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martes, 24 de marzo de 2026

Animales políticos

    Escribía el filósofo español Heleno Saña un artículo titulado “La sociedad no es un mercado” en el núm. 51 de la revista La Clave, en abril de 2002, que veinticuatro años después después de escrito sigue, como suele decirse, de rabiosa actualidad. Tomo de él este párrafo, que proporciona una reflexión importante sobre la diferente concepción del ser humano en la antigüedad y en la actualidad:
 
 “Aristóteles fue uno de los primeros filósofos que se ocupó a fondo de la economía, pero subordinándola a la ciencia política, esto es, a la regulación de la vida de la 'polis' o ciudad. La economía queda restringida al recinto doméstico ('oikos'), y de ahí que el Estagirita no defina al hombre como animal económico, sino como «zóon politikón». Los demiurgos de la hora actual han invertido la terminología aristotélica y cometido la barbaridad de convertir el 'homo oeconomicus' en el eje central y caso único de la vida individual y colectiva, una transmutación de los valores que por si sola demuestra el grado de simplismo mental a que hemos llegado”.  
 
Que el hombre  -incluida la mujer- es un animal político ya nos lo dejó escrito Aristóteles según su célebre definición: ho ánthropos phýsei politikón zóon. Recurramos a la fuente del maestro (Política I, 2, 1253ª 2-3): Así pues, de lo anterior resulta claro que la sociedad ("polis") es una de las cosas que hay por naturaleza, y que el hombre es por naturaleza un animal político; y que el que carece de sociedad por naturaleza y no por una casualidad está por debajo o por encima del ser humano, como también el criticado por Homero(1) "sin clan, sin ley, sin hogar". Pues el tal por naturaleza es además codicioso de la guerra, exactamente como una pieza aislada en el tablero(2).
 
ἐκ τούτων οὖν φανερόν ότι τῶν φύσει ἡ πόλις ἐστι, καὶ ὅτι ὁ ἄνθρωπος φύσει πολιτικόν ζώον, καὶ ὁ ἄπολις διὰ φύσιν καὶ οὐ διὰ τύχην ἤτοι φαυλός ἐστιν ἡ κρείττων ἢ ἄνθρωπος, ώσπερ καὶ ὁ ὑφ᾽ ῾Ομήρου λοιδορηθείς ἀφρήτωρ ἀθέμιστος ανέστιος, ἅμα γὰρ φύσει τοιοῦτος καὶ πολέμου επιθυμητής, άτε περ άζυξ ὧν ὥσπερ ἐν πεττοῖς.
 
 (1) La cita completa de Homero es: Hombre sin-ley es aquél, sin hogar, sin trato-con-buenos, / que arda en armor de la guerra, heladora, peste de pueblos. Homero, Ilíada, IX, vv. 63-64, traducción de A. García Calvo.
 (2) Parece que es una especie de juego de damas sobre un tablero dividido en treinta y seis escaques y cruzado por una linea llamada sagrada, que deslindaba los dos campos, cuyas piezas están obligadas a combatir más cuando se quedan más aisladas las unas de las otras. 
 
 El dibujante griego Arcás, que no va a contradecir al filósofo, viene a decirnos ahora que, efectivamente, todos somos animales políticos -politiká zóa, en griego clásico y moderno a la vez, básicamente la misma lengua-, pero nos advierte el humorista, todo un referente ya dentro de los modernos, que no somos de la misma especie animal, ya que unos son políticos profesionales -el lobo- y otros, la inmensa mayoría democrática de la gente, los corderos.
 
 
 Este “simplismo mental a que hemos llegado”, que denunciaba Heleno Saña en su artículo, se refleja en el mundo de la enseñanza o, si se prefiere, de la educación, en la creciente promoción a la que venimos asistiendo desde hace años, dentro del llamado Bachillerato de Humanidades y Ciencias Sociales, de la inclusión y sobrevaloración para la vida moderna de  una asignatura que se llama “Economía”. 
 
¿No sería más interesante otra asignatura que se llamara “Política”? Podría argumentarse en su contra el hecho de que una asignatura llamada “Política” sería un tanto peligrosa, ya que favorecería el adoctrinamiento político, como sucedía en los tiempos de la oprobiosa dictadura, y la manipulación de los estudiantes. Y sería muy probable, pero nadie parece alarmarse sin embargo demasiado del hecho de que se esté ya manipulando y adoctrinando religiosamente a los estudiantes con esta nueva fe y asignatura de la economía y con la promoción del consiguiente espíritu emprendedor, eufemismo de empresarial y capitalista, una nueva fe en el dios Dinero con la que se está imbuyendo a nuestros jóvenes del espíritu y la creencia, falsa como todas, de que la sociedad es un mercado donde todo se compra y se vende -hasta nosotros mismos a poco que nos descuidemos- y no puede ser otra cosa... ¡Si el Estagirita levantara la cabeza…!
 
 Y dado que todos los políticos profesionales mienten, porque su función es sostener la realidad, que es esencialmente falsa, llamarle a alguien político, sigue diciendo Arcás,  se ha convertido en un grave insulto.
  

jueves, 19 de febrero de 2026

Una falsa etimología: educación.

Los pedagogos suelen arrimar el ascua a su sardina y amoldan la etimología del término “educación” al campo semántico propio de su especialidad, previamente definido. Suelen decir que se remonta al latín educere que significa educir, es decir, sacar algo, hacer que salga del interior, como por ejemplo en la frase educere uagina ferrum ('desenvainar el sable' o 'desenfundar la espada'). Pero resulta que la acción de educere es en latín eductio, y en castellano la acción de educir es la educción, a imagen y semejanza de inducción, deducción, traducción y demás compuestos.
 
Hay en latín otro verbo muy parecido que es educare. Y la acción de educare es, propiamente, la educatio, de donde deriva nuestra educación. Ambos verbos, educere y educare, están precedidos del mismo prefijo centrífugo e(x)- que indica el movimiento “de dentro hacia afuera”; ambos proceden de una misma raíz indoeuropea, que significa grosso modo “conducir, llevar”, pero resulta que no son sinónimos sino en cierto modo antónimos: uno es 'sacar' y el otro 'meter'.
 
