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martes, 24 de marzo de 2026

Animales políticos

    Escribía el filósofo español Heleno Saña un artículo titulado “La sociedad no es un mercado” en el núm. 51 de la revista La Clave, en abril de 2002, que veinticuatro años después después de escrito sigue, como suele decirse, de rabiosa actualidad. Tomo de él este párrafo, que proporciona una reflexión importante sobre la diferente concepción del ser humano en la antigüedad y en la actualidad:
 
 “Aristóteles fue uno de los primeros filósofos que se ocupó a fondo de la economía, pero subordinándola a la ciencia política, esto es, a la regulación de la vida de la 'polis' o ciudad. La economía queda restringida al recinto doméstico ('oikos'), y de ahí que el Estagirita no defina al hombre como animal económico, sino como «zóon politikón». Los demiurgos de la hora actual han invertido la terminología aristotélica y cometido la barbaridad de convertir el 'homo oeconomicus' en el eje central y caso único de la vida individual y colectiva, una transmutación de los valores que por si sola demuestra el grado de simplismo mental a que hemos llegado”.  
 
Que el hombre  -incluida la mujer- es un animal político ya nos lo dejó escrito Aristóteles según su célebre definición: ho ánthropos phýsei politikón zóon. Recurramos a la fuente del maestro (Política I, 2, 1253ª 2-3): Así pues, de lo anterior resulta claro que la sociedad ("polis") es una de las cosas que hay por naturaleza, y que el hombre es por naturaleza un animal político; y que el que carece de sociedad por naturaleza y no por una casualidad está por debajo o por encima del ser humano, como también el criticado por Homero(1) "sin clan, sin ley, sin hogar". Pues el tal por naturaleza es además codicioso de la guerra, exactamente como una pieza aislada en el tablero(2).
 
ἐκ τούτων οὖν φανερόν ότι τῶν φύσει ἡ πόλις ἐστι, καὶ ὅτι ὁ ἄνθρωπος φύσει πολιτικόν ζώον, καὶ ὁ ἄπολις διὰ φύσιν καὶ οὐ διὰ τύχην ἤτοι φαυλός ἐστιν ἡ κρείττων ἢ ἄνθρωπος, ώσπερ καὶ ὁ ὑφ᾽ ῾Ομήρου λοιδορηθείς ἀφρήτωρ ἀθέμιστος ανέστιος, ἅμα γὰρ φύσει τοιοῦτος καὶ πολέμου επιθυμητής, άτε περ άζυξ ὧν ὥσπερ ἐν πεττοῖς.
 
 (1) La cita completa de Homero es: Hombre sin-ley es aquél, sin hogar, sin trato-con-buenos, / que arda en armor de la guerra, heladora, peste de pueblos. Homero, Ilíada, IX, vv. 63-64, traducción de A. García Calvo.
 (2) Parece que es una especie de juego de damas sobre un tablero dividido en treinta y seis escaques y cruzado por una linea llamada sagrada, que deslindaba los dos campos, cuyas piezas están obligadas a combatir más cuando se quedan más aisladas las unas de las otras. 
 
 El dibujante griego Arcás, que no va a contradecir al filósofo, viene a decirnos ahora que, efectivamente, todos somos animales políticos -politiká zóa, en griego clásico y moderno a la vez, básicamente la misma lengua-, pero nos advierte el humorista, todo un referente ya dentro de los modernos, que no somos de la misma especie animal, ya que unos son políticos profesionales -el lobo- y otros, la inmensa mayoría democrática de la gente, los corderos.
 
 
 Este “simplismo mental a que hemos llegado”, que denunciaba Heleno Saña en su artículo, se refleja en el mundo de la enseñanza o, si se prefiere, de la educación, en la creciente promoción a la que venimos asistiendo desde hace años, dentro del llamado Bachillerato de Humanidades y Ciencias Sociales, de la inclusión y sobrevaloración para la vida moderna de  una asignatura que se llama “Economía”. 
 
