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sábado, 7 de marzo de 2026

Pareceres CIII

502.- Papeles para nadie. Si el empadronamiento es un medio de reconocimiento institucional, que implica ser visible para la administración pública, como dicen sus defensores a ultranza, porque sin este reconocimiento quedamos expuestos al albur de múltiples formas de exclusión social, proponemos como solución no que haya papeles para todos, sino que no los haya para nadie ya que el papeleo y la burocracia que conlleva no hacen ninguna falta, sino que sobran, todo lo contrario. Al parecer, el marco jurídico español que regula el empadronamiento señala explícitamente que toda persona que habite en un municipio tiene el deber y el derecho de inscribirse, sin distinción de nacionalidad o situación administrativa. Al parecer, también, según la ley de extranjería,“los extranjeros, cualquiera que sea su situación administrativa, tienen derecho a los servicios y prestaciones sociales básicas”, lo que implica, según los defensores del padrón, necesariamente que deben estar empadronados para poder acceder a dichos servicios, conectando así con el principio de no discriminación por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social. Evidentemente, el padrón crea una discriminación más. 



503.- Auge del negacionismo. Leo en El Periódico las declaraciones de la vicepresidenta tercera del Gobierno y Ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (¡toma ya!), que dicen: "Crearemos una red para proteger a los divulgadores climáticos frente a los ataques de los negacionistas". Le preocupa, según parece, a la ministra del gobierno progresista la desinformación climática y el auge del negacionismo que abundan en las redes sociales, que son un medio de comunicación sobre el que el gobierno no tiene un control efectivo como el que ejerce sobre el Ente Público de RTVE y otros medios afines y subvencionados, por lo que su ministerio pretende ponerse manos a la obra, y esa obra es la censura del escepticismo del espíritu crítico del artículo de fe y dogma climático, al que denomina negacionismo. El caso es que, según parece, nuestro gobierno progresista y afirmacionista va a ser el primero en legislar contra el escepticismo climático protegiendo a sus divulgadores climáticos, esos modernos predicadores del apocalipsis climatérico “frente a los ataques de los negacionistas”. Se trata, una vez más, de aplicar la censura a la ciencia, ante el auge -dicen- del negacionismo, lo que pone de relieve lo preocupados que están porque ya nadie o muy poca gente les cree ni hace demasiado caso, lo que no deja de ser, por otra parte, una óptima noticia. 


504.- Heraclés en la encrucijada. El hombre moderno, como el héroe antiguo hijo de Zeus y de la mortal Alcmena, que, fiel a su marido, el rey Anfitrión, fue engañada sin embargo por el dios cuando se presentó ante ella haciéndose pasar por Anfitrión que volvía de la guerra, de cuya unión nacerá Heraclés, el Hércules latino, el más importante de los antiguos semidioses, se halla en la encrucijada de dos caminos y tiene que elegir no cuál va a seguir y resolver el dilema que se le plantea entre los dos, si el del vicio o el de la virtud, si el de la izquierda o el de la derecha,  sino algo más sencillo: si continuar la trayectoria de su existencia, -que no su vida porque esto, desengañémonos, no es vida sino otra cosa, quizá no más que mera supervivencia-, como un consumidor ciego, votante y a la vez contribuyente, sujeto además al incesante avance y runrún de las nuevas tecnologías y a la acumulación de bienes materiales que en realidad no son cosas buenas sino simulacros de cosas buenas, ideas o sustitutos de lo bueno, dentro de la sociedad del espectáculo..., o no, todo lo contrario: dejar de continuar.

   

505.- Estándares. 'Si quieres días felices, no te analices', dice un amigo que es médico. El problema de los análisis es saber dónde está el límite y quién lo establece entre lo que se considera normal y lo que está fuera de la norma. Hablando, por ejemplo, del colesterol, está establecido en la actualidad que por encima de los 200 mg/dl (miligramos por decilitro de sangre) hay hipercolesterolemia, lo que aumenta potencialmente el riesgo de enfermedad cardiovascular. Sin embargo, hace unos años se consideraban otros límites, los estándares médicos eran mucho más permisivos que los actuales sobre el riesgo cardiovascular, pero los umbrales han bajado drásticamente. A comienzos de los años ochenta se consideraba normal el rango de entre 150 y 300 mg/dl para personas mayores de cincuenta años, pero paulatinamente desde entonces han ido bajando en 1988 a 240 mg/dl, luego a 220 mg/dl, hasta llegar en la actualidad a los 200 mg/dl para la población general. Esta bajada drástica de los índices -lograda, se nos quiere hacer creer por el desarrollo científico y no por la presión de los laboratorios farmacológicos ávidos de endilgarnos sus exitosos tratamientos de por vida para incrementar sus ganancias e intereses- nos convierte a los mayores en enfermos crónicos y pacientes vitalicios. Se ha inventado así una enfermedad claramente asintomática. De hecho la llaman enfermedad silenciosa, para la que hay un remedio farmacológico efectivo: las estatinas, que  reducen significativamente los niveles de colesterol en sangre, pero no son inocuas porque en uno de cada diez casos aumentan los niveles de glucosa en sangre, y no pueden suspenderse, porque, en cuanto dejan de tomarse, las aguas vuelven a sus cauces... Se estima que aproximadamente unos veinte millones de españoles tienen el colesterol alto, y la mayoría, sin saberlo. De ahí el interés de los laboratorios en que la gente se chequee, y se ponga en tratamiento. 