 
Un romano como Varrón nos explica la diferencia: educit obstetrix, educat nutrix: la obstetra o comadrona se ocupa del parto; la nodriza, de la alimentación y la crianza (del élevage que se diría en francés).
 
La educación, pues, está más relacionada con la gastronomía que con la tocología. Prueba de ello son los términos 'alumno' y alma mater, los dos emparentados precisamente con el verbo alere, que significa “alimentar”: alumnus es el alimentado, el nutrido, el criado, y alma mater, la madre nutricia o nodriza, como se denominó en principio a la Iglesia y a la Virgen María y posteriormente a la Universidad de Bolonia, la más vieja de Europa, fundada en 1088, que adoptó el lema: Alma mater studiorum. La metáfora es evidente la Universidad sería la madre que amamanta a su hijo.
 

 En castellano la palabra 'educación' es un neologismo documentado en el siglo XVII, aunque debió de comenzar a usarse a finales del XVI, según Corominas, como sinónimo de crianza, instrucción y adoctrinamiento. Los primeros educadores fueron los obispos en el seno de la Iglesia, que se veía a sí misma como la Madre Iglesia, de la que los fieles, concebidos como alumnos, no deberían destetarse porque fuera de la Alma Mater no había ninguna salvación (extra ecclesiam nulla salus). 
 
Es ahora el Estado el que ha adquirido la función de madre nutricia, y ha considerado a toda la humanidad educanda, esto es, “que debe ser educada”, es decir, amamantada con el bolo alimenticio y la sopa boba del adoctrinamiento y adiestramiento canino. La educación se reservó para que la impartiesen los funcionarios del Estado, y la educción, para la mayéutica de Sócrates, el hijo de la partera, perito en partos.

domingo, 15 de febrero de 2026

Soldadito español, soldadito valiente

No sé si aquella primer Ministro de Defensa del reino de las Españas, q. e. p. d.,  que declaró una vez a la prensa sin rebozo ni sonrojo alguno por su parte «Soy una mujer pacifista», era consciente de la contradicción lógica que suponía decir esas palabras y regentar a la vez el Departamento de  la Guerra, que es como antaño se llamaba. Supongo que sí lo era, pero ella iba más lejos aún y afirmaba sin empacho: «…y el Ejército también es pacifista». 

 Napoleón como Marte pacificador, Antonio Canova (1810)

Quería convencernos la mujer con la mejor intención sin duda del mundo -pero de las mejores intenciones está empedrado el infierno, como bien sabe don Pedro Botero-,  de que el Ejército era una piadosa y sacrificada hermanita de la caridad armada con dos pistolas al cinto para caso de apuro, cuya misión era defender –de ahí el nombre ominoso y apotropaico que oculta la verdad la convivencia de los pueblos en paz y armonía así como el escrupuloso respeto a los derechos humanos. Y lo decía muy seria, como si no fuera consciente del oximoro o estúpida agudeza que entrañaban sus palabras, convencida como sin duda estaba de que tenía que proclamar una cosa así por las exigencias del guion del cargo que ostentaba. 
 
El oximoro, según los manuales de retórica clásica, es una contradictio in terminis consistente en armonizar dos conceptos opuestos, como si dijéramos una tesis y una antítesis hegelianas, en una sola expresión formando así una síntesis o concepto nuevo fruto de la contradicción, cuyo significado se desprende no de su sentido literal, que sería absurdo (por ejemplo, «un dolor placentero»), sino del sentido metafórico o traslaticio creador de un nuevo concepto que trasciende los dos contrapuestos.


Un eximio oximoro es “La paz es la guerra”, que formuló Órgüel en 1984. La idea no es extraña. Es la “pax Romana” o, más modernamente, “pax Americana”. Ya los romanos decían Si uis pacem para bellum, que significa "si quieres la paz, prepara la guerra". Y en ese sentido al dios de la guerra, el fiero y viejo Mavorte, el padre Marte, que da nombre al planeta rojo por el color de la sangre derramada en todas las batallas, y que era según la mitología padre, efectivamente, de Rómulo y Remo, fruto de la violación de la vestal Rea Silvia, su madre,  y por lo tanto de todos los romanos,  le aplicaban estos el controvertido epíteto de “pacifer”: MARS PACIFER: Marte portador de la paz, Marte pacificador, el pacifista Marte, igual de pacifista que Napoleón Bonaparte y que, mutatis mutandis,  nuestra Ministro de entonces y seguramente que la actual también.

Llamemos a las cosas por su nombre: el Ministerio de Defensa es el Ministerio de la Guerra, como ha quedado dicho, cuando las cosas se denominaban por su nombre y al pan se le decía "pan" y al vino "vino". Y la paz que supuestamente defiende ese Ministerio es, en palabras de la poeta Isabel Escudero, una "guerra disimulá": Tú crees que esto es la paz: esto es la guerra disimulá.  Viene aquí muy a cuento aquella vieja sabiduría presocrática de Heraclito de que la guerra es el padre de todo esto (y la madre, por lo tanto, que lo parió todo), que a unos los hizo esclavos y a otros libres, a unos dioses y a otros seres humanos.

Pues bien, un borrador que consta de 240 páginas y de diez unidades temáticas, antiguamente llamadas 'lecciones', elaborado por el Ministerio de Educación (y adoctrinamiento) y el de Defensa (the best defense is a good offense) del Gobierno de España, y dirigido a las tiernas criaturas que padecen la educación primaria desde los 6 hasta los 12 años de edad a lo largo y ancho de seis cursos escolares consecutivos, lleva por título “Proyecto Conocimiento de la Seguridad y la Defensa en los centros educativos”, y pretende reforzar la imagen de las Fuerzas Armadas y de la monarquía españolas. 

Materiales curriculares para educación primaria.