¿No sería más interesante otra asignatura que se llamara “Política”? Podría argumentarse en su contra el hecho de que una asignatura llamada “Política” sería un tanto peligrosa, ya que favorecería el adoctrinamiento político, como sucedía en los tiempos de la oprobiosa dictadura, y la manipulación de los estudiantes. Y sería muy probable, pero nadie parece alarmarse sin embargo demasiado del hecho de que se esté ya manipulando y adoctrinando religiosamente a los estudiantes con esta nueva fe y asignatura de la economía y con la promoción del consiguiente espíritu emprendedor, eufemismo de empresarial y capitalista, una nueva fe en el dios Dinero con la que se está imbuyendo a nuestros jóvenes del espíritu y la creencia, falsa como todas, de que la sociedad es un mercado donde todo se compra y se vende -hasta nosotros mismos a poco que nos descuidemos- y no puede ser otra cosa... ¡Si el Estagirita levantara la cabeza…!
 
 Y dado que todos los políticos profesionales mienten, porque su función es sostener la realidad, que es esencialmente falsa, llamarle a alguien político, sigue diciendo Arcás,  se ha convertido en un grave insulto.
  

martes, 17 de marzo de 2026

"Soy libre"

    El personaje de la viñeta de Arcás, el dibujante griego, nos presenta a un presidiario con su traje clásico de rayas blancas y negras, grises o azules -siempre un color más oscuro. Parece ser que estos uniformes se usaron en las cárceles de los Estados Unidos de América, también en los campos de exterminio nazis, aunque sus rayas eran verticales. El recluso Isovitis, el isobita, condenado a cadena perpetua de por vida sin posibilidad de remisión, nos provoca una sonrisa irónica y sarcástica, pero siempre crítica por lo que dice, que nos recuerda mucho a alguien...
 

    ¿Qué dice nuestro reo en la lengua de Homero? είμαι ελεύθερος "eímai eleútheros". Es griego clásico y moderno a la vez. Es, simplemente, griego. Una declaración de libertad: Soy libre.  La pronunciación actual ha variado ligeramente sobre la que suponemos clásica, pero no gran cosa. 

    La segunda parte de la frase να κάνω ό,τι θέλουν "na káno ó,ti théloun" nos depara una sorpresa final: esperaríamos να κάνω ό,τι θέλ "na káno o,ti thélo", que es lo habitual cuando alguien proclama su propia libertad: "soy libre de hacer lo que quiero o lo que me dé la gana", como si fuera garantía de libertad someterse al yugo de la propia voluntad, cuando, además, la mayoría de las veces ni siquiera sabemos lo que queremos, pero lo que dice es aparentemente otra cosa: de hacer lo que quieren. 
 
 
 
    ¿Cómo sabe uno, en efecto, lo que quiere? ¿Cómo sabemos que lo que quiere uno no es lo que quieren los demás que queramos? Sin embargo, Arcás nos ha cambiado la desinencia del verbo. Ha cambiado la esperada primera persona del singular por la tercera del plural. Soy libre de hacer lo que quieran. En todo caso, lo que queda manifiesto y a la vista está y es lo que produce nuestra sonrisa es que el presidiario, haga lo que haga, no es libre.

    Nuestro no menos genial y llorado Forges desarrolló este mismo y trascendente asunto de la libertad humana en una célebre viñeta de abundante texto y no menos gracia, en la que el personaje no solo declaraba que era libre, sino que insistía en ello ante el marco incomparable de una puesta de sol o,  tanto da, de un amanecer:


    Dijo Horacio en una frase que se ha hecho famosa: "quid rides? mutato nomine de te / fabula narratur" (Sátiras, 1, 1, vv.69-70): ¿De qué te ríes?  Cambiado el nombre, a ti se refiere la historia. Parafraseando a Horacio podríamos decir: "De nobis fabula narratur". La historia habla de todos y cada uno de nosotros: hagamos lo que queramos o lo que quieran las altas instancias de nuestra alma personal o los demás, tanto da, no somos libres como habitualmente proclamamos.

miércoles, 10 de diciembre de 2025

Lo que le dice el Año Viejo al Año Nuevo (The End)

