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viernes, 4 de septiembre de 2026

Pareceres CXXIII

605.- Vuelta al cole. Con septiembre llega la rentrée, es decir, la vuelta a la normalidad de lo mismo de siempre, la vuelta al tajo del curro y del cole tras el paréntesis vacacional. Hasta los políticos profesionales, que reivindican su derecho a descansar, como todo hijo de vecino, vuelven ahora a las andadas y retoman lo que los periodistas denominan el curso político. Pero centrémonos en el curso escolar y las instituciones académicas que están a punto de retomar también ellas su actividad y tratemos, con la ayuda de Schopenhauer (1788-1860) de no dejarnos engañar por las apariencias. Así escribía el filósofo a propósito: “Al observar la multitud de instituciones de enseñanza y aprendizaje, y la gran cantidad de alumnos y maestros, uno podría pensar que la humanidad está muy interesada en la sabiduría y la verdad. Pero las apariencias engañan. Los maestros enseñan para ganar dinero y no buscan la verdad, sino su apariencia y prestigio (Kredit, escribe él en la lengua de Goethe); los alumnos no aprenden para adquirir conocimiento y sabiduría, sino para charlar y darse aires de grandeza. Así, cada treinta años surge una nueva generación, un niño ingenuo, sin saber nada, que devora con avidez los frutos del conocimiento humano acumulado durante miles de años, para luego proclamarse más inteligente que todos los anteriores. Con este propósito, asiste a las universidades y busca libros, sobre todo los más recientes, como sus contemporáneos y compañeros. ¡Todo tiene que ser breve y nuevo, igual que él!”  
 
606.- Un fotomontaje artístico y apócrifo. Circula por ahí una foto de Lorca abrazado a Dalí que utilizó en sus redes sociales para una de sus campañas de concienciación la Dirección General de Diversidad Sexual y Derechos LGTBI del gobierno progresista de las Españas con motivo del aniversario del fusilamiento del poeta granadino. La imagen es una manipulación de una foto histórica de 1933 de Salvador Dalí abrazando a Gala, su esposa. La foto es, efectivamente, un fotomontaje realizado por David Trullo en 2013 y perteneciente a una serie titulada Fauxtographies, cuyo nombre sugiere en francés que son falsas (faux, que se pronuncia 'fo') fotografías, aunque se pronuncie prácticamente igual que photographies. El citado organismo público utilizó la foto de Lorca y Dalí como si fuera real sin explicar que se trataba de una obra artística basada en una fotografía manipulada, y añadió el siguiente comentario que está basado en una cita amputada de Yerma, de García Lorca: «Hay cosas encerradas dentro de los muros que, si salieran de pronto a la calle y gritaran, llenarían el mundo». [El texto original dice: «Hay cosas encerradas detrás de los muros que no pueden cambiar porque nadie las oye. [...] Pero que si salieran de pronto y gritaran, llenarían el mundo».] Y añadía este comentario: “Hoy, en el 85 aniversario del asesinato de Lorca ya es hora de gritarlas y llenar las calles”.  La homosexualidad de Lorca es un secreto a voces, ampliamente documentada por testimonios y estudios biográficos. Dalí afirmó explícitamente que Lorca estaba enamorado de él y describió posteriormente aquella relación como una «pasión erótica muy fuerte». El citado organismo público, ignoro los motivos aunque puedo imaginarlos, retiró inmediatamente la foto y el texto. Sucedió hace ahora, que se cumple el noventa aniversario, cinco años. 
 
Lorca/Dalí (fotomontaje) y Gala/Dalí (foto original) 
 
