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viernes, 31 de julio de 2026

Spoiler alert!

    Espoilear (sic):Se ha (im)puesto de moda entre nosotros este anglicismo -innecesario como la mayoría. Cuando alguien nos revela el final de una película que no hemos visto -rara vez de una novela, porque cada vez se lee desgraciadamente menos-, nos dicen los que están más "in" a los que estamos más "out" que nos está haciendo un espoiler o que nos están espoileando. Hasta ahora se oía en castellano: "No me revientes (o destapes, o destripes) el final..." Pero ahora se ha (im)puesto de moda esta gilipollez de "espoilear". Veamos un poco por qué.

    El verbo to spoil significa en inglés arruinar, echar a perder, estropear... Curiosamente también mimar, consentir, complacer..., tal vez por aquello de que mimar excesivamente a un niño echa a perder irremediablemente para toda la vida a la criatura... Con el sufijo de agente -er, spoiler sería el realizador de esa acción: el estropeador, el arruinador, el destrozador, el devastador... Como sustantivo y en plural, spoils significa también "botín", "despojos", que es a donde yo quiero ir a parar.

    El verbo latino SPOLIARE que significaba en principio despojar de la piel a un animal del que se ha hecho presa,  después despojar a un enemigo para obtener botín de guerra,  evolucionó a ESPOLIAR por la vía culta en castellano (y a spolier en francés, donde en registro culterano quiere decir despojar a alguien por la fuerza, con engaño o abuso de poder privándole de algo que le pertenecía; y a spogliare en italiano, con el significado más genérico de "desnudar": spogliatoio es el vestuario en italiano; para nosotros el lugar de vestirse, para ellos el de desvestirse, depende del punto de vista). En alemán tenemos el verbo SPOLIIEREN y el sustantivo SPOLIEN.

    La RAE define el espolio como botín del vencedor, pero nos advierte de que se usa poco y se prefieren las formas expolio y expoliar, que proceden del compuesto EX-SPOLIARE, que propiamente quiere decir "despojar con violencia o con iniquidad". El prefijo EX- antepuesto a la raíz verbal modifica ligeramente su significado en el sentido de "de dentro afuera, exhaustivamente". La palabra "despojar" que utilizamos para definir EXPOLIAR es una evolución de ese mismo verbo SPOLIARE con otro prefijo latino DE, que indica "de arriba abajo". DE-SPOLIARE, que tras sufrir la apócope de la -e final del infinitivo experimenta también la palatalización de grupo -LI- más vocal -yod segunda- que hace que en castellano pase a /-x-/, lo que se escribe: despojar. De este verbo procede también, con el mismo significado, el francés dépouiller, que allá por el siglo XII era despoiller.

    Es más que probable que el antiguo francés espoillier, derivado de SPOLIARE,  pasara al inglés medieval spoilen y de ahí al inglés moderno  to spoil, y que de ahí nos venga ahora este anglicismo que españolizamos enseguida anteponiéndole una e- y un sufijo verbal -ear de la primera conjugación como espamear(sic) y estalquear  entre otros anglopijismos.
   
    A mí personalmente no me incordian demasiado los spoilers, dicho a lo anglopijo. Hay gente que se enfada mucho cuando le destripan el desenlace de algo, como si lo único que importara fuera el resultado, y no el desarrollo o el proceso; como si una vez que conociéramos el final de una historia, dejara de interesarnos esta y la forma de contarla, como si el fin fuera lo único importante. Es la misma gente que nunca disfruta de un viaje, porque lo único que le interesa es llegar al destino cuanto antes... O solo le interesa el resultado de algo, no el proceso.
    Por poner un ejemplo de un partido de fútbol: sólo una vez que yo recuerde me he sentado delante de la pantalla estupefaciente de un televisor a ver un partido de balompié -no recuerdo ya ni quiénes jugaban- pero puedo decir que el resultado me decepcionó totalmente porque ganaron los que peor habían jugado, y no sólo según mi opinión, que poco vale la de un lego como yo, sino la de los que vieron el partido conmigo, como reconocieron, mucho más avezados en la monarquía del deporte rey. Me gustó mucho cómo jugó el equipo que perdió porque había dominado el balón durante todo el juego, y habían merecido ganar por eso mismo, pero eso es independiente del resultado del partido, que fue 1-0 a favor del equipo contrincante que había jugado muchísimo peor pero metió el gol, que es el objetivo final (goal en la lengua del Imperio) y no el juego del partido. Desde entonces no me interesa el balompié ni lo más mínimo. 

viernes, 6 de enero de 2023

Dos 'spoiler alerts'

   Primera alerta de revelación: El panel central del tríptico del altar de Santa Columba es un retablo pintado al óleo sobre tabla hacia 1455 por Rogier van der Weyden para el altar de dicha iglesia de Colonia, representa con vivo colorido, detallismo y minuciosidad, la Adoración en el portal de Belén del niño Jesús por los Reyes Magos, a donde les ha guiado la estrella que se vislumbra en la parte superior izquierda del tejado del portal. 