    Una viñeta del dibujante griego Arcás publicada hace ahora nueve años, que reflejaba lo que le decía el año 2016, que estaba a punto de finalizar, envejecido y canoso, medio calvo ya y barbudo, al inminente 2017, joven e imberbe todavía, y que es, en dos palabras: obsolescencia programada, es lo mismo, actualizado, no hace falta decirlo, que le dice ahora mismo el presente año del Señor 2025 al futuro 2026 que está esperando que le den el pistoletazo en la línea de salida: está previsto que tú, el año supuestamente nuevo,  dures trescientos sesenta y cinco días igual que yo, ya que ninguno de los dos somos bisiestos, y que las promesas de mejora en general que conllevas (felicidad, realización de todos nuestros más íntimos deseos y sueños de paz en la tierra, armonía, libertad, fraternidad y  demás zarandajas) se queden en agua de borrajas y caigan en desuso y el saco roto del olvido por la fuerza misma de la costumbre y el propio funcionamiento de la maquinaria que prevé que así sea y que se alimenta de esas mismas y falsas ilusiones de novedad,  de modo que, cuando uno está a punto de descubrir y denunciar el engaño del año en el que vivimos,  se abre paso una nueva institución temporal, que hará su aparición estelar en todos los calendarios y que es "el año nuevo" con idénticas y falsas promesas e ilusiones.  
 
 
 
    ¿Descubriremos alguna vez los humanos seres que el año viejo y el año nuevo, tú y yo, no somos sino el mismo año que gira como la tierra en torno al sol, la misma ave Fénix que muere incinerada y renace de sus propias cenizas? El dibujante griego lo reflejó muy bien en otra de sus viñetas en la que presenta la silueta incolora del espíritu de un fallecido que se halla en el cielo conversando con un Ángel del Señor, al que le pregunta qué es lo que pasa detrás de un biombo sobre el que cuelgan unas prendas de vestir y tras el que se ven unos pies humanos, y el Ángel le responde que el año se está cambiando, es decir, se está disfrazando para parecer otro, lo que nos recuerda a los hablantes castellanos el inveterado dicho idiomático de que es el mismo perro con distinto collar.  
 
 

Las viñetas y tiras cómicas de Arcás aparecieron por primera vez en los quioscos griegos a principios de los años 80. Su obra, desde entonces hasta la actualidad, ha ido creciendo considerablemente. Al mismo tiempo, su identidad personal y aspecto físico han sido y son un misterio hasta para sus propios lectores y editores griegos. Arcás ha preferido mantener el anonimato bajo la firme creencia de que a un artista debe conocérselo más por su obra que por su personalidad propia.   Su particular sentido del humor (casi negro), impregnado de un tono sarcástico, está presente en casi todas sus historietas. Sin embargo, lo que realmente explica su éxito es la universalidad de los temas que trata. En este sentido, puede decirse de él, sin exagerar, que es ya todo un clásico, porque su humor está fuera del tiempo. 

'La vida de después', además de ser una de los mejores y más celebradas historietas de Arcás es la más larga por ahora. Narra la vida de Arni, un hombre joven que ha muerto de repente de un infarto y que se encuentra de pronto en el paraíso conversando con un ángel sobre lo humano y lo divino. El Ángel del Señor le dice a Arni que no se deprima que morirse no es algo tan terrible, ya que le puede pasar a cualquiera. Cuando Arni le pregunta al Ángel qué opinión tiene sobre la incineración de los cadáveres humanos, este le responde que es un auténtico progreso porque en la Edad Media los quemaban vivos... Una muestra genial de su humor negro y sarcástico. 

 
The end, el fin de...

La gente quiere que llegue el finde, como se dice ahora, o el fin de semana, que se decía antes o también el güiquén con flagrante anglicismo,  llegar a fin de mes, celebrar el fin de año:

-que llegue el finde para descansar y desconectar de la rutina, libre de las cadenas del trabajo asalariado o de la educación preparatoria, que es la cara moderna de la antigua esclavitud abolida de la faz del mundo para seguir subsistiendo bajo nuevas formas;

-llegar a fin de mes, económicamente hablando, porque el dinero es aquello en que se convierte nuestra vida, time is money, money is time; llegar a fin de mes significa cobrar a mes vencido, obtener la recompensa económica  por nuestra prostitución, cobrar el estipendio que debería alcanzar hasta el próximo fin de mes y que sólo nos durará unos días, quizá unas semanas…

-celebrar el fin de año con burbujas espiritosas de champán para que parezca que damos carpetazo y hacemos borrón y cuenta nueva, dispuestos a que el año que comienza sea de verdad un año nuevo y no, lo que acabará inevitablemente siendo, una repetición de lo mismo de siempre.