La justificación del  despropósito pedagógico la encuentran sus promotores en nuestra sacrosanta Constitución, dado que uno de sus artículos, el número 30, prescribe el derecho y el deber de todo españolito (y toda españolita) de defender a España, por si a alguien le había pasado desapercibido. El Gobierno de España, cuyo jefe de Estado es el Rey y, a la sazón, Jefe de las Fuerzas Armadas, quiere llevar estos materiales curriculares a todos los colegios de primaria públicos, privados y concertados asociándolos a las diversas áreas y asignaturas, ejes transversales de inculcación de valores así como a las actividades extraescolares.
 
Cualquier día volverán nuestros hijos del colegio a casa cantando aquello de “soldadito español, soldadito valiente”, y diciendo rebosantes de ardor guerrero que quieren inmolarse y aun crucificarse como Jesucristo en aras de la patria, reviviendo el ominoso verso horaciano dulce et decorum est pro patria mori, y canturreando: Por ti, Patria, por ti sola mi vida a los mares di, por ti al peligro ofrecí mis obras y pensamientos ¡en la Rosa de los Vientos me crucifico por ti!  Y cuando les preguntemos qué han aprendido ese día en la escuela nos contarán que han estado jugando en el patio del colegio a la guerra con armamento ligero... "-¿Con qué?" Preguntaremos incrédulos y horrorizados nosotros. Y nos responderán orgullosos: -Con pistolas, papá, con pistolas, que no te enteras. Parece mentira que no sepas qué es armamento pesado y armamento ligero...Y a nosotros nos dará un pasmo y nos preguntaremos, horrorizados e incrédulos, ¿cómo es posible que se les enseñe eso ahora en la escuela a nuestras tiernas criaturitas?

Los responsables de semejante desaguisado pedagógico justifican la inclusión de contenidos militaristas y belicistas en la educación de los niños desde su más tierna infancia en el nombre, faltaría más, de la defensa de la paz a tiro limpio, si hace falta, en todos los rincones del mundo donde actúan nuestras Fuerzas Armadas. 

 
El Gobierno de España también contempla que los profesores, cómo no, reciban formación que mejore sus conocimientos relacionados con la paz, la seguridad y la defensa de España, acreditándose a tal fin (un crédito se traduce en 10 horas de adoctrinamiento y de deformación profesional). 

Ya habíamos asistido algunos de nosotros perplejos e impotentes hace algunos años a la presencia eventual de algunos militares en algunos de nuestros centros educativos de secundaria. Recibíamos de cuando en cuando la visita de algún mílite glorioso, organizada generalmente por el Departamento de Orientación, que venía a informar  para captar  a nuestros alumnos y alumnas de las bondades que ofrecía el Ejército de cara a la incorporación al mercado laboral, ofreciéndoles una salida pro-fe-sio-nal, insistían mucho en este palabro, y una vida de emocionante aventura y servicio a los demás...
Materiales curriculares para educación primaria

La apuesta por una cultura de paz en la educación pasa, contra lo que pretenden estos materiales, por denunciar esta lógica militar que nos quieren ahora inculcar, pasa también por llamar a las cosas por su nombre (por ejemplo "invasión" y no "asistencia", sarcástico y sangriento eufemismo, como hacen insidiosamente en el temario del anteproyecto a la invasión de Iraq que perpetraron, entre otras, las tropas españolas),  y pasa también por proclamar que si civil se contrapone a militar, civilizado es lo contrario de militarizado, desmontando así los supuestos valores de la llamada “Cultura de la Defensa”.

domingo, 19 de octubre de 2025

La Nueva Escuela

    El pedagogo suizo Adolphe Ferrière (1878-1960), promotor de la Escuela Nueva, una corriente de renovación pedagógica surgida a finales del siglo XIX y desarrollada a lo largo del  XX, propuso la reforma de la vieja escuela tradicional denunciando su fracaso; basándose en principios psicopedagógicos modernos pretendió reformar la sociedad mediante una "educación para la vida", dándole la vuelta al non uitae sed scholae discimus ('no aprendemos para la vida, sino para la escuela') de Séneca, convirtiéndolo en lo que debería ser: non scholae sed uitae discimus ('no aprendemos para la escuela, sino para la vida'). Su propuesta está recogida en sus libros como, por ejemplo, 'Transformons l'école' (1920). 
 
 
    Contaba Ferrière que la escuela, lejos de su etimología griega (en griego scholé, ocio), se había convertido en un centro de trabajo (en latín tripalium, tres estacas que servían como instrumento de tortura), un suplicio, lo que se había logrado siguiendo las indicaciones del diablo, su fundador (cito textualmente):  Al niño le gusta la naturaleza: se le enclaustró en aulas cerradas. Al niño le gusta jugar: se le obligó a trabajar. Le gusta ver que su actividad sirve para algo: se hizo de forma que su actividad no tuviera ningún objetivo. Le gusta moverse: se le obligó a permanecer inmóvil. Le gusta manipular objetos: se le puso en contacto con las ideas. Le gusta servirse de las manos: solo se puso en juego su cerebro. Le gusta hablar: se le obligó al silencio. Le gustaría razonar: le hicieron memorizar. Le gustaría investigar la ciencia: se la sirvieron ya hecha. Le gustaría seguir su imaginación: lo sometieron al yugo de los adultos. Le gustaría entusiasmarse: inventaron los castigos. Le gustaría ser útil libremente: le enseñaron a obedecer pasivamente. «Perinde ac cadaver» [igual que un cadáver].
 
    Muy pronto este régimen dio sus frutos. Donde mejor estaban los niños era en la escuela, intramuros, no extramuros, correteando por ahí sin ton ni son. Así es como debía ser. En la escuela aprenden a someterse a unos horarios, de encierro y libertad con el alivio de sus correspondientes recreos. Sin embargo, algunos niños, a los que se les hacía insoportable aquel confinamiento, se rebelaron contra la escuela,  hicieron novillos y practicaron el absentismo escolar: huyeron al bosque a trepar a los árboles, a coger moras, a corretear, saltándose las clases... 
 