    Los Reyes de este retablo, como se ha hecho notar a menudo no representan aquí las distintas razas de la humanidad, por lo que no hay un rey negro, sino las tres edades del hombre: vejez, sugerida por las canas del rey arrodillado, madurez del segundo, que se inclina ligeramente y porta una copa, y la juventud del tercero, que está erguido y quitándose el turbante, y que aún no se ha despojado de sus armas y de sus espuelas, como si no fuera consciente todavía de la importancia del acontecimiento que contempla, y saluda simplemente a la madre del recién nacido con cortesía. El hombre maduro se interroga y ya se inclina postrándose ante el niño. El anciano, plenamente consciente de hallarse ante el divino niño se arrodilla con una actitud completamente respetuosa y reverente, sosteniendo los pies del infante desnudo y acercando su manecita hasta sus labios.


Panel central del tríptico de Santa Colunga, Rogier van der Weyden (c. 1455)

    En el centro de la composición hay un detalle anacrónico que despierta nuestras alarmas. Es un detalle muy significativo, que prefigura el futuro de ese niño que nace anticipando el propósito y la finalidad de su vida: un crucifijo, que es su destino fatal, pues el niño está llamado a ser un adulto y, como tal, a morir. 

    Pero no solo es anacrónico el crucifijo central, sino toda la escena por la rica vestimenta de los personajes -San José, por ejemplo, a la izquierda de la Virgen María y el niño, que sostiene su cachava y su sombrero, y contempla la escena vestido de un rojo purpúreo que sugiere su dignidad regia, descendiente del rey David-, la ciudad que se ve al fondo que es una ciudad flamenca típica de la Edad Media. 


    El detalle que se ha mencionado de la estrella de Belén semioculta en el tejado del portal se debe a que son ahora la Virgen, con su manto azul, y el Niño desnudo los que desprenden un halo luminoso de sus cabezas. En el caso del Niño Jesús, se trata, además, de una aureola crucífera, otro detalle que revela el desenlace futuro de la historia. Todas las miradas, hasta la de la mula y el buey, convergen en el niño que acaba de nacer, que es la nueva estrella, y está abocado a morir bajo pena de muerte.

    Algo parecido nos sugiere aquel villancico flamenco que, en el momento del nacimiento del niño que está en la cuna, menciona su muerte siempre futura, siempre porvenir, como la nuestra: Pastores de la laguna, / ponerse todos a llorar, / que el niño que está en la cuna, / en una cruz morirá.

    Segunda alerta de revelación: Otra revelación importante y apocalíptica, en el sentido etimológico de la palabra (descubrimiento) es la que se da en la Epifanía o manifestación del Niño a sus Majestades los Reyes Magos de Oriente, que han venido a adorarle y a entregarle sus preciosos dones: el oro, el incienso y la mirra. Los Reyes Magos le rinden pleitesía y vienen a decirle: Los Padres, como tales, no existen. Si José de Nazaret es el "pater putativus", el Niño no puede ser otra cosa más que el "filius putativus". Estamos, en efecto, ante el hijo de Dios, y como tal no tiene padre: una criatura divina, ajena de alguna forma a la Sagrada Familia en la que ha nacido.

     
    Tampoco tiene madre, pese al dicho medieval de que nunca se sabe quién es el padre (pater incertus), pero la madre es siempre bien sabida y consabida (mater certissima).  El propio Jesús, ya hecho un hombre, lo proclamará en el evangelio de Marcos (3, 31-35) dejando bien clara cuál es su verdadera familia y que no era hijo único. Cito por la traducción que manejo de Nácar-Colunga: Vinieron su madre y sus hermanos, y desde fuera le mandaron a llamar. Estaba la muchedumbre sentada en torno de Él y le dijeron: Ahí fuera están tu madre y tus hermanos, que te buscan. Él les respondió: ¿Quién es mi madre y mis hermanos? Y echando una mirada sobre los que estaban sentados en derredor suyo, dijo: He aquí a mi madre y a mis hermanos. Quien hiciere la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.  
 
    Los evangelistas Mateo y Marcos hablan abiertamente de los hermanos de Jesús, cuatro varones (cuyos nombres eran Santiago, José, Simón y Judas) y dos hermanas, cuyos nombres no nos han sido transmitidos. La palabra que se utiliza en los evangelios, escritos originalmente en griego, es "adelphós", que significa siempre 'hermano carnal' en sentido propio y no figurado.