Porque lo que en realidad queremos es el fin del tiempo que nos venden como futuro siempre: el fin de la semana, el fin del mes y el fin de todos los años que pretenden computar el paso del tiempo: feliz fin de semana, por lo pronto, y feliz fin de mes y de año todo junto. Esperando el porvenir, y el porvenir nunca llega.



miércoles, 24 de septiembre de 2025

A propósito de Casanchaquis

Nicos Casanchaquis, o como prefieren transcribir algunos su nombre Nikos Katzantzakis (1883-1957), es un célebre escritor griego conocido entre nosotros más que por la lectura de sus libros, por tres películas de desigual interés basadas en tres de ellos: El que debe morir (1957) de Jules Dassin, basada en Cristo de nuevo crucificado, la espléndida Zorba el Griego, dirigida por Mijalis Cacoyannis en 1964, y La última tentación de Cristo, dirigida por Martin Scorsese en 1988. Casanchaquis en su Carta a El Greco, un libro de memorias sobre su apasionada vida, relata una ocasión en la que, contemplando unas feroces máscaras africanas en un museo, se hace a sí mismo la siguiente reflexión digna de interés:

Un domingo lluvioso me paseaba lentamente en un museo y contemplaba las máscaras salvajes africanas, hechas de madera, de piel, de cráneos humanos, y me esforzaba en aclarar el misterio de la máscara. Ahí está, pensaba, nuestro verdadero rostro, nosotros somos esos monstruos de fauces ensangrentadas, de labios colgantes, de ojos espantosos. Tras el rostro hermoso de la mujer que amamos, aúlla una máscara repugnante, tras el mundo visible, el caos; tras el dulce rostro de Cristo, Buda. A veces, en los terribles momentos del amor, del odio o de la muerte, desaparece el encanto engañoso y vemos el terrorífico espectáculo de la verdad.

 
En su esfuerzo por desentrañar el misterio de las máscaras, descubre que la máscara es nuestro auténtico o verdadero rostro. En su cita, sin embargo, se me escapa por completo el sentido de la contraposición que establece entre Buda y Cristo, salvo que Buda represente la nada del nirvana. Su descubrimiento me trae a la memoria lo que escribió Séneca en latín: 'Nadie puede llevar puesta la máscara mucho tiempo' (Nemo enim potest personan diu ferre). 

Máscara se decía, por cierto, en latín: 'persona', palabra de origen etrusco (phersu), que significaba 'máscara de actor' y de ahí 'personaje teatral' que la llevaba, y por extensión nuestra moderna 'personalidad' y 'persona', un cultismo empleado en todas las épocas, según Coromines, y popularizado por lo menos desde fines de la Edad Media entre nosotros en un mundo en que todo tiende a estar cada vez más personalizado y, etimológicamente, más enmascarado. Cita Coromines que la expresión 'la persona' se gramaticalizó en castellano como pronombre impersonal con el sentido de “uno, la gente en general”, sobre todo en textos jurídicos y morales, algo parecido al uso de omne/ome ('hombre') como sujeto indeterminado, en favor de los usos impesonales que acabaron triunfando de 'uno' y 'se'. 

Epitafio y variación

Cuando uno en persona llega en avión a Heraclio, la capital de la isla de Creta, cuyo nombre recuerda hoy al héroe griego Heraclés o sea a Hércules, se encuentra con que el aeropuerto donde aterriza lleva el nombre del escritor Nicos Casanchaquis, porque aquí fue donde nació nuestro autor cuando la ciudad se llamaba Megalo Castro, y se hallaba bajo dominio turco. En Heraclio reposan hoy sus restos mortales bajo una cruz desnuda. La iglesia ortodoxa griega no permitió que fuera enterrado en un cementerio por lo que su tumba se halla sobre una de las murallas de la ciudad. El epitafio del prolífico escritor cretense, reza  lo siguiente sobre la lápida: "No espero nada, no temo nada, soy libre" (Δεν ελπίζω τίποτα Δε φοβάμαι τίποτα Είμαι λέφτερος).



Arcás, nuestro dibujante griego moderno más clásico, se nos descuelga, por su parte, con una variación un tanto paródica del epitafio del escritor cretense, conservando la primera frase pero modificando significativamente las dos siguientes: un rostro entristecido y compungido, dice:  "No espero nada, lo temo todo, ¿soy libre?".