 607.- Tatuajes rebeldes. Los tatuajes eran los estigmas vergonzosos de los esclavos fugitivos, de los forzados. Eran las marcas imborrables de los proscritos, los condenados, la canalla y los malditos. Muy lejos de eso, son la moda que se lleva ahora mismo entre los jóvenes que quieren dar una imagen propia un tanto inconformista de rebeldía, cuando sin embargo están subordinándose a los dictados del mercado y a los cazadores de tendencias y a la moda, sumisos y obedientes. La palabra viene de los indígenas aborígenes polinesios que se grababan en la piel, haciendo en ella punzadas en que introducían luego tintes colorantes bajo la epidermis, los dibujos y diseños indelebles con los que adornaban sus cuerpos. Recuerdo a un tío mío, que estuvo preso en Alemania, en un campo de concentración y de exterminio, que tenía el número tatuado en el brazo de prisionero todavía. Dar un paseo por la ciudad (y no digamos ya por cualquier playa) es ver en los cuerpos de la gente una variedad infinita de tatuajes de leones, lobos solitarios, frases en latín y lemas que prometen libertad, rebelión y singularidad. Si nos tomáramos en serio todo esto, tendríamos que concluir que vivimos en un mundo poblado por almas indomables y heroicas, aunque la realidad, terca como una mula, sea otra, exactamente lo contrario. La declaración de singularidad es una moda que revela todo lo contrario. Miles de antebrazos, piernas, pechos y espaldas lucen los mismos conceptos sobre «ser uno mismo» o «no seguir al rebaño». Se trata de una patética homogeneización disfrazada de anticonformismo. La frase grabada en la piel sirve para convencerse a uno mismo antes incluso que a los demás, para llenar con palabras grandilocuentes un vacío que, en realidad, no tiene fundamento. Multitudes que recitan la singularidad al unísono, que declaman la rebelión, que se afanan por demostrar que no se parecen a nadie utilizando las mismas frases y los mismos símbolos, resultando al fin y a la postre todos iguales, todos conformistas pese a sus tatuajes rebeldes. Patético resulta. 
  
608.- Rearm Europe. Nuestro gobierno progresista nos llenó de esperanza al entonar el “No a la guerra”. Pero acto seguido vimos que era un no selectivo: no a la guerra de Irán, pero sí a la guerra de Ucrania. Además, aumentaba el gasto en defensa. Criticó el término 'rearme' del plan “Rearm Europe” de la Unión Europea, afirmando que había que dirigirse a la ciudadanía de otra manera, es decir, que había que utilizar otras expresiones ya que no era conveniente llamar a las cosas por su nombre vulgar y corriente. Haciendo caso de esa recomendación, el plan de rearme europeo ha salido con el nombre de “Preparación 2030”, un cambio meramente terminológico. Al palacio de la Moncloa, que es la sede de nuestro gobierno, no le gustaba el término 'rearme' pero lo cierto es que España ha puesto en marcha el mayor proceso de rearme industrial y militar desde la profesionalización de las Fuerzas Armadas y desde que hay registros registrados. 
 
 
609.- Infosfera. Así como la biosfera es el entorno físico donde se desarrolla la vida biológica, la infosfera sería un neologismo formado sobre la esfera, que es el nombre de la pelota, la bola y el globo en griego antiguo y en latín, y que tanto se usa, desde Parménides, para describir el mundo -global, dicen que es, es decir, redondo y orondo como la tierra, aunque achatada por los polos como nos enseñaban en la vieja escuela-, que sería la esfera del entorno espacial, y el término información, es decir, el espacio vital de la era digital. Estaría constituida por internet, las redes sociales, las bases y centros de datos y los medios y pseudomedios, incluida la fachosfera, que es otro neologismo político de origen francés que designa a las derechas y ultraderechas. En la infosfera es donde se desarrolla gran parte de nuestra vida moderna, en la que se mueve como Pedro por su casa la Inteligencia Artificial omnipresente en toda ella. Giorgio Agamben escribía a propósito el 3 de agosto, remontándose a Averroes que la imaginación era lo que permitía decir “hic homo intellegit” (este hombre piensa) porque permitía que cada ser humano adquiriera el Intelecto Agente o separado; imaginación “de la que nuestros contemporáneos parecen carecer por completo”. En la hodierna Inteligencia Artificial “hic homo non intellegit”: el individuo o átomo personal moderno “renuncia a pensar y delega la más preciada de sus facultades a una máquina”. Si recuperáramos la imaginación perdida, deduce Agamben recobraríamos también el pensamiento y contrarrestaríamos el dominio de la IA (y en general de la infosfera, podríamos añadir), y no tendríamos necesidad alguna de ella ni del moderno oráculo de Delfos, que es el chat GPT, siglas que corresponden a Generative Pre-trained Transformer, o sea, en castellano Transformador Generativo Pre-entrenado, que, incapaz de decir algo que no haya sido dicho ya, miente más que político en campaña. 
 
