, en primer lugar con la que se produjo hace trece años, bajo el gobierno del partido conservador, y en segundo lugar con la que acaeció hace 86 años, en la oprobiosa dictadura. A continuación, el Ente Público informa de otros accidentes ferroviarios sucedidos allende nuestras fronteras, en el extranjero, para que el público vea que en todas partes cuecen habas...
 
 
    Al establecer el Ente Público la comparación no ya con el accidente de Angrois, que está en la memoria histórica de la mayoría, sino con el que sucedió hace 86 años, la veterana periodista lo deja claro enseguida: no estamos ante la segunda gran catástrofe ferroviaria como podría parecer a nuestra memoria cortoplacista, porque ya hubo otra con Franco que fue con mucho la mayor.
 
 

    Algún día se sabrá la causa de este último accidente, cuando ya no nos acordemos de él, cuando demos con la verdad y se despejen los bulos existentes que responsabilizan a la infraestructura viaria que depende de la corrupción supraestructural. Entonces, cuando demos con la verdad, nos dirán que la culpa fue del chachachá, como cantaba Gabinete Caligari, o, más modernamente, del Cambio Climático, que es el comodín dialéctico que sirve tanto para un roto como para un descosido. El Ministro de Transportes decía sonriente hace año y medio que el tren vivía en España el mejor momento de su historia.
 
    Pero no nos engañemos, los Trenes de Alta Velocidad no son trenes, son aviones frustrados, aves terrestres que no han conseguido echarse a volar. En La virulencia del ferrocarril escribimos contra la llegada del Tren de Alta Velocidad a Cantabria, que se prevé para el año del Señor de 2033, y en ¿Por qué corres, Ulises? hacíamos una petición imposible al gobierno progresista: que nos pusiera más Trenes de Baja Velocidad que fueran muy despacito, que tardaran en llegar a su destino, que se fueran demorando en todas las estaciones olvidadas, como hacían antes cuando se oía la voz de "¡pasajeros al tren!" y sonaba el silbato del jefe de estación, que nos permitieran asomarnos a las ventanillas y regodearnos disfrutando del paisaje y del aire en la cara y no del acondicionado y enlatado, no poco perjudicial para la salud que nos enchufan ahora, trenes en los que el destino no se comiera el viaje, y nos preguntábamos a dónde íbamos con tantas prisas. ¿Quién se monta ahora en un Tren de Alta Velocidad sin que le tiemblen las piernas? ¡Papá, mejor no vengas en eso que llaman tren de 'altas prestaciones'!