Si comparamos el texto de la lápida del escritor y el de la viñeta de Arcás observamos que además  de las significativas variaciones de la segunda línea -supresión de la negación y sustitución de la palabra 'nada' por 'todo'- el texto concluye con un expresivo signo de interrogación griego ";". La afirmación jubilosa de la tumba del escritor "soy libre" se convierte en la viñeta de Arcás en una pregunta poco menos que retórica o por lo menos irónica: ¿Soy libre? 

viernes, 4 de agosto de 2023

No es el fin (A vueltas con la muerte, y III)

   En la Edad Media surgieron las célebres Danzas de la Muerte, de las que la Danse Macabre francesa parece ser una de las primeras. La Muerte invita a todos los nacidos a participar en su baile, desde papas y emperadores hasta pobres jornaleros. Nadie se salva de ella. Ya lo había dicho Horacio en un célebre verso: Pallida mors aequo pulsat pede pauperum tabernas regumque turres: La pálida muerte llama con igual patada a las chabolas de los pobres y a los palacios de los reyes.

    Así dice, por ejemplo, una copla de una de estas danzas medievales en la que la Muerte justiciera acusa al rey de tirano, avaro e injusto, invitándolo al baile ("venid para mí") y dejando bien claro quién es el auténtico monarca de este mundo:

Rey fuerte, tirano, que siempre robastes
todo vuestro reino y fenchistes(*) el arca,
de fazer justicia muy poco curastes,
según es notorio por vuestra comarca;
venid para mí, que yo só monarca
que prenderé a vos e a otro más alto... 

*fenchistes: está por henchiste, es decir, por llenaste. Robastes, fenchistes y curastes presentan una desinencia -stes de la segunda persona del singular del pretérito indefinido, con una -s superflua, porque procede de la forma latina -isti, sin -s final, pero explicable, porque es análoga al resto de la conjugación castellana, donde todas las segundas personas del singular acaban en -s salvo precisamente esa, por lo que son formas que, aunque gramaticalmente incorrectas, son lógicas y se oyen y se dicen todavía en nuestra lengua. 
 
 He aquí a propósito de las danzas de la Muerte una recreación musical del grupo alemán Corvus Corax de una de ellas, que nos invita a todos, tarde o temprano, ricos o pobres, viejos o jóvenes, hombres o mujeres a bailar democráticamente.  


 
    Los que hablamos alguno de los dialectos de la vieja lengua de Roma  consideramos que la muerte tiene género gramatical femenino, porque la palabra neutra "letum" sólo se ha conservado en el adjetivo "letal". Españoles (la muerte), franceses y catalanes (la mort), italianos (la morte), portugueses y gallegos (a morte), rumanos (moartea) imaginamos a la muerte como una terrible mujer, la señora inmortal de la guadaña, que viene a arrebatarnos la vida que nos queda. 

    Un ballet ideado por Jean Cocteau se hace eco de esta alegoría, donde la Muerte es representada por una bailarina. Tiene música de Bach, nada más y nada menos,  y trata el tema de la Muerte que viene a buscar a un hombre joven: Le jeune homme et la mort. El carácter democrático e igualitario de la muerte es innegable. Merece la pena verlo y escucharlo.


    Sin embargo, esto no sucede en todas las lenguas de Babel. En griego, sin ir más lejos, la muerte tiene género masculino (ὁ θάνατος ho thánatos), por lo que los helenos imaginaban que era un doncel,  hermano gemelo del sueño (ὁ ὕπνος, ho hýpnos). Lo mismo sucede en alemán, donde la muerte tiene también género masculino: der Tod. En inglés las palabras no tienen género gramatical, por lo que diríamos que no es ni masculina ni femenina, sino en todo caso neutra: the death.
 
  Una viñeta de Arcás, el dibujante griego, saca a relucir su humor negro presentándonos a la muerte como un apuesto caballero vestido de negro, con su guadaña y su capucha, intentando seducir a una anciana, y viene como contrapunto a hacernos sonreír un poco.

 

    En fin, como puede verse, la categoría gramatical del género no está presente en todas las lenguas, y, si lo está,  no es significativa ni universal, es completamente aleatoria y responde a criterios de formación y clasificación de palabras,  lo cual debería hacernos ver lo relativo que es nuestro ángulo de visión, nuestro propio punto de vista, la particularidad o parcialidad de nuestro idioma o idiocia lingüística, y lo necesario que es conocer algún otro para poder desengañarnos.