    Pronto se vio el fracaso de aquella vieja escuela decimonónica, por lo que el diablo, nunca ayuno de recursos, ingenió otra estrategia, sugiriendo a los ilustres pedagogos como Ferrière que crearan la Nueva Escuela: los niños podrían gozar de salidas didácticas, organizándose periódicas excursiones. Los escolares agradecerían infinitamente la salida del centro (eso es lo que sugiere el prefijo ex- de la palabra ex-cursión con toda su fuerza centrífuga) a los maestros y profesores enrollados que los sacaran por un tiempo prudencial de la jaula de las aulas, para recargar las pilas o mejor, como dicen ahora, las baterías, de forma que pudiesen volver con energía renovada a la incursión (el prefijo in-, aquí de claro valor centrípeto, señala la vuelta a la normalidad y enclaustramiento; tras la excursión se impondría la incursión en la machadiana “monotonía / de lluvia tras los cristales”).
 
 
    Bien entrados ya en el siglo XXI, la Escuela Nueva es una realidad. Centros públicos y privados compiten en la organización de las llamadas “actividades extraescolares”, hasta el punto de que todos disponen prescriptivamente de un Departamento a ellas consagrado, y de un Jefe encargado de hacer su programación y el seguimiento de dichas actividades fundamentales para el normal funcionamiento de un centro escolar de primaria y secundaria que se precie, cuya obligatoriedad sin ellas resultaría intolerable, igual que un calendario sin festividades, un trabajo sin vacaciones o una semana sin su finde.
 
    Hemos ido viendo desde entonces cómo también rivalizan unos y otros equipos directivos de los centros en la organización de diversos saraos académicos como posados fotográficos para orlas conmemorativas del inolvidable curso escolar, eventos deportivos y concursos varios de misses y misters, bailes de primavera y de graduación, ceremonias de comienzo y fin de curso, llegando a fletar autobuses y chóferes para que se vayan turnando en los largos trayectos por las autopistas de Dios devorando millas a toda pastilla, trenes, cruceros y hasta aviones para poner en circulación por tierra, mar y aire por el ancho mundo las cohortes de estudiantes. 
 
    Parece a fin de cuentas que las Actividades Extraescolares, por lo tanto, se hubieran convertido en las auténticas actividades escolares, las que más caracterizan y definen al Centro Escolar convirtiéndose en el eje de su 'proyecto educativo'(sic), siendo las intraescolares, por emplear este término para las clases cada vez menos magistrales poco más que un breve paréntesis entre una y otra extraescolar y una disculpa para realizar las que realmente promocionan al Centro, las que rompen con la reclusión claustrofóbica, sin las que esta sería insoportable.
 
La vieja y la nueva escuela.

     Los profesores que osan criticar la excesiva realización de dichas actividades, por su parte, son tachados de intransigentes cavernícolas y carcas chapados a la antigua por pretender tener a los alumnos "amarrados al duro banco" de las galeras turquescas que siguen siendo, pese a todos los pesares, las aulas. Como consecuencia de todo esto, la mayoría de los centros educativos han cambiado y se han convertido en centros de actividades extra-escolares: organizan excursiones, intercambios de "inmersión lingüística" (sic) y viajes que hacen la competencia a las agencias del gremio; hacen turismo para dar una vuelta -eso es el "tour"- y volver tras el garbeo del giro copernicano a lo mismísimo de siempre. 
 
    Al tiempo que se organizan las salidas pedagógicas, se extreman las medidas de control interior instalándose cámaras de videovigilancia e intensificándose las guardias de patios y recreos a cargo de profesores que se convierten así en vigilantes más preocupados del buen comportamiento de los escolares que del proceso de enseñanza y aprendizaje.
 
    Pero la Nueva Escuela no solo consistió en la organización de actividades extraescolares, sino, sobre todo, en la imposición de la educación en lugar de la enseñanza, lo que con el tiempo se revelaría igualmente desastroso y no menos doctrinario: la gran mayoría de los niños dejaría de interesarse por las cosas, echando a perder el tesoro de su curiosidad infantil. En la Nueva Escuela se les deja hablar y expresarse hasta la saciedad, y hacer ruido. Nada más obsoleto que aquella voz del maestro gritando "¡silencio!". Se alienta a que los pequeños expresen con sus propias voces y palabras lo que se les inculca, que no deben memorizar, con el detrimento que esto supone para el desarrollo de la capacidad mnemotécnica: memoria minuitur nisi eam exerceas: la memoria se atrofia si no se hace uso de ella. 
      Como a los niños les gusta preguntar, para que no cansen a sus maestros y profesores, se les sirven las respuestas antes de que formulen sus interminables preguntas, y se les aconseja que utilicen la Red donde está toda la información disponible hasta la fecha, y recurran, en el colmo de la estupidez natural, a la Inteligencia Artificial, a través de las pantallas y medios audiovisuales, en detrimento de las viejas pizarras trasnochadas. 
 
    El viejo demonio, fundador de la vieja escuela y refundador de la nueva, sonríe satisfecho, qué diablos,con la nueva e incomprensible jerga psicopedagógica o pedopsicagógica con la que se envuelve su regalo envenenado: la Vieja Escuela de toda la vida de Dios envuelta en el celofán de la Nueva Escuela.

sábado, 21 de junio de 2025

¿Cultura de Paz, Seguridad y Defensa?

    El Ministerio de Defensa del Gobierno de las Españas lanza un programa piloto que se va a experimentar inicialmente en la Comunidad Valenciana, que probablemente se termine extendiendo al conjunto del país, dirigido a profesores de secundaria, bachillerato y formación profesional. 
 