Ilustración de Gabriel Pérez-Juana 

miércoles, 1 de febrero de 2023

Años setenta

    Viendo casualmente esta fotografía de una playa de los años setenta se me ocurren algunas observaciones, que comparto con mis escasísimos lectores. Llama la atención a primera vista por ejemplo que no se ven tatuajes en brazos, piernas y espaldas de la gente que están ahora tan de moda y que convierten los cuerpos humanos en lienzos y pinturas al fresco. Ya se había puesto de moda el bronceado y había hecho irrupción el biquini, y en los chicos el slip, como se llamó al calzoncillo ajustado al cuerpo por debajo de la cintura hasta las ingles, pero dejando aparte esas modas en los trajes de baño que van y vienen, llama poderosamente la atención la esbeltez de los cuerpos, por contraposición a las obesidades mórbidas que padecemos en la actualidad ya muchas veces desde la infancia, debidas, sin duda, a una mala alimentación y quizá a una vida demasiado sedentaria y hogareña, abocada a las pantallas que al duro banco tanto nos amarran.
 
 
    El otro día en la piscina municipal coincidí con un grupo escolar de niños y niñas que iban a aprender a nadar con sus profesores de Educación Física -no les gusta a nada que digamos de "gimnasia" y prefieren esa rimbombante y horrísona denominación, que tanto recuerda al culturismo y a la cultura física- y sus monitores de natación, y lo que me llamó la atención al verlos enseguida fue su obesidad general, tanto de los niños como de las niñas. No sé si tendrá algo que ver, algo tendrá, seguramente, el hecho de haber estado confinados durante la pandemia, castigados sin salir de casa y sin poder corretear, como recuerdo yo que hacíamos los niños y las niñas en mi infancia por las calles. Quizá sea algo que venga de atrás, de antes de la pandemia. (Me hace gracia, entre paréntesis, este modo de hablar que toma como referencia temporal la pandemia que ha marcado en nuestras vidas como el nacimiento de Cristo un antes y un después, y así hablamos de antes, de durante y de después de la pandemia).
 
 
    No es ese el recuerdo que tengo yo de los niños de mi infancia, cuando lo normal no era estar obeso, como hoy día, sino delgados, hasta el punto de que si había algún niño obeso se le ridiculizaba despiadadamente enseguida, y pasaba a ser Gordito Relleno, como aquel personaje entrañable e inocentón de la historieta de Peñarroya de la revista Pulgarcito.
 
 
    Pero si hay algo que me llama poderosamente la atención, aparte de la ausencia de accesorios tales como sombrillas, sillas, tumbonas y demás trastos que la gente suele llevar en la actualidad a las playas, y choca particularmente, es que no había teléfonos móviles, lo que hacía que la gente hablara entre sí y se relacionara -o no se relacionase, si no quería- con los demás que estaban allí, pero no con amigos y familiares ausentes. Parece que entonces la gente vivía el momento presente, no como ahora que, gracias a los esmárfones, estamos ausentes cuando estamos presentes, y viceversa, pendientes siempre de nuestra prótesis individual. Hoy en día, tanto si estamos solos como acompañados, cada cual está más pendiente de su móvil que de quien tiene al lado.
 
    Esos móviles que no podían aparecer en la foto de arriba porque aún no se habían inventado son hoy nuestra propia personalidad, hasta tal punto que se considera un delito o al menos una intromisión intolerable que alguien hurgue en nuestra preciosa y preciada intimidad. Podría decirse, sin incurrir en ninguna falsa nostalgia ni en la banda sonora de aquellos años de estúpidas canciones de verano de la oprobiosa dictadura, cuando se puso tan de moda ir a broncearse y no tanto a bañarse a las playas, que en aquella playa de la foto no hay prácticamente nada, y que hay casi todo, sin embargo.