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jueves, 25 de abril de 2024

Pareceres XLVI

226.- Ningún lugar donde esconderse. Los mayorales de los gobiernos del mundo compiten entre sí en ver quién puede etiquetar y cómo hacerlo mejor a su respectiva ganadería. Se han logrado grandes avances en este campo gracias al diseño de la identidad biométrica para las reses -del latín res rei 'cosa', y también 'propiedad'- que somos las personas. Gracias al reconocimiento facial, los usuarios ya no tenemos que llevar encima ningún documento: nuestra cara es nuestra identidad, el espejo de nuestra alma, nuestra huella 'digital': la máscara, la persona. Al principio será algo voluntario, siempre por nuestra seguridad y comodidad. Pero acabará imponiéndose por la fuerza, ya lo veremos, y al final no habrá ningún lugar donde esconderse.
 
 
 227.- Psicólogos de guardia en acción. Que los psicólogos son los nuevos curas de almas, los sacerdotes laicos del siglo XXI es algo de lo que no me cabe ninguna duda. Cuando hay un accidente con víctimas humanas lo primero que hacen ahora es enviar urgentemente una legión de psicólogos de guardia a atender a las familias de los fallecidos con su consuelo laico. El Gran Hermano ya no manda curas cristianos, no vayan a ser los familiares ateos, agnósticos, musulmanes o budistas: las familias de las víctimas están siendo atendidas psicológicamente por equipos de Cruz Roja, con sus chalecos visibles, a la espera de identificar a sus allegados fallecidos en el trágico accidente. ¿Para qué los mandan? Para que los supervivientes acepten la realidad, para que se resignen. En el fondo es la misma resignación cristiana de siempre pero sin Cristo, reforzada con consumo masivo de tranquilizantes y ansiolíticos o disolventes de ansiedades y terapia de grupos. Psicólogos, vendedores de humo, mercachifles de dura y cruda realidad en cómodos plazos y mesuradas dosis: doradores de píldoras. Aceptación de la realidad. ¡Qué triste! Tantos años de estudio para hacernos tragar la realidad por un tubo sin que se nos indigeste. Almas enfermas las nuestras: por poco nos venimos a bajo: la separación de una pareja, la muerte de un familiar o un ser querido: cosas ellas que son imposibles y que, sin embargo, pasan. Ellos están para levantarnos el ánimo y el ánima, para levantar la moral y la realidad, pase lo que pase, para sostenerla y no enmendarla, para que no dejemos de creer: en definitiva, para que traguemos. 
 
 
 228.- ¿Vale más prevenir que curar? Pocas frases son más cacareadas que esta de  “más vale prevenir que curar”, y su mensaje parece irrefutable. Sin embargo, hay un problema: ¿Qué es lo que se pretende prevenir? La enfermedad, por supuesto. Según esta frase, la prevención conduciría a la salud entendida como ausencia de enfermedad. Pero ¿quién determina si uno está enfermo? Doctores tiene la Iglesia de la Ciencia para eso. Los médicos determinarían quién está enfermo y quien está sano porque no está enfermo. Esta definición de salud como ausencia de enfermedad entra en conflicto con la definición de la OMS de  salud, que dice que "la salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social y no simplemente la ausencia de enfermedad o dolencia". Pero según esta definición, nadie estaría nunca sano porque nadie alcanzaría ese estado de completo bienestar físico, mental y social... Según la definición de la OMS todos estaríamos enfermos. Los médicos y otros profesionales de la salud no son las personas que definen la salud. Se necesita un debate mucho más amplio, y deshacerse de la palabra “prevención”, con su definición deficitaria de salud, podría provocar el debate, porque la gente se sorprenderá de que se abandone una palabra tan querida. Hay que insistir en que no siempre es mejor prevenir que curar. Pero la medicina preventiva que te pone la venda antes de que te hagas la herida está desbancando cada vez más a la medicina curativa, y no deja de ser un despilfarro de dineros. 
 
 
229.- Monarquía o república. Un político indepe(ndentista) reivindica la República "para pasar de ser súbditos a ciudadanos de pleno derecho” oponiendo 'súbditos' a 'ciudadanos de pleno derecho', como si los ciudadanos no fueran también súbditos, y más aún que súbditos, los súbditos más sumisos y perfectos, porque, ignaros de su condición, no se rebelan contra sus cadenas, creyéndose sujetos libres y no advirtiendo la contradicción de ser libre y ser o estar sujeto a un sistema, régimen político o ciudadanía, sea cual sea, ya sea de índole monárquica o sea ya republicana.  
 

230.- El Gran Dictador. Una frase atribuida a un político importante cuyo nombre, nacionalidad o lengua no importa mucho, y, además, la atribución no está consolidada -en interné hay muchas atribuciones de citas falsas- dice: “El dictador más difícil de odiar es uno mismo”. Y tiene toda la razón del mundo no porque la haya dicho quien la ha dicho, que no lo sabemos a ciencia cierta ni ahora nos importa mucho, sino porque cualquiera que la oiga reconoce enseguida que hay en ella algo, si no es mucho, de verdad y sabiduría, y cualquier la suscribiría después de haber vencido la extrañeza de escucharla por primera vez, ya que la razón es común a todos y no propiedad privada de ningún cráneo privilegiado. Y si seguimos el hilo del razonamiento que nos abre la frase, podemos afirmar que la voluntad de uno mismo es también el déspota más difícil de desenmascarar, y, por lo tanto, el tirano más costoso de derrocar. Y, sin embargo, algo nos dice desde dentro que es preciso acabar con la tiranía, proceda de donde proceda, venga de quien venga. Es preciso acabar, por amor de lo que no sabemos, es decir, de la libertad, con el Gran Dictador, con la voluntad de uno mismo.