    La Consejería de Educación de la Generalidad valenciana está ‘animando’ a los docentes a asistir a un curso de ‘Cultura de Paz, Seguridad y Defensa’ que cuenta con el caramelo de la homologación y que sumará puntos en su currículum profesional educativo; se impartirá del 1 al 4 de julio y contará con la presencia de miembros y miembras, suponemos que vaya alguna, de las Fuerzas Armadas. El curso de tipo presencial será de una duración total de 20 horas. A juzgar por el título, que conjuga las palabras Cultura con Paz, Seguridad y Defensa, sin rastro visible de la ominosa Guerra por ningún lado, que es sin embargo, lo que está detrás y por debajo de esos cuatro términos, se trata de propaganda militar(ista), que habla de ‘riesgos y amenazas en un mundo globalizado’, recurriendo (sin citarlo explícitamente) al fantasma del peligro que supone la existencia de Rusia, y plantea la necesidad de una ‘defensa compartida con nuestros aliados’ en referencia clara a la Unión Europea y la Alianza Atlántica. 
 
    El curso también brinda información sobre la posibilidad de desarrollar una carrera profesional en las Fuerzas Armadas con el objetivo de fomentar el reclutamiento de adolescentes de ambos sexos en futuras charlas con el alumnado para que quieran convertirse voluntariamente en carne de cañón. 
 
    Llama la atención que el remite del correo recibido por los docentes sea directamente de las Fuerzas Armadas. Tanto en el propio correo usado como en el ‘asunto’ se aprecia la significativa palabra ‘reclutamiento’, y en el cuerpo del mensaje se habla de ‘exponer las diversas ofertas de desarrollo profesional que ofrecen las Fuerzas Armadas dirigido fundamentalmente a los alumnos de bachiller y FP’. 
 

     La intención es formar primero a los profesores para que se familiaricen con el ámbito militar y que posteriormente  se lo vendan como algo atractivo a los estudiantes, hasta el punto de que lo vean como una salida laboral. 
 
    Este no es un experimento pedagógico más, sino una maniobra de propaganda para el reclutamiento en el contexto de militarización sin precedentes que estamos padeciendo impulsado por la Unión Europea y la OTAN y que el gobierno progresista de España asume con entusiasmo. Entretanto nuestra ministra de la Guerra confirma la llegada de al menos treinta (30) bombarderos estadounidenses a las bases yanquis de Morón y Rota para garantizar, ante la escalada bélica en Oriente próximo, se supone, la cultura de la Paz, la Seguridad y la Defensa.

jueves, 19 de septiembre de 2024

Educación en valores y competencias

    Las competencias, en la jerga pedodemagógica vigente, son las supuestas demandas que “la vida moderna” o “la sociedad” en general hacen a los futuros ciudadanos. Han sido elaboradas por la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), organismo que agrupa a los 30 estados más poderosos del universo mundo, dentro del marco del proyecto DeSeCo (Definición y Selección de Competencias), elaborado a partir de 1997.

    Allí se define el término competencia como sigue: Capacidad de responder a demandas complejas y llevar a cabo tareas diversas de forma adecuada. Supone una combinación de habilidades prácticas, conocimientos, motivación, valores éticos, actitudes, emociones y otros componentes sociales y de comportamiento que se movilizan conjuntamente para lograr una acción eficaz


    No hace falta decir que los parámetros bajo los que se insertan las competencias son funcionales y están subordinados a la dominación política del Estado y económica del Capital, y a la inserción de los niños y adolescentes en la sociedad y edad adultas, es decir, en lo que suele denominarse con un eufemismo sangrante "el mundo laboral".
 
 

    Estas propuestas están guiadas por un enfoque economicista de la educación, dado que responden únicamente a las demandas del mercado: ¿Qué habilidades, por ejemplo, deben poseer los jóvenes para encontrar y retener un trabajo? ¿Qué cualidades se requieren para estar al día en las nuevas tecnologías? ¿Qué deben tener los ciudadanos para funcionar bien en la sociedad tal y como está establecida? 

    Si los conocimientos son muy complejos, se hacen adaptaciones o ajustes curriculares simplificadores para que los educandos puedan obtener el título que les permita llegar a ser mercaduría laboral. No se persiguen espíritus críticos, sino todo lo contrario: gente sumisa que se amolde a la explotación, a la precariedad, y que no sueñe con transformar la realidad que le ha tocado vivir, sino que se acomode sin rechistar a lo que está mandado.

    A los profesores, que antes han sido alumnos, se les consulta, en el mejor de los casos, para saber su ópinión, una opinión que se les dicta de antemano, pero no se tienes en cuenta sus criterios; acaban imponiéndoseles unos cambios educativos desde las altas esferas pedagógicas de los poderes políticos y económicos, si cabe hacer distingo tan inepto, tendentes a formar ciudadanos empleados, es decir, utilizados, pues no en vano se hacen sinónimos "empleo" y "trabajo",  que participen votando en la feria de la democracia y que contribuyan económicamente al sostenimiento del Estado a través de sus aportaciones directas a la Agencia Tributaria y de los impuestos indirectos.

    Esto y no otra cosa es la moderna educación basada en competencias (ya ni siquiera en valores, on values, como decían antes de convertir los valores morales en bursátiles), que forman parte del currículo oficial y oculto de preparación de la ciudadanía para la vida moderna y que transmite e inculca nuestro sistema educativo  (con los medios audiovisuales e interné a la cabeza), según el estilo de uno de nuestros más geniales humoristas, el entrañable Quino. Al parecer las viñetas no son originales de él, aunque imitan su estilo a la perfección:
(Medios de transporte. Ya no se hace camino al andar, como cantó el poeta, sino al transportarse uno en cualquier vehículo privado mejor que público, de ahí el auge del automóvil rodado, que ahora se prefiere eléctrico como lo fue en sus orígenes, y entre los más jóvenes el patinete igualmente eléctrico).
  (El desarrollo del cerebro humano y la actividad de pensar se sustituyen por la Inteligencia Artificial que nos ofrecen las modernas TIC Tecnologías de la Información y la Comunicación para el fomento de nuestra competencia digital).
(El teléfono inteligente, móvil o esmarfon, que nos aleja de los que tenemos cerca y nos acerca a los que están lejos manteniendo con ellos un contacto sin tacto, aséptico y frío, que se impuso durante la pandemia por la orden del distanciamiento social, pero cuyo uso venía ya apuntando maneras de antes, sustituye al contacto humano por el virtual on line. Los besos, apretones de manos y los abrazos quedan reducidos off line a palabras y estúpidos pictogramas o emoticones).
  (La cultura se reduce a la basura que nos echan por las pantallas de las redes para pasto de pedantes y entretenimiento de idiotas).
 (El mandamiento cristiano "Amarás a tu prójimo como a ti mismo" se reduce a "Amarás al único prójimo que tienes, que eres tú mismo". El narcisismo halla así su más cumplida realización en los modernos selfis).
  (Los únicos valores que cuentan son los económicos o bursátiles, que son los que cotizan en bolsa, a lo que se reducen nuestras auténticas acciones).
(Dios es el dinero, su más cumplida y moderna epifanía monoteísta, cuya fe secularizada y laica no tiene ateos).
(Esta es la educación pública, privada y concertada, que favorece por encima de todo la inserción en la sociedad y la (de)formación profesional como preparación para la prostitución laboral).