 

506.- Fellatio sine qua non. La moda femenina de inflarse los labios que pueden resultar hasta grotescos no es muy reciente que digamos. Lleva ya un tiempo entre nosotros. Ya hablamos de ella en Cánones labiales de belleza. Muchas se los inflan y los luces en sus redes sociales. Cuando una mujer (o un varón, que también los hay) se hincha los labios, está haciendo algo muy sencillo, es decir, está emitiendo y amplificando una señal sexual. Así de simple. La famosa «boca de pato», que arrasa en los selfis tanto entre adolescentes como entre mujeres mayores, que puede conseguirse ya sea con maquillaje o ya a través de relleno de ácido hialurónico, que dura de medio año a un año, sin pasar por el quirófano, es un gesto erótico: labios protuberantes, ligeramente entreabiertos, rostro relajado. Es una ambigüedad hipócrita. Por supuesto, nadie lo dirá nunca en voz alta, como aquel alcalde vallisoletano creo que era, que confesó que cuando veía la cara y los morritos de una jovencísima ministra del ejecutivo de aquel entonces siempre pensaba “lo mismo, pero no lo voy a decir aquí”, porque vivimos en la era de la doble mentira, en la que se hace una cosa y se cuenta otra, a uno mismo antes que a los demás. Al menos se hiciera con honestidad... pero no, nos hinchamos, nos fotografiamos, lo publicamos y luego nos ofendemos si alguien llama a las cosas por su nombre.

 

sábado, 22 de noviembre de 2025

Pareceres XCI

446.- 'Paz, dignidad e igualdad en un planeta saludable'. El lema de la ONU, Organización de las Naciones Unidas (UNO en la lengua del Imperio, en la que los determinantes preceden a los determinados (United Nations Organization), que fue fundada tras la Segunda Guerra Mundial por cincuenta y una naciones que se comprometieron a mantener la paz y la seguridad mundial, según sus propias palabras, es además de eso, proteger los derechos humanos y promover la igualdad entre todas las personas sin importar su raza, sexo, religión u origen.  A tan nobles objetivos se añadió la coletilla de “planeta saludable” que apuntaba a la acción climática y al desarrollo sostenible, objetivos cruciales para el bienestar futuro (perdonen entre tanto las molestias actuales que puedan ocasionarles) de la humanidad y del planeta. Desde la fundación de la Organización, el mundo ha estado en guerra, una guerra interminable. La propia pretensión de que se unan las naciones existentes fortalece la existencia y no la disolución de dichas naciones que por esencia son beligerantes: la guerra es la esencia de cualquier Estado. Se cuenta que, cuando la ONU en 1946 excluyó la entrada de la España de Franco, se vio una pancarta  en un acto de adhesión fervorosa al Régimen en la plaza de Oriente, de la que desgraciadamente no hay testimonio gráfico fiable, que decía no sin chulanganería y estableciendo la diferencia entre ellos y nosotros, porque España era diferente: “Si ellos tienen UNO, nosotros tenemos dos (y bien puestos)”. España acabaría entrando en la Organización, poco después, en el año del Señor de 1955, hasta la fecha. 
 
