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sábado, 28 de marzo de 2026

'Mors Imperator'

    Mors Imperator (La Muerte es quien gobierna) es el título de un cuadro maldito de la pintora alemana Hermione von Preuschen que causó gran escándalo cuando se exhibió por primera vez en el año del Señor de 1887 en Berlín porque se interpretó enseguida como una alusión nada velada al emperador y antes rey de Prusia, Guillermo I, y una crítica política implícita y burlesca del anciano monarca que acababa de cumplir a la sazón noventa años.
  
 Hermione (1854-1918)

    Aparece el Kaiser (título que deriva, por cierto, del nombre propio Caesar de Julio César, que dio nombre a todos los emperadores venideros) como un esqueleto gigantesco envuelto en una capa de piel de armiño, que es un símbolo clásico de realeza, luciendo una corona de hierro dentada y apoyando una mano sobre un trono derribado y la otra sobre una espada, y un pie sobre el globo terráqueo. 
 
    El cuadro parece una alegoría que sugiere al espectador que los gobernantes más poderosos también están sujetos a la mortalidad como cualquiera de nosotros, como hacían las danzas medievales de la Muerte que invitaba a todos a bailar. Pero en las Danzas de la Muerte es ella la que saca a bailar tanto a los humildes como a los poderosos, siguiendo la intuición horaciana de que la pálida Muerte golpea con igual y justiciero pie los tugurios de los pobres y las torres de los reyes (pallida Mors aequo pulsat pede pauperum tabernas / regumque turris, que nuestro fray Luis de León tradujo: «Que la muerte amarilla va igualmente / a la choza del pobre desvalido / y al alcázar real del rey potente»), mientras que en este cuadro la propia Muerte es el Rey soberano, lo que sugiere también que el Poder es la muerte que mata las posibilidades que pudiera haber de vida. 
 
 Mors Imperator, Hermione von Preuschen (1887)
 
    El título latino, habida cuenta del género femenino de la palabra “mors” 'muerte' debería haber sido quizá Mors Imperatrix (Empeatriz la Muerte), pero resulta que en alemán Tod 'muerte' tiene género gramatical masculino (como en griego thánatos, a diferencia de las lenguas romances); acaso venga de ahí la confusión. 
 
    Aunque el propio emperador nonagenario dijo que no le molestaba la reflexión que proponía el cuadro, la obra fue censurada, y la Academia de Berlín la rechazó por posible “lesa majestad”. Von Preuschen, ni corta ni perezosa pero dolida por el rechazo,  alquiló un local en una céntrica calle de la ciudad para exhibir el cuadro, cobrando la entrada para verlo y ocultándolo tras unas cortinas para poder desvelarlo con gran espectacularidad. La exposición se convirtió en la comidilla de la capital y catapultó a la artista a la fama de la noche a la mañana. 
 
    Hay quien interpretó el cuadro como una premonición, porque Guillermo I falleció de hecho al año siguiente. Precisamente el año 1888 se conoce en Alemania como el «Año de los Tres Emperadores», porque cuando el hijo de Guillermo I, Federico III, ascendió al trono, padecía un cáncer terminal y falleció a los pocos meses, por lo que hubo un tercer Kaiser ese año: Guillermo II. 
 
     Pasado ya algo más de un siglo de aquello, el cuadro se exhibe ahora con todos los honores en la Alte Nationalgalerie de Berlín. Es una reflexión sobre el poder y la muerte: el poder es la muerte de la posibilidad de vivir que impone su monarquía. También puede sugerir que el poder es efímero, como las vanitates del barroco, y el memento mori. La originalidad del cuadro es que no es una calavera cualquiera la que nos apremia a gozar de la vida ante la llegada de la muerte, sino que es la propia Muerte personificada.
 
    Hay también un grabado de Ernst Barlach (1887-1938) con el mismo título.
  
 Mors Imperator, Ernst Barlach (1919)
 
     ¿Qué vemos en el grabado? En primer plano, un hombre yace muerto sobre una roca escarpada, envuelto en un largo manto, con las manos cruzadas sobre el pecho y la cabeza ligeramente reclinada hacia atrás. En el fondo, se desata una visión apocalíptica: un grupo de jinetes espectrales galopa violentamente entre nubes y viento huracanado, aludiendo vagamente a los cuatro jinetes del apocalipsis, y especialmente al cuarto, que es la Muerte. Uno de ellos levanta en alto un medallón, estandarte o quizá moneda que resplandece como un sol con una calavera claramente visible.

     El grabado está fechado en 1919, justo después de la Primera Guerra Mundial, en la que él mismo había participado como voluntario. La guerra transformó profundamente a Ernst Barlach: de un inicial entusiasmo patriótico pasó a un pacifismo radical y a una visión crítica de la destrucción masiva, por lo que su «Mors Imperator» es una denuncia clara de la guerra: la Muerte ya no es una figura neutral o inevitable, sino un emperador, un comandante supremo que dirige a sus tropas de jinetes apocalípticos y siega vidas humanas. El cadáver en primer plano representa al soldado desconocido caído en combate (o a la humanidad víctima), mientras que la cabalgata detrás simboliza la maquinaria implacable de la muerte organizada, la guerra moderna que avanza como un ejército sin rostro. No solo muestra la muerte de un hombre cualquiera, sino la muerte como poder político y militar que cabalga sobre la humanidad. En pleno periodo de entreguerras, Barlach advierte que la Muerte se ha coronado emperatriz y que sus ejércitos siguen galopando. 

Autorretrato, Ernst Barlach (1928)     

    En el lienzo de Hermione von Preuschen la imagen es monumental y teatral: la Muerte no es un ser pasivo que nos invita a bailar, sino un soberano activo que impone su poder absoluto, derrocando todo poder terrenal. El mensaje central es la transitoriedad del poder, la fama y los imperios: por muy grandioso que sea un trono o un emperador, la Muerte es el verdadero gobernante universal. Con el mismo título y con el mismo tema central, Barlach denuncia la muerte masiva organizada por el Estado y su maquinaria de guerra moderna. Ya no es un solo esqueleto emperador, sino un general al frente de un apocalipsis.