domingo, 25 de febrero de 2024

VERBA VOLANT, SCRIPTA MANENT

    Según el  adagio latino, las palabras, si se las deja en libertad vuelan: uerba uolant, scripta manent: las palabras vuelan y no sólo porque se las lleve y borre el viento, como decimos nosotros, sino porque tienen alas como los pájaros. Un viejo epíteto homérico resuena muchas veces como el estribillo de una melodía en la Odisea y la Ilíada: ἔπεα πτερόεντα: palabras aladas. Pero las que no han sido pronunciadas y liberadas permanecen prisioneras en la jaula silenciosa de la escritura, que se configura así como sarcófago o cautiverio al menos de la viva voz.




    Como escribe Borges,  el significado de esta máxima era muy distinto en la antigüedad del que le damos ahora, donde parece que preferimos la segunda parte, que las cosas queden por escrito, y decimos “lo escrito escrito está”: El adagio latino VERBA VOLANT, SCRIPTA MANENT, en que ahora se ve una exhortación a fijar con la pluma los pensamientos, se dijo para prevenir el peligro de los testimonios escritos... Aquella frase que se cita siempre: Verba volant scripta manent, no significa que la palabra oral sea efímera, sino que la palabra escrita es algo duradero y muerto. En cambio, la palabra oral tiene algo de alado, de liviano; alado y sagrado, como dijo Platón. Todos los grandes maestros de la humanidad han sido, curiosamente, maestros orales.

    Un mito griego, recogido por el divino Platón, atribuye la invención de la escritura al dios egipcio Theuth, que se la reveló al entonces faraón del alto y bajo Egipto Thamús, más conocido como Ammón, diciéndole: “Este conocimiento hará más sabios y más memoriosos a los egipcios pues sirve como fármaco para aumentar la memoria y la sabiduría que conlleva”. Pero el sabio faraón le replicó al dios: “Oh dios, tú que eres el padre de las letras, les confieres un poder que no tienen, porque no es recuerdo sino olvido lo que producirán en los que aprendan a leer y escribir, -entre los alfabetizados, diríamos hoy-, y descuidarán la memoria al fiarse de lo escrito”.

    Esto mismo les sucede a muchos estudiantes cuando toman apuntes. En el mejor de los casos habrán resumido una conferencia o lección magistral, pero si se les pregunta qué es lo que se ha dicho no tendrán ni idea, porque su memoria no lo ha retenido. Precisarán leer y releer esos apuntes hasta memorizarlos, algunos en voz alta para oírse a sí mismos, para enterarse de su contenido, porque no han estado atentos a comprender y asimilar lo que se decía, sino a copiarlo por escrito. Quizá por eso algunos filósofos, como el propio Sócrates, que no era precisamente ningún analfabeto, no escribió ni una sola palabra, y Jesús de Nazaré, que tampoco era analfabeto, según se cuenta, sólo escribió una misteriosa palabra con el dedo en la arena que enseguida borraría el agua o el viento.


    Julio César, en sus Comentarios sobre la guerra de las Galias, cuando nos habla en el libro VI de las enseñanzas que transmitían los druidas a los jóvenes galos, recoge la misma idea: los druidas hacían aprender de memoria a los jóvenes que estaban a su cargo, hasta veinte años algunos, un gran número de versos, pero no les permitían hacer uso de la escritura, a pesar de que conocían el alfabeto griego, del que hacían uso en negocios públicos y privados, pero no así en la educación. Esto es así, dice César, por dos razones (id mihi duabus de causis instituisse uidentur), la primera porque no querían divulgar sus enseñanzas públicamente (quod neque in uolgum disciplinam efferri uelint) y la segunda porque no querían que los estudiantes, confiándose en las letras, descuidaran la memoria (neque eos qui discunt litteris confisos minus memoriae studere), porque precisamente lo que suele suceder es que con la ayuda de las letras (accidit ut praesidio litterarum) se pierde la necesaria atención en el aprendizaje y la memoria (diligentiam in perdiscendo ac memoriam remittant).

    Recordar, etimológicamente, es volver a traer algo al corazón, que era para los antiguos el palacio de la memoria, cuya sede no se hallaba en el cerebro, sino, precisamente,  en el *cor(d) o corazón. Esto explica el sentido de las expresiones inglesa y francesa “by heart” y “par coeur”, con el mismo significado que nuestro “de memoria”, que en castellano viejo se decía “de coro”; y también explica el significado del verbo inglés record “registrar”, que es grabar.

    El desprestigio de la memorización por parte de muchos pedagogos y docentes modernos es, de alguna manera, responsable del auge del olvido en que han caído las viejas artes mnemotécnicas, pero hay cosas como la tabla de multiplicar, la lista de verbos irregulares ingleses o, en nuestro ámbito cada vez más restringido, las declinaciones griegas y latinas que conviene saberse de memoria si se quiere hacer un uso razonable y disfrute de ellas. Quizá era absurdo aprenderse la lista de los reyes godos o todos los afluentes de los ríos, como antaño en la escuela, pero hemos pasado de la obligación de memorizarlo todo a no memorizar nada, con lo cual  damos pábulo a la desmemoria y el mal de Alzheimer.

