Mostrando entradas con la etiqueta coche. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta coche. Mostrar todas las entradas

miércoles, 11 de febrero de 2026

Inolvidable

Un joven con pintas de ejecutivo camina distraído por la calle: gafas que le dan un ligero aire de intelectual, barba adolescente de unos días, las mangas de la camisa remangadas, corbata impecable, reloj imprescindible a la vista en la mano izquierda, y un café takeaway en la derecha. De pronto se detiene ante el espectáculo inesperado de una mujer elegante y atractiva, sensual e insinuante que se ha agachado delante de él en la calle como si fuera a recoger algo y, al hacerlo, la falda corta de su vestido negro ha ondulado agitada por el airecillo dejando ver la desnudez de unas perfectas piernas que se realzan sobre unos estilizados zapatos negros de tacón de aguja.
 
La visión inesperada le ha producido un deseo inconfesable que reprime enseguida de poseerla y empotrarla. La joven que ha adivinado, se diría, los oscuros deseos del pasmado ejecutivo, lo increpa airada y le pregunta dándole una bofetada: -¿Qué estás mirando, eh? ¿Qué miras? ¿Me estás desnudando con los ojos? Él no sabe qué decir ante aquella insolencia. Ella entonces, cambiando de registro, a la vez que le acaricia cariñosa el cuello y el hombro le susurra. -¿No puedes prescindir de eso, pobrecito? Y acercando sus labios sensuales al oído le pregunta: -¿Te bate el corazón?, ¿Te da vueltas la cabeza? ¿Te sientes perdido pensando que seré tuya para siempre? Le pone entonces la espuma del capuchino con un dedo en los labios, y cae un poco sobre su escote.
 
  
La chica, que le ha susurrado sensualmente la última pregunta al oído, y lo tiene acorralado contra una farola, más alta que él gracias a sus tacones, lo sujeta por la corbata, esa soga al cuello, y está a punto darle un beso en los labios cuando... él, que había cerrado sus incrédulos ojos, despierta y se encuentra con que la mujer de sus sueños ha desaparecido como por arte de magia y encantamiento, y en su lugar hay... Se ha desvanecido el misterio del eterno femenino.  No da crédito a lo que ven sus ojos: lo que nunca olvidará en la vida, lo que puede ser suyo para siempre, si no fuera por la obsolescencia programada del invento, es, como dicen los italianos, la macchina por excelencia, o sea, ni más ni menos que un automóvil pequeño, coqueto, atractivo. En la lengua del Imperio para que se entienda en todo el mundo se dice así: You'll never forget the first time you see one. 
 
Desde el principio ha sonado como música de fondo el tema de la cantante británica Hayley Willis titulado Smokescreen ('cortina de humo'), cuyo título revela que la cortina de humo era la posesión de la hembra que ha sufrido una metamorfosis convirtiéndose en este automóvil lanzado alrededor de los años 2011 o 2012, cuya publicidad se basaba en el sex appeal, la poderosa seducción que provoca en un hombre distraído el encuentro por la calle con lo que no tiene nombre, con el sexo femenino que se presenta en una de sus muchas metamorfosis y sublimaciones, uarium et mutabile semper femina.
  
La seducción es una ilusión, un juego que atrae y a la vez oculta porque muestra una cosa, la mujer sobre zapatos de tacón alto, desnudas las piernas y agachada, receptiva, como si dijéramos abierta para que él pueda entrar en su interior, mientras esconde otra: se trata en realidad de un automóvil italiano. El coche como metáfora del sexo.
 
La voz de Willis resulta encantadora, magnética pero no deja de advertirnos de que todo no es más que un truco, la puesta en escena de una cortina de humo. No niega la atracción, pero denuncia el artificio de la sustitución del gato por la liebre.

domingo, 29 de noviembre de 2020

¿Para qué quieres coach ni coche en tu vida?

Titular de un periódico cualquiera de tirada nacional: “Diez claves para ser feliz en el trabajo”. Subtítulo: “La coach Fulanita de Tal (no hace falta dar nombres propios que no vienen al cuento del caso) explica cuál es la actitud que produce mayor bienestar en cualquier tipo de empleo”. Las claves no dejan de ser los consejos típicos y tópicos supuestamente bienintencionados y consabidos tales como “duerme al menos seis horas diarias” o “sé optimista”,  dirigidos a la aceptación incondicional de la maldición bíblica veterotestamentaria que es cualquier tipo de trabajo. 

