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lunes, 2 de noviembre de 2026

Prepping por si acaso (I)

    El Secretario (o lo que viene a ser lo mismo entre nosotros) el Ministro de Defensa de aquel país, a través del Ente Público que es la televisión nacional, ha instado a la ciudadanía (ya no queda bien aquello de a los ciudadanos, que hace necesario para algunos y algunas el añadido de la coletilla “ y ciudadanas” para no ser tachado de falócrata machista no inclusivo) a prepararse por si acaso sucede algún imprevisto que el gobierno no pueda solucionar inmediatamente... 
 
    Estamos hablando, ha especificado el canciller, de tres litros de agua potable por persona y día, que habría que almacenar en garrafas, de conservas en la despensa para asegurar el suministro durante varios días de alimentos que no necesiten cocción ni calentamiento al fuego en la vitrocerámica o en el microondas. Si tienen bebés a su cargo, les aconseja, que se provean de pañales y de alimentos infantiles, y si tienen mascotas, de comida y agua para ellas. Y también linternas y aparatos de radio que funcionen a pilas, velas y cargadores para el móvil, no vaya a ser que el artilugio se quede sin batería y permanezca uno incomunicado por lo tanto. 
 
    Y, por supuesto, conviene que haya dinero en efectivo en casa por si fallan los sistemas de pago virtuales con tarjeta y los cajeros automáticos dejan de funcionar, aunque las tiendas también se verían afectadas si sus sistemas o suministros se viesen interrumpidos. El país depende de cadenas de abastecimiento internacionales para muchos productos, por lo que las interrupciones graves podrían afectar a las entregas y a las existencias de los supermercados. 
 
  
    A los televidentes les parece normal que se les aconseje que guarden algo de dinero en efectivo, porque, se preguntan algunos, ¿podríamos vivir sin dinero, que es la realidad de las realidades? Es una pregunta interesante. El Gobierno opina que no, y por eso les aconseja que guarden algo de calderilla en el calcetín "por si las moscas" y que no lo fíen todo al dinero virtual espiritual. 
 
    El Gobierno no se limita a decir a la población que se prepare para tres días. Ha de entenderse que lo de los tres días es una recomendación mínima, no una garantía de que todo vaya a volver a la normalidad, como sería lo deseable, al cabo de setenta y dos horas. En caso de un ciberataque grave o una interrupción importante de los servicios esenciales, podrían verse afectados sistemas como la electricidad, el gas, la banca, los cajeros automáticos y los pagos con tarjeta durante más tiempo, una semana, quince días, un mes... Dependiendo de la magnitud de la interrupción, los servicios podrían tardar más de tres días en volver a la normalidad. Estamos hablando del peor de los casos. 
 
    ¿Qué significa que estos consejos se den ahora precisamente y públicamente? ¿Qué quieren decirnos? ¿Estamos ante un peligro real o solo imaginario? Bueno, dice el Secretario de Defensa, hay que tranquilizar a la gente. ¡Que no cunda el pánico, por favor! No hay informes que indiquen que vayamos a sufrir un ataque terrorista inminente ni una declaración de guerra inmediata. Lo que el Ejecutivo pretende es iniciar una reflexión colectiva en el sentido de que conviene estar preparado ante los imprevistos, mejor que verse sorprendido con la guardia baja. Se trata de una reflexión institucional sobre la resiliencia nacional, a la vista de lo que están haciendo otros gobiernos de otros países, lo que hace pensar que quizá nuestro país se ha quedado rezagado durante años en cuanto a los consejos a las familias y a las empresas a fin de prepararse ante interrupciones que podrían producirse pero también ante amenazas más graves y que no hay forma de prever. Vivimos, ha dicho al final de su intervención televisiva, en un mundo más peligroso y turbulento.