    Contaba Agustín García Calvo, volviendo a nuestro viejo adagio latino, que su maestro Antonio Tovar había corregido su sentido moderno inventando un pentámetro donde añadía un matiz que contradecía el proverbio: MORTVA SCRIPTA MANENT, VIVIDA VERBA VOLANT: lo escrito perdura, efectivamente, pero muerto, en el silencio de la página, mientras que las palabras vuelan de viva voz llenas de vida. En otra ocasión lo recordó con la variante: MORTVA SCRIPTA IACENT, VIVIDA VERBA VOLANT: muerto lo escrito  yace, vívidas vuelan las palabras.

miércoles, 31 de enero de 2024

Pareceres XXXIX

191.- Reconocimiento facial. Una compañía aérea de vuelos baratos, de cuyo nombre no haré mención publicitaria, propone el reconocimiento facial o biométrico, que también le dicen, a sus pasajeros. En principio es voluntario, por lo que no llega a imponerlo todavía. Lo único que necesitamos, nos dicen, es enseñar la cara para pasar los controles aeroportuarios. Se convierte así el careto en lo que siempre por otra parte ha sido: el espejo de nuestra alma individual, personal e intransferible. Así lo vende la aerolínea en su página güeb: Imagina llegar al aeropuerto y no depender de tu documentación física, tarjeta de embarque o de cuánta batería tiene tu móvil. Con el reconocimiento facial podrás convertir tu cara en todo lo que necesitas (documentación, tarjeta de embarque) para pasar los controles del aeropuerto y moverte más rápido. Siempre y cuando, claro, digo yo, no nos impongan la obligación de volar con mascarilla. Al menos no proponen la biometría del reconocimiento anal, que obligaría a los usuarios de las aerolíneas a bajarse bragas y calzones y enseñarles las nalgas a los dispositivos de control. 

Monja arrodillada rezando (anverso y reverso), Martin van Meyens (1731)
 
192.- Non seruiam! ¡No serviré, en el sentido de no obraré como un esclavo! (Jeremías 2, 20). Según el profeta Jeremías no fue Lucifer, el ángel rebelde, quien pronunció estas palabras que suelen atribuírsele, sino el pueblo de Israel, que históricamente se apartó de Yavé, su Dios, en busca de nuevos ídolos y que se prostituyó ante el dinero, Mamón, como una vulgar meretrizuela: “Porque desde antiguo quebrantaste tu yugo, rompiste tus coyundas y dijiste: No serviré; pues sobre todo collado alto y bajo todo árbol frondoso te acostaste y prostituiste”. Al no obrar como un siervo del Señor, el estado de Israel obró como una ramera vendiéndose al capital, y desobedeciendo uno de los principales mandamientos de la ley del dios del Sinaí: "No matarás" (Éxodo 20:13), optando por obedecer a lo que le dicta en 1 Samuel 15:3: "No perdones; mata a hombres, mujeres y niños, aun los de pecho; bueyes y ovejas, camellos y asnos". El actual presidente de Israel, elegido democráticamente, ha invocado al profeta Samuel para justificar su lucha a muerte contra Palestina. 
 
193.- Economía patrística: Creían los santos padres de la iglesia católica apostólica y romana, benditos ellos, como san Agustín o san Jerónimo que la cantidad de dinero que había en el mundo estaba establecida de una vez para todas, y no podía cambiarse, ni menguar ni medrar, por lo que el enriquecimiento de un hombre conllevaba inevitablemente el empobrecimiento de otro. Escribía, por ejemplo San Agustín habere aurum non potes, nisi alius amittat, lo que viene a ser que "no puedes tener oro (cuando el vil metal era la forma del dinero) sin que otro deje de tenerlo". San Jerónimo, por su parte, escribía: nisi cum alterius damno et malo, pecuniae alteri non coaceruantur: "no se acumula dinero en provecho de uno si no es con daño y perjuicio de otro". Y también omnes enim diuitiae de iniquitate descendunt, et nisi alter perdiderit, alter non potest inuenire: "pues todas las riquezas provienen de la iniquidad, y uno no puede hallarla a no ser que otro la haya perdido". Y finalmente: quicumque enim diues est, nisi pauperem exspoliauerit, diues esse non potest: "el que es rico, en efecto, no puede ser rico a no ser que haya robado a un pobre", que bien podría suscribir Carlos Marx. No fueron los alquimistas sino los banqueros modernos, los que lograron el milagro atribuido al rey Midas de obtener más oro del que efectivamente había en el mundo a través de la transmutación, convirtiendo en oro, o lo que viene a ser lo mismo, en mierda, según el análisis freudiano, todo lo que tocaban. Abandonaron la pretensión del oro material sutituyéndolo por el oro o dinero ya inmaterial, que es infinito. El caso es que se nos imponen dos creencias contrarias: que todo el dinero del mundo es una cuenta cerrada (que nadie sabe con exactitud) como creían los santos padres, y al mismo tiempo, como demuestran los banqueros, que está en creciente expansión igual que el universo, por lo que la suma es infinita y puede ser creada ex nihilo por los Bancos Centrales y los Estados.
194.- Paráfrasis de Raoul Vaneigem: El Poder nos obliga a cada uno de nosotros a tomar postura y manifestar nuestra opinión a favor o en contra de Donald Trump, el coche eléctrico, el calentamiento global, Palestina, la marihuana, la enseñanza de las humanidades, la inteligencia artificial, el rap, el auge de la extrema derecha, y un interminable y larguísimo etcétera. No puede haber verdadero diálogo entre las personas, sino múltiples monólogos que se intercambian como cromos, meras opiniones personales, creencias, y gustos sobre los que no es posible discutir, fenómeno que se incrementa en las redes sociales con el ruido tecnológico que no fomenta el diálogo, sino la soledad onanista del monólogo. De hecho monologuista se ha convertido en una profesión humorística para hacer reír. Se nos pregunta nuestra opinión sobre cualquier peculiaridad para impedir que tengamos una opinión sobre la generalidad, es decir, para que, entretenidos como estamos con minucias, no formulemos una enmienda a la totalidad. 
195.- Fundamentos de pedagogía. El primer pedagogo, como apuntó Mairena, sería el rey Herodes. Él, al menos, nunca disimuló sus verdaderas intenciones, que hoy denominaríamos objetivos, como dicen ahora los profesionales de la educación, esos impostores, usando un término de la estrategia militar, por cierto.
 