Lo que me ha llamado poderosamente la atención y rechinado en los oídos es el anglicismo “coach”: ¿Qué necesidad tiene la lengua de Cervantes, que es la nuestra, de admitir un palabro como ese? ¿Se trata acaso de un nuevo invento que carece de denominación en nuestro vocabulario? Veamos: ¿Qué es un coach en este contexto? Un “coach” es alguien que te ayuda a desempeñar mejor tus funciones y a cumplir tus expectativas, quien te infunde un wishful thinking, otro anglicismo, para un pensamiento ilusorio o ilusionista, o voluntarioso, lo que te lleva a creer ingenuamente que la realidad es como tú quisieras que fuera, creyéndote más feliz al no percatarte de lo desgraciado que eres. 

Algunos dicen que poner un coach en la vida es la mejor inversión de futuro que se puede hacer, y hablan de coach personal y empresarial, de coach para el éxito y la autoestima entre otras majaderías. 
 
El vocablo procede del verbo inglés to coach que significa entrenar. El sustantivo coach, por lo tanto, puede traducirse sin ningún problema por entrenador, por lo que no necesitábamos esa palabra en nuestra lengua, dado que tenemos una traducción equivalente. 
 
El problema es que con la palabra viene el concepto. Y ahí es donde está el peligro, pues un coach no deja de ser lo que otras veces se ha llamado también gurú o maestro espiritual, o, con otro anglicismo, líder, ingl. leader del verbo to lead "guiar, conducir"; por lo tanto, un guía, un conductor y un vehículo que nos lleva a donde a lo mejor no merece mucho la pena que vayamos ni que nos lleve nadie.

A la actividad que desempeña el coach la denominan coaching con el omnipresente e invasivo gerundio en –ing, capaz de convertir cualquier excéntrica extravagancia en una actividad digna de entrar en el diccionario como el balconing o el puenting. Ya se colaron hace tiempo el smoking, que era el traje de los caballeros para la hora de fumar, el camping,  el parking y hasta el footing y el running, y ahora nos amenazan con el fracking o fractura hidráulica. 
 
Se entiende por coaching  al proceso de entrenamiento mental que florece sobre todo en el ámbito empresarial o emprendedor, como gustan de decir ahora para disimular el regustillo capitalista del término, pero también en el terreno personal, psicológico -especialistas en ti que son-  y de las relaciones sociales,  y que procede del mundo deportivo, cuya actividad está dirigida a la aceptación sin muchas condiciones del principio de realidad. 
 

Si recurrimos a la etimología de la palabra “coach”, resulta que ya la teníamos en castellano y es "coche". El vocablo entró en nuestra lengua en el siglo XVI, procedente del húngaro Kocsi, pronunciado algo parecido a cochi, y  quería decir de la ciudad de Kocs. 
 
En el siglo XV, la ciudad húngara de Kocs, en efecto, desarrolló un tipo de transporte ligero y rápido entre Budapest y Viena, tirado por tres caballos, que se denominó Kocsi-szekeret, más o menos “el vehículo o carro de Kocs”, una carlinga o calesa hecha de mimbre con asientos  para dos personas y una tercera, que ocupaba una plaza colocada tras el conductor. 
 
Prototipo de coche, carricoche
 
Rápidamente se difundió el uso de este carricoche por la vieja Europa y también el nombre del Kocsi-szekeret o, su forma abreviada “Kosci”, y pasó de ser un topónimo, en genitivo, a ser un nombre común en francés, portugués y español como coche, y en inglés como coach, donde uno de sus significados es el que veíamos al principio, a saber: persona que te lleva hacia la consecución de un objetivo, por ejemplo entrenador deportivo o asesor financiero. 

Pero tanto los coches, en el sentido latino como los coachs en el anglosajón, nos han hecho un flaco favor a las personas: como vehículo, el coche ha hecho que dejemos de movernos por nuestros propios pies y que dependamos cada vez más de él para trasladarnos, y como monitor o entrenador, el coaching se ha convertido en una especie de guía espiritual, gurú o Mentor que pretende monitorizar y tutorizar nuestra propia vida tanto en lo físico como en lo psíquico, impidiendo que tomemos nosotros responsablemente las riendas y propias decisiones. ¿Para qué vamos a quererlos?