  
447.- Los medios mienten. Todos en general y cada uno de ellos en particular. Hay que denunciarlo para que los que todavía se asoman, ingenuos, a las páginas electrónicas o de papel de los periódicos y a los servicios informativos de las pantallas se desengañen de una vez por todas, y para que cuando quieran acusar a alguien de mentiroso digan de él con más razón que un santo que dice más mentiras que el diario independiente de la mañana, que los servicios informativos de RTVE o de cualquier otra cadena de televisión, o que los verificadores de la verdad... Hace años se decía de los mentirosos que mentían más que la Gaceta, aludiendo a la Gaceta de Madrid, el periódico más antiguo de España, que comenzó a editarse en 1660. De este periódico se llegaron a tirar muchísimos ejemplares para su época y muchos pasaban al otro lado del charco, donde también se leía. Ya en el siglo XIX fue el órgano de propaganda de los políticos que detentaban el poder y del ignominioso rey Fernando VII. En sus páginas se mentía todo lo necesario para aplacar los ánimos del pueblo o se publicaban infundios siempre que beneficiaran a los gobiernos y gobernantes. Su carácter de prensa orgánica y oficial lo convirtió en detestable para los liberales, llegando a convertirse con el tiempo en lo que luego se llamó el BOE (Boletín Oficial del Estado), que sigue mintiendo, no hace falta decirlo, porque las noticias que publica, aunque reales, son esencialmente falsas, como la actualidad, ese trampantojo que crean los medios para que no hablemos de otra cosa y no sepamos lo que pasa. 
 
(Modificado el texto)
 
448.- ¿Deporte? ¡No, gracias! Nadar, montar en bicicleta o correr son actividades lúdicas, que se hacen libremente, o sea con mente libre. En cambio, practicar la natación, el ciclismo o el atletismo es convertir esas mismas actividades lúdicas en deporte, es decir, en ideología, competición y sufrimiento. Lo más aborrecible de la reducción a deportes del acto de correr o de montar en velocípedo es hacerlo sobre una cinta móvil o una bicicleta estática que tanto abundan en los gimnasios, esas modernas palestras donde se va a sufrir trabajando el cuerpo. ¡Qué palabra tan bella esta de gimnasia que tanto le gustaba a Mairena! ¡Qué horrible el engendro ese de Educación Física! "Gimnasia" evoca, por cierto, más que el ejercicio, la desnudez flexible del cuerpo humano, pues procede del adjetivo griego "gymnós", que significa "desnudo", es decir, desprovisto de ideas, y evoca y nos recuerda a los efebos encuerados y sudorosos de las palestras de la antigua Grecia o a los atletas olímpicos, que no llevaban encima ningún tapujo! No me gusta nada la aberración de la bicicleta estática. ¿No es lo mejor del velocípedo la sensación del aire fresco en la cara, la embriaguez de los aromas, el paisaje en movimiento o nuestra propia e impagable sensación de libertad, y lo peor el pedaleo que no te lleva a ninguna parte, por muy deportivo, sano y recomendable que sea? 
449.- Deseo de ser nadie. “Si no estás empadronado, no eres nadie”. Rezaba el lema de una campaña electoral del Ayuntamiento de Sevilla en el año del Señor de 1999. ¡Qué bendición no ser nadie, digo yo, o ser un don Nadie, si lo prefieren! Yo quisiera des-em-padronarme ahora mismo y emular a Odiseo o Ulises –ambos nombres son pseudónimos, nombres artísticos o falsos del mismo personaje-. que, cuando le preguntaron una vez quién era, es decir, cuál era su verdadero nombre, respondió diciendo más verdad de lo que pueda parecer a primera vista, que Ninguno, o sea Nadie. 

 
450.- Los mercados. ¿Qué son los mercados, esos cocos, madre mía, con los que nos meten tanto miedo políticos y empresarios? Nos preguntamos la gente corriente y moliente, los de abajo. No son monstruos de película de terror. Son bancos (o entidades bancarias, como ellos prefieren denominarse con complejo circunloquio) y Estados que prestan dinero a otros bancos y otros Estados. No son una especie de ogro enmascarado de difusa identidad, sino entidades concretas financieras y estatales, lo que demuestra que la institución estatal y el poder económico son la misma realidad, las dos caras de la misma moneda que es, obvio decirlo, su majestad don Dinero, dios todopoderoso: son tal para cual. Los capitales o caudales –no la calderilla de los dinerillos que llevamos en nuestros sueldos, pensiones de jubilación y bolsillos, sino las sumas astronómicas de miles de millones que no podemos imaginar y con las que nos apabullan- pasan de unas manos a otras en ese circuito vicioso que va de los bancos que prestan a los Estados, a los Estados que rescatan a esos bancos como si fueran caballeros que salvan a damiselas cautivas, y así hasta el infinito. Siempre según el avatar del momento, según toque, el par capital-estado mueve sus fondos hacia el lado que más interesa, y ya se sabe que el interés (del capital, por supuesto) es que el capital se multiplique con el paso del tiempo (a un supuesto rédito del 100%) alimentado con el pan del futuro y el combustible de nuestra fe, pero son dinerales de ida y vuelta. Todo, pues, queda en casa, una casa que se quema, pasto de las llamas, y de la que es menester salir corriendo cuanto antes so riesgo de perecer abrasado.