Masacre de los Inocentes, Lattanzio Gambara (1550-1574)
 

jueves, 4 de enero de 2024

¿¡Todabía, con be de burro!? (y II)

 (Rememoración de Anna Mahé)

    Recojo la noticia de la simplificación de la ortografía francesa que emprendió la anarquista Anna Mahé (1882-1960), nacida en Bretaña, que fue institutriz y compañera con su hermana Amandine del también anarquista Albert Libertad, que consagró gran parte de su actividad literaria a dicha tarea de reforma de la ortografía, publicando, antes de la primera guerra mundial, artículos en diversos medios libertarios franceses, que fueron recogidos en el folleto titulado L'hérédité et l'éducation (ortografe simplifiée), publicado en París por Imp. de L'anarchie con un prefacio de su compañero Albert Libertad, traducido al español por A. Cruz con el título “La herencia y la educación” y aparecido en París en 1911 en la misma editorial, ausentes ambos libros ¿inexplicablemente? de la BnF o Bibliothèque Nationale de France, por lo que no he podido consultar ni el original ni su versión española.

Folleto inencontrable

      Por la cita que reproduce Le Monde Diplomatique, tomada de la revista L'anarchie, de un artículo de la autora que trata sobre la reforma de la educación y la ortografía, deduzco que la reforma iniciada por Anna Mahé era muy timorata todavía, a juzgar por la conservación, entre otras, de la hache inicial y por la salvaguarda de la "y" griega: «Démontons la pédagojie oficièle faite pour fabriquer des esclaves. Bâtissons une pédagojie qui conviène à des cerveaus d’homes.» La traducción de esa frase, con ortografía reformada española, sería: “Desbaratemos la pedagojía (sic) ofizial (sic) echa (sic) para fabricar esclabos (sic). Costruyamos (sic) una pedagojía que conbenga (sic) a los zerebros (sic) de los onbres (sic).”

    En la traducción se ha aplicado la generalización la grafía “j” para el fonema /x/ que unas veces se escribe en castellano “j” y otras “g” (pedagojía, por pedagogía, como ya había hecho entre nosotros por las mismas fechas Juan Ramón Jiménez por su cuenta), se ha generalizado la grafía “z” para el fonema /θ/, que unas veces se escribe “z” y otras “c” cuando va generalmente delante de las vocales “e” e “i”, y “de la grafía “b” para los grafemas “b” y “v” (esclabos, conbenga en lugar de esclavos y convenga), supresión de la hache inicial, dado que no se pronuncia, (echa, onbres -donde por cierto no hay que respetar la regla ortográfica de que "n" antes de "p" y "b"  pero no de "v" se escribe "m"-  en vez de hecha y hombres).

    Tomo nota también de la noticia que da la historiadora Anna Steiner sobre la ausencia de la mayúscula en el título del semanario L'anarchie, que fue impuesta por Anna Mahé, partidaria como era de la simplificación de la escritura, lo que conllevaba, entre otras normas, la desaparición de las letras mayúsculas, que duplican innecesariamente la tarea de escribir la lengua hablada.

    Según Anna Mahé, citada por Anne Steiner, las normas ortográficas están al servicio de una estrategia de distinción llevada a cabo por la burguesía: arbitrarias como son, sobrecargan el cerebro infantil y retrasan la adquisición de la capacidad de redactar. Recuerda ella que en el siglo XVIII se escribía el francés como se quería, y que los manuscritos de Voltaire o del marqués de Sade contienen a veces las mismas palabras escritas con grafías diferentes porque no estaban fijadas las reglas todavía. Fue en el siglo XIX cuando la burguesía, constituida como clase dirigente y élite cultural, quiso marcar la diferencia imponiendo al pueblo la ortografía fijada por la Academia.

anarchie, con a minúscula.
 
     Lo interesante de la cita que damos de Anne Mahé, además de su lucha contra todas las mayúsculas, no es tanto la reforma ortográfica en sí, como la conveniencia de desmontar la pedagogía, que no sólo es la fabricación de esclavos, como dice la autora, sino como dejó sentenciado aquel heterónimo de Machado, la matanza de los inocentes: un solo pedagogo hubo, se llamaba Herodes.

miércoles, 6 de diciembre de 2023

Mensajes a la contra (I)

Siempre hay algún fetiche abstracto que salvar: el Alma de su eterna condenación, la Vida de la muerte, o el Planeta, a costa de nuestro concreto sacrificio.
 
 
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¿No es sorprendente encontrar en esta sociedad tan agnóstica el mismo espíritu de sacrifico que exigía antaño la Iglesia bajo capa ahora científica ecológica?

 

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John Kerry, el zar del clima, dijo que diez mil millones de humanos al ritmo que vamos en el año 2050 no son sostenibles para el planeta. A buen entendedor...

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Los pedagogos rara vez amplían el acervo mundial de conocimientos; mucho más a menudo se oponen a su aumento de manera violenta e implacable.” (H.L. Mencken)

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La cuestión de la existencia de Dios (o del virus, que viene a ser lo mismo) no puede negarse realmente: existen, pero su realidad -ideal- no implica su verdad.

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La industria de fabricación de armamento no da abasto contribuyendo a la creación de empleo, falta de mano de obra que cubra la creciente demanda del producto.

Satanás despertando a sus legiones, Estella Canziani (1913)
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