BIBLIOTECA

lunes, 6 de abril de 2026

Desconfinamiento gallináceo

    El Gobierno de las Españas, que vela por la salud de las gallinas y demás aves de corral tanto como por el bienestar de sus súbditos, los ciudadanos democráticos consumidores, contribuyentes y votantes, levanta el confinamiento obligatorio que había impuesto a las aves corraleras en todo el país, procediendo a la desescalada, cosa que suena a chiste, aunque la restricción se mantiene vigente todavía en un millar y pico de municipios considerados de especial incidencia,  tras comprobar que el riesgo de gripe aviar había disminuido, según publica la Gaceta Oficial del Estado. El confinamiento se puso en marcha el pasado 13 de noviembre debido a que las aves migratorias podían contagiar el virus a las aves granjeras que gozaban de semilibertad. Aun así, el Ministerio pide no confiarse demasiado y recomienda prudencia, mucha prudencia, que siempre es poca, dicen, porque nunca se sabe lo que puede pasar, y sobre todo no bajar la guardia y mantener medidas de control y de higiene profiláctica en las granjas. 
 
    La enfermedad no se contagia a las personas a través de la carne aviar cocinada, huevos o productos derivados. Aun así,  “se recomienda minimizar el contacto innecesario con las aves que muestren síntomas clínicos o se hallen muertas en el campo”, recuerda el Ministerio. El virus, pues, no puede transmitirse a las personas, pero puede exterminar a todos los ejemplares de una explotación avícola -buena designación para una granja esta de 'explotación'- en cuestión de muy pocos días. Así que el Ministerio lo hace  por el propio bien de las gallinas, que de estar sueltas al aire libre y libre albedrío podrían contagiarse y morir en libertad en lugar de hacerlo en cautiverio al finalizar su acelerada explotación. 
 
    La noticia recuerda por sus términos (virus, confinamiento, lockdown en la lengua del Imperio, desconfinamiento, contagio, desescalada... ) a que hace seis años fuimos movilizados los contribuyentes y votantes de todo el universo mundo a la fuerza a emprender una guerra sin cuartel contra un pérfido virus de laboratorio similar al de la gripe, o menos peligroso aún, y se nos ordenó encerrarnos en nuestras casas bajo arresto domiciliario y dedicarnos a contar los muertos que nos ofrecía puntualmente la pequeña pantalla a fin de acojonarnos.
 
    La gente se peleaba y se empujaba por entrar en primer lugar a los vacunódromos y templos sanitarios instalados por doquier para recibir su dosis milagrosa antes que nadie. A muchos conductores se los veía solos, atribulados con doble mascarilla, en el interior de sus coches por miedo sin duda a contagiarse a sí mismos de su mismidad. Se agotaron en los supermercados las existencias de papel para la higiene anal... ¿Han vuelto estas personas, instaladas dentro de lo que se llamó la Nueva Normalidad, a una vida social y emocional y a una actividad neuronal más o menos normal y corriente? ¿O están copulando con trajes de protección química y todas las precauciones profilácticas, incluido el distanciamiento de sus prójimos y prójimas, esperando la enésima dosis de la salvífica vacuna?
 
    La gente practicaba "medidas de distanciamiento social" como deporte. Había que llevar mordaza por la calle, exhibir un salvoconducto sanitario para viajar o para entrar en los establecimientos comerciales y culturales... ¿Lo han olvidado ya los idiotas o no quieren recordar cómo salían a aplaudir a balcones y ventanas al personal sanitario a las ocho de la tarde en esta tierra de María Santísima, instados por la televisión gubernamental y por aquello de qué van a decir los vecinos, no fueran a pensarse que los que no se asomaban eran unos negacionistas a más de insolidarios?
 

    Y uno se pregunta: ¿Por qué fuimos tan pocos los que nos empeñamos en mantener las pocas libertades básicas que nos quedan de movimiento, reunión, expresión y autonomía corporal contra esta dictadura sanitaria, este terrible episodio de subyugación masiva que así nos imponían? ¿Por qué hubo tan poco sentido común y pensamiento crítico entre la gente, incluso entre los más estudiados e instruidos, empeñados en defender la ortodoxia pandémica de Dios que les vendían?
 
    A los que nos negábamos a someternos a esa nueva tiranía sanitaria nos marginaban y hacían de menos, insultándonos porque no llevábamos mascarilla, porque no estábamos inoculados, porque no respetábamos el toque de queda, porque estábamos vivos todavía y contradecíamos el discurso oficial 'avalado por la Ciencia'.
 
    La prensa convencional y orgánica, incluidas la radiotelevisión y la poderosa Red en la denominación, parece haber olvidado por completo su responsabilidad en el frenesí totalitario que rodeó al evento inducido del virus coronado. El confinamiento, una vez consumado, fue declarado inconstitucional por el alto tribunal correspondiente en las sufridas Españas, pero los que lo decretaron siguen al frente del gobierno como si no fueran responsables. La urgencia de la situación exigía, en aquella insólita coyuntura, tomar medidas, las que fueran...  Las medidas “preventivas” no salvaron ninguna vida, han ocasionado más daños que beneficios no solo económicos sino también de la salud pública, sin mencionar el impacto psicológico tanto en los más jóvenes como en los mayores, que han quedado indeleblemente marcados por meses de confinamiento y de propaganda generadora de ansiedad y de locura para el resto de sus vidas. 
 
Ilustración tomada de El Mundo Today
 
    ¿Recuerda alguien a artistas, deportistas o intelectuales de todo pelaje que se opusieran públicamente a los confinamientos y al “pase sanitario”, salvo muy contadísimas y dignísimas excepciones, cuando lo único que había que hacer, hoy como entonces y como siempre, por simple que parezca, era decir que no?
 
    Las aves de corral o gallináceas son nuestra más acrisolada y perfecta metáfora. Más que eso: las gallinas somos nosotros mismos, encerrados dentro de la explotación avícola que es el Estado Benefactor, ese y no otro es el peor de los virus, que hace lo que hace por nuestro bien: cuidarnos, protegernos de nosotros mismos y de nuestros semejantes, velar por nuestra seguridad, integridad y salud, que es lo más preciado que... no tenemos, porque de ello nos han desposeído.

2 comentarios:

  1. Para completar la metáfora cabe añadir que 《En declaraciones a elEconomista.es, la Federación Española de Empresas del Sector de la Producción de Huevos y Ovoproductos (Federovo) explica que "no veremos una gran caída de los precios (tras la subida de precios del 30% en enero, según datos del INE) como en EEUU, dado que la evolución de nuestros precios ha respondido a un impacto multifactorial". Según la asociación, estamos ante una disponibilidad ajustada, la enfermedad, la reconversión hacia sistemas alternativos y una demanda que sigue creciendo.》'Nuestros precios evolucionan' mientras el Estado y las Empresas se esclerotizan y atrofian en su plácida y perversa lógica.

    ResponderEliminar
  2. Tenemos cuatro gallinas que nos dan huevos a cambio de los restos de la comida, y estamos planeando hacernos con un par de cabritillas que nos proporcionen leche natural que, como los huevos, no tiene nada que ver con lo que te venden en el carreful.

    